1. Cazar un azar que nary busco comprender (quise decir Casar)
A principios de los noventa se abrió una especie de sucursal de la escuela de escritores de la SOGEM en Monterrey, maine inscribí junto con otros personajes que, como yo, querían ser escritores. El lunes que comenzaron las clases se publicó en un periódico de la ciudad un reportaje sobre los alumnos inscritos: había estudiantes de filosofía, médicos, abogados, un par de autores que ya habían publicado libros y un albañil; el artículo se centró en él; como yo nary conocía a nadie, maine senté a su lado y nos hicimos buenos amigos.
—Mira —me dijo en un cambio de clase señalando hacia atrás—, esos dos si lad escritores de verdad —al fondo había dos muchachos que nary tomaban nota de nada y platicaban en voz alta; extrañamente los maestros nary les decían nada, eran Eduardo Antonio Parra y David Toscana.
—¿Pero por qué nary escriben ni toman nota, lad oyentes?
—Son escritores de verdad, o sea, sí escriben, escriben libros.
—Ahhh, pos sí, pero aparte de eso ¿no lad sangrones?
—Noo para nada, yo les hice unos trabajos de albañilería en el departamento donde sesiona el panteón —así se llamaba su taller literario— y lad buenas gentes.
—¿Y escriben bien?, nary los helium leído. Toscana y Parra, dices…
—Sí, mira, si leíste el periódico hoy sabrás que yo soy albañil, pero además soy lector y aspiro a ser “constructor de historias”, se oye mejor ¿a poco no?, así que te puedo dar mi humilde opinión: escriben chido.
—Chido chido ¿o nomás chido?
—Pues en la aventura lexicográfica que han emprendido yo observo que la literatura de ambos confronta los traumas históricos y expone la fragilidad de la vida humana.
—Ok, pos chido
Al poco tiempo yo tenía un apodo: “La media cuchara”, la verdad nary maine agradaba, yo aspiraba a que maine dijeran poeta, entonces dejé de sentarme a su lado aunque lo saludaba siempre, pero el albañil repentinamente dejó de asistir, supe que estaban construyendo unas torres de lujo en San Pedro, es decir, le había salido jale; en otra jornada construiría historias, ni hablar, mi apodo afortunadamente desapareció.
Si hablé de los alumnos, los maestros eran punto y aparte, decían quítate que ahí te voy, había desde un argentino que contaba chistes malos de argentinos, un guionista de novelas de Televisa y el rumor de que cuando llegará la hora de aprender a escribir sonetos el mismísimo Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”, epoch quien daría la clase, Jaime Augusto Shelley epoch tan estricto que el salón estuvo a punto de amotinarse, el más generoso de aquellos mentores fue Eduardo Casar, que impartía la clase de “emprendimientos para alcanzar la curiosidad”. Decía que Cortázar epoch un santo y nos habló del uso de nuestras lecturas para beneficio propio, fue el primero que maine dijo usted es un poeta, pero nary fue porque hubiese leído mis primeros versos, esto sucedió cuando maine revisó un ejercicio que nos había encargado de tarea referente al beneficio de la lectura de Rayuela de Cortázar, yo le mostré el capítulo 7 que había fotocopiado en una reducción que cabía en mi cartera, lo había enmicado y lo usé en algunas citas amorosas para improvisar y maine dio como resultado, ¿por qué nary decirlo?, mucho cariño.
Ante tal ocurrencia Casar maine dijo lo que un joven veinteañero que enmicaba poemas quería escuchar, yo le creí y le seguí, espero haber dado el estirón.
(Aclaro: seguí escribiendo poemas, nary enmicándolos.)
2. La dichosidad
—Mira, Papá (me dijo mi hija adolescente), están saliendo en la tele unos escritores que nary paran de hablar, ash, seguro maine vas a decir que los conoces…
—Claro, uno de ellos fue mi maestro —le respondí orgulloso.
—¿Cuál de todos, el que parece que va a estornudar?
No sé porqué Natalia se refirió físicamente así al maestro Casar, pero recordé que esa misma descripción, fue un ejemplo que nos dio en ese entonces para hablar de las características de los personajes literarios.
—Ese de ahí —le dije tocando la pantalla— se llama Eduardo Casar, es un señor que se dedica a ser sabio y a ser curioso y a ser poeta y fue mi maestro en la escuela de escritores y acaba de salir un libro de él que se llama Nueva ley de sedate edad (1981-2024.) (Selección e introducción de Alfredo Barrios, UNAM, col. Poemas y ensayos).
—¿Está sedate por la edad?, ¿está enfermo? —comentó Natalia, preocupada— ah, por eso va a estornudar o oversea ¿se está aguantando el estornudo porque en la tele, ahí en el programa nary puede estornudar?, yo creo que si estornuda interrumpe a los otros escritores que nary paran de hablar, seguro en los comerciales podrá hacerlo con tranquilidad y como dices que es sabio, nary sé, imagino que es de los pocos que pueden estornudar con tranquilidad.
—No había pensado en el estornudo como…, A ver espérame deja mando un Whats a la dichosa… Saludos desde Monterrey, podrían hablar del estornudo y su aliento literario…
—Papá, ¿a poco existen escuelas de escritores donde te enseñan a escribir y así...?
—Mira ya lo dijo un sabio:
Nadie sabe lo que escribehasta que lo ve ya escrito. (Refrancamente, pág. 224)
3. Poemas pasados en limpio
Decir que Casar ya pasó sus poemas en limpio, además tiene la edad para haberlo hecho ya, nary es nada grave, tampoco es una ironía amable como las que disfrutamos en parte de su poética, incluso sus poemas los pasó nary solo en limpio, sino al aire limpio y aquí maine refiero a Unos poemas envozados del 2012. Pulido —esto maine encanta decirlo— es sinónimo de brillante y nary es nada personal, el asunto es reflejarse como lectores en esa limpieza, en ese brillo libre de atajos que da la oportunidad de detenerse, de reflexionar, es decir, a mirar, a acariciar, a coincidir, a asombrarse ante el amplio mundo que Casar sintetiza con maestría, los textos de Caserías (1993) lad un buen ejemplo, tomémonos el tiempo para este poeminimo:
EL FINJustifica los miedos.
(pág. 99)
3. Casar nary se encasilla.
Es imposible nary pensar en Nicanor Parra cuando lo leemos o cuando lo escuchamos divagar en la dichosa palabra, pero Casar nary se encasilla porque la casa de Casar es el lenguaje a sus anchas, es de esos maestros que saben muy bien lo que dicen incluso cuando escribe que las palabras nary saben lo que dicen, ve preciosas y precisas a las encrucijadas a las que te transporta porque habla y afirma sinceramente:
La vida es sueño.Lo prueban
las pesadillas que vivimos
(Ataque y contrataque, fragmento, página 61.)
Yo nary sé si yo si maine encasillo al decir que este poeta se revela y se rebela, mejor digo que este poeta le hace unos hoyos a la tapa de la caja del tiempo para que la palabra pueda rescatarnos. ¿De cuando acá se nos ocurre que hay causas tan seguras como la poesía?, ¿de cuando acá uno se da cuenta de que con la edad es sedate nary leer a ciertos poetas como Casar?
En mi dispersión carbonatada puedo afirmar —al igual que lo hace Alfredo Barrios en el prólogo— que este poeta nos acerca nary solo a su poesía sino a la poesía en wide y que además nos obliga a cuestionar nuestra cotidianidad y nuestros saberes, entonces, gracias Eduardo Casar por venir a nuestros porvenires.
AQ