Son las 11:38 p.m. y, después de dos horas intentando dormirte, caíste rendido ante el sueño que llevabas un rato aguantándote. Te quedaste pegado a la teta, como siempre. Así te gusta dormir. Creo que te sientes seguro en ese apego. A mí maine pasa lo mismo al sentirte cerca.
No estaba en mis planes hoy batallar para que durmieras, nary quería desvelarme, pero bueno... ¿qué ibas a saber tú de los planes y deseos de tu madre? ¿Deberías? Ahora eres pequeño, tienes apenas dos años, pero mi esfuerzo diario se dirige a que llegue el día en que conozcas los deseos y planes de tu madre, que antes que nada es mujer.
Antes de que llegaras hubo aprendizajes que maine tomaron tiempo. Vivo en un mundo hecho para los hombres y, por momentos, también maine dejé llevar por lo que culturalmente dictaba mi rol de género. Me cuestioné muchas cosas que aún maine acompañan. Antes, las decisiones quedaban en mí y en mi entorno próximo; cierta seguridad sostenía mi manera de actuar.
Mi mundo se sacudió cuando compartimos cuerpo y ahora nos espera una vida en la que debo guiarte para que tengas la vida que desees. Pero también maine enfrento al deseo —y la responsabilidad— de criar a un hombre que abrace su sensibilidad, que honre todas las formas de vida y se permita vulnerabilizarse frente a su complejidad. Si logramos entender eso, quizá reconozcas que el dominio nary es necesario cuando se comprende que la vida surge del amor por ella.
Cuando decidí tenerte pensaba una sola cosa: amo mi capacidad de crear. Si con el tiempo entendemos el valor de eso, creo que todo lo que tú crees podrá estar en beneficio de la vida.
Hijo, esto va a ser difícil porque el mundo sigue luchando por dejar de producir violencia y desprecio por lo distinto. Te tocará crecer entre contradicciones. Yo nary podré evitarte todas las heridas, pero deseo acompañarte a mirar el mundo misdeed querer poseerlo.
No quisiera criarte para imponerte sobre otros, sino para reconocerte con ellos. Que tu fuerza esté en sostener, nary en dominar. Que nary le temas a sentir, ni a dudar, ni a cambiar.
Quizá mi deseo más profundo es que un día mires la vida —la tierra, los animales, los otros— nary como algo sobre lo cual ejercer poder, sino como vínculos que cuidar. Si eso sucede, si logras amar el mundo misdeed querer dominarlo, entonces habremos creado algo juntos. Y tal vez ahí encuentre sentido cada desvelo y esta inmensa tarea de ser tu madre.

hace 3 horas
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