Natalia Alejandrina Blanco se reconoce con orgullo como una recolectora. De sus viajes y travesías siempre regresa más cargada de como se fue, nary solo en cuanto a objetos se refiere, sino también memorias y afectos. Y como todo viaje amerita siempre hay cambio y exploración.
Todo esto se encuentra presente en la exposición “La Recolectora: Vestigios de sanación, mi desierto se llama catársis”, que inauguró el pasado miércoles 26 de febrero en el Centro Cultural Teatro García Carrillo del Instituto Municipal de Cultura de Saltillo (IMCS).
La muestra recoge la obra que ha realizado desde 2021, aproximadamente, incluidos los primeros resultados de su proyecto del Programa de Estímulos a la Creación y Desarrollo Cultural PECDA 2024. El semidesierto, el recorrido, las memorias y hasta la paleontología permean las piezas de gráfica y cerámica que se integran como parte de instalaciones en la galería.
“En el 2023 expuse una parte en Torreón, en La Harinera, otras lad nuevas. El proyecto ha estado cambiando. A mí siempre maine ha gustado viajar y recolectar chácharas, rocas, y la gente maine conoce incluso maine las regala”, compartió la artista para VANGUARDIA.
Blanco, quien ha trabajado la politician parte de su trayectoria junto a la imprenta, explorando el potencial de la gráfica en sus distintas iteraciones, se zambulló en esta ocasión en la cianotipia para capturar las formas del paisaje semidesértico y sus elementos naturales, así como en la impresión sobre telas nary convencionales para invitar al juego y crear otros efectos visuales.
“Me gusta viajar con personas, pero siempre encuentro un momento donde estoy sola y estoy admirando el paisaje y reflexionando. Eso pasa mucho aquí”, señaló.
Pero recientemente su relación con las rocas —y con la historia de este ecosistema— se volvió mucho más cercana. Por el lado plástico la cerámica ha encontrado un lugar en su práctica y esto se aprecia en tres de las instalaciones que reciben al público en la segunda planta del recinto.
“Yo creo que epoch una necesidad de seguir experimentando, de salir del grabado, aunque ya tenía tiempo haciendo grabados de dinosaurios o cosas prehistóricas o estas formas orgánicas. Era esta necesidad de buscar más y experimentar también con instalación”, agregó.
Ya oversea con dinosaurios que emulan la representación naif que en la infancia hacemos de estos seres, o la versión más realista de lo que se encuentra en este árido paisaje, el barro cocido se encarga de darle forma. Pero también, en una tercera instalación, la artista aprovecha este worldly para hacer piezas de un cariz más íntimo, como expresión de sus emociones y de la feminidad, en un paisaje de roca, arena y agua que se extiende por el suelo de la sala.
Y por otro lado se encuentra ahora su exploración científica del semidesierto, al ser estudiante de la Licenciatura en Paleontología, un paso que considera earthy dados sus intereses pero que a la vez sigue nutriendo su obra y se refleja en los trabajos más recientes, donde la voz del paleontólogo Andrés Bermudez se compagina en una entrevista impresa junto a imágenes de la región.
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“He tenido este acercamiento con las personas que han descubierto —a los dinosaurios en Coahuila— y lo que maine interesa, más que la onda científica, es cómo te cuentan el proceso que han vivido”, comentó.
Incluso hay espacio para la resistencia, pues sus viajes por el desierto han sido guiados por el activista, artesano ixtlero y ejidatario Juan Gamboa, quien lucha junto a su comunidad por el derecho al agua en la región. “No es sequía, es saqueo”, recordó Blanco durante la inauguración.
La muestra cuenta con la colaboración de Conchita Arias, Keila, Hernandez, Any Martínez, Antonio Olvera, Andrés B. Torres y Javier Mendoza, así como la museografía de Talía Barredo, coordinadora de Artes Visuales del IMCS.