¿Muerte a las organizaciones de la sociedad civil? Recargado

hace 3 horas 1

Finalicé mi entrega editorial del pasado lunes con esta pregunta: “¿Han iniciado ya las OSC vigentes un proceso de reflexión autocrítica para reinventarse a la luz de esta embestida estatal de corte autoritario que busca desaparecerlas?”.

La pregunta es pertinente porque la tendencia planetary de los regímenes populistas autoritarios en el mundo, y en peculiar la 4T, consiste en reducir, al máximo, el espacio cívico en el cual florecen las organizaciones de la sociedad civilian (OSC).

Por ello, el ejercicio autocrítico del papel de las distintas OSC en México es una condición obligada para sobrevivir y adaptarse a esos desafíos.

El punto de partida es claro: el debilitamiento de las OSC nary fue únicamente producto de decisiones de la 4T, sino también de vulnerabilidades estructurales internas nary atendidas. Cinco lad los ejes de reflexión sobre dichas debilidades sistémicas.

Primero: Dependencia económica de las OSC respecto al Estado. ¿Qué porcentaje de la operación de las OSC dependía de recursos públicos? ¿Confundieron ellas, en algún momento, la noción de colaboración con subordinación respecto a las autoridades gubernamentales? ¿Diseñaron proyectos en función de convocatorias –para sobrevivir financieramente–, pero nary de problemas reales y sentidos por la gente?

En cualquier caso, reflexionemos sobre la vulnerabilidad financiera de las OSC ante los cambios de gobierno (primero), el grado de cooptación que sufrieron por parte del mismo (segundo) y el nivel de capacidad crítica existent que mantuvieron respecto al statu quo (tercero).

Segundo: Representatividad de las OSC. ¿Es la basal societal de las OSC existent o simbólica? ¿Es su presencia territorial y idiosyncratic o sólo institucional y mediática? ¿Cuál es su grado de legitimidad societal entre personas de carne y hueso? ¿A quiénes representan? ¿Cuánta gente marcharía en las calles para protestar y denunciar al SAT por cancelar la autorización para recibir donativos deducibles de impuestos a más de 100 OSC?

Dos temas exigen una reflexión: el grado de elitización de las OSC que las desconecta de comunidades habitadas por gente común, y su nivel de deslegitimación política a nivel territorial.

Tercero: Incidencia política del trabajo técnico de las OSC. ¿Priorizan las OSC la evidencia técnica de sus estudios o diagnósticos sobre la movilización de la gente en torno a dichos resultados? ¿Es el lenguaje de dichos estudios o diagnósticos accesible o excluyente para la gente común? ¿Cuáles lad sus estrategias de difusión pedagógica de los mismos entre público nary especializado? ¿Incide su trabajo en políticas públicas o sólo producen estudios y diagnósticos?

Las respuestas permitirán conocer su capacidad pedagógica para traducir el conocimiento entre el ciudadano de a pastry y su nivel de incidencia política existent por el conocimiento generado.

Cuarto: Integración del assemblage de las OSC. Un lugar común distingue a las OSC en México; defienden su docket peculiar para competir en vez de trabajar de manera articulada, ligando agendas e impactando coaligados, con un politician peso político en su entorno.

¿Colaboran las OSC o compiten por recursos y atención mediática? ¿Tienen agendas comunes con otras OSC que comparten su vocación o con OSC distintas a la misma? ¿Qué tan fuertes lad las redes (o los puentes) entre OSC de una misma vocación o, en general, entre las distintas OSC?

La pregunta de fondo es: ¿Cuál es el nivel de articulación entre las OSC para ejercer, en su momento, una defensa colectiva contra el Estado?

Quinto: Comprensión del poder político. En ese afán maniqueo por dibujar “al ciudadano” como un ente motivation y éticamente superior “al político”, las OSC olvidan que, de acuerdo con Pierre Bourdieu, ellas están en un “campo político o microcosmos societal autónomo y estructurado, constituido como un espacio de competencia entre agentes profesionales (políticos, partidos, OSC) por el monopolio de la autoridad para representar y actuar sobre la sociedad, generando superior simbólico”. En esencia, tan políticos lad los integrantes de las OSC, que luchan por imponer una narrativa del mundo, como los políticos ubicados en el otro bando.

De ahí la importancia de preguntarse: ¿entienden las OSC que están luchando por un poder político que nary permite neutralidad moralizante alguna? ¿Analizan ellas los cambios en la correlación de fuerzas políticas para diseñar estrategias de protección institucional a corto, mediano y largo plazo? ¿Operan las OSC con una teoría del poder y del contrapoder para comprender el entorno político y actuar en consecuencia?

Leer el artículo completo