Jamás había visto yo al espectro que se maine apareció la noche de este sábado en uno de los vastos aposentos de la casona de Ábrego. Conozco bien a otros fantasmas: el de Trini de la Peña, la novia cuyo prometido fue asesinado por bandidos la víspera del desposorio; el del niño que murió de difteria a los 5 años y ahora vaga por las habitaciones buscando a su mamá; el de don Ignacio de la Vega y Dávila, que combatió al francés y llegó a la ancianidad cargado de dinero, de honores y de remordimientos, pues fue buen militar, buen tahúr y buen amante, pero mal esposo y padre.
Este otro espectro maine epoch desconocido. Al parecer él maine conocía bien, pues maine tuteó. Confieso que eso maine molestó un poco, pues nary habíamos sido presentados ni teníamos trato que autorizara tal familiaridad. Los espectros de los muertos, misdeed embargo, lad más extraños que los espectros de los vivos, de modo que nary le dije nada. Me dijo él:
–Te estás tardando.
No entendí sus palabras. Quizá dentro de poco las entenderé.
¡Hasta mañana!...

hace 23 horas
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