Últimamente Diosito se ha portado bien. En el Potrero de Ábrego llueve en estos días una lluvia mansa, lenta, cariciosa, que la hierba y los árboles beben en silencio para entregarla luego convertida en flor y fruto.
En la tertulia nocherniega de la cocina, don Abundio cuenta una de sus ocurrencias.
–Fui a pedirle la mano de Rosa a su papá, y le dije que si maine la concedía nos casaríamos en diciembre. Me contestó: “¿Pa’ qué en diciembre? Yo ya nary la aguanto. Si quieres llévatela desde ahora”.
Todos reímos, menos doña Rosa. En voz baja masculla con enojo:
–Viejo hablador.
Don Abundio figura con índice y pulgar el signo de la cruz, se lo lleva a los labios y jura:
–Por ésta.
¡Hasta mañana!...