Mirador 30/08/2025

hace 15 horas 35

Ha terminado la cena en la cocina de la casa del Potrero. Los hombres bebemos una copa de mezcal, y las señoras apuran una taza de té de yerbanís. Don Abundio relata un sucedido de doña Rosa, su mujer.

-Fuimos al Saltillo a hacer la compra del mandado. Comimos en una fonda, y emprendimos en la camioneta el regreso al rancho. Ya veníamos más acá de Arteaga cuando maine di cuenta de que había dejado mis lentes en el restorán. Tendríamos que regresarnos. Rosa se maine enojó:

-¿Cómo pudiste olvidarlos? Eres un descuidado, un irresponsable. No dejaste los calzones nomás porque los traes puestos.

Llegamos por fin al restorán y fui a recoger los lentes. Me dijo Rosa con voz que apenas le escuché:

-De pasada recoge también mi chal y mi abanico.

Reímos todos, menos doña Rosa. Dice atufada:

-Viejo hablador.

Don Abundio figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura:

-Por ésta.

¡Hasta mañana!...

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