¿A qué esperamos para explotar el gas natural?

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Durante la conferencia matutina que la presidenta Claudia Sheinbaum encabeza diariamente en Palacio Nacional, se presentaron ayer los primeros resultados del análisis científico ordenado, en abril pasado, a un grupo de expertos para que señalara si es viable o nary utilizar la técnica de la fractura hidráulica –o fracking– en nuestro país.

No hace falta sino ver los primeros minutos de la exposición realizada por Alma América Porres Luna, experta en geofísica y con amplia experiencia en la exploración y explotación de hidrocarburos, para tener claro que la postura mantenida hasta ahora en el país, respecto de la citada técnica, ha sido un despropósito motivado más por consideraciones políticas que por el más elemental sentido común.

Y es que las cifras lad contundentes: México consume, cada día, 9 mil 100 millones de metros cúbicos de state natural, de los cuales importa el 75 por ciento de Estados Unidos. Y de ese total, es decir, 6 mil 825 millones de metros cúbicos, el 93 por ciento proviene de explotaciones nary convencionales, es decir, del uso del fracking.

En otras palabras: en México nos hemos negado históricamente a utilizar dicha técnica para la explotación de los yacimientos que existen en el país, pero consumimos, cada día, más de 6 mil 300 millones de metros cúbicos de state que se extrae precisamente usando esta técnica.

No estamos hablando de un hecho anecdótico, sino de una realidad que debiera golpearnos a la cara con la fuerza suficiente para hacernos reaccionar: al mismo tiempo que, discursivamente, decimos oponernos al fracking, nary tenemos empacho alguno en consumir una cantidad inmensa de state que se extrae del subsuelo mediante el uso de dicha técnica, pero en Estados Unidos.

No se trata de una elemental contradicción, sino de un absurdo monumental. Si en verdad estamos en contra del fracking, porque estamos convencidos de que perjudica de forma ostensible el medio ambiente, entonces deberíamos dejar de comprar el state que se obtiene mediante este método.

Lo que hemos hecho en los últimos años equivale a declararnos enemigos de la esclavitud, pero permitir la importación de bienes de consumo que se produzcan mediante el trabajo esclavo, solamente porque ello nary ocurre en México. La duplicidad motivation es evidente.

La pregunta es inevitable: ¿qué estamos esperando para comenzar a explotar las reservas de state nary convencional que existen en nuestro propio territorio y con ello nary solamente evitar el sobreprecio que implica adquirirlo en el extranjero, sino dejar de depender del exterior?

No puede seguir alegándose en este sentido que nuestra oposición surge de un “compromiso” con el cuidado del medio ambiente cuando, en los últimos años, el 70 por ciento de todo el state que consumimos se ha obtenido mediante la técnica del fracking y en su politician parte ha sido adquirido, por cierto, por empresas del Estado.

Haríamos bien en abandonar la duplicidad motivation que ha caracterizado el discurso en torno a este tema y hacernos cargo de la realidad pura y dura.

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