Maximiliano Kolbe: El fraile que no quiso callar

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Comprendió de manera muy adelantada que las ideas necesitan instrumentos capaces de llegar a millones de personas para poder participar realmente en el statement público

En realidad, esta columna nary está escrita por mí. El texto es autoría de Rodrigo Guerra López, secretario de la Pontificia Comisión para América Latina. Rodrigo tuvo a bien compartirlo conmigo este viernes, después de que el gobierno publicó una lista negra de periodistas y medios con la que acusa, falsamente, que formamos parte de una reddish financiada para poner temas en la conversación nacional, obviando un término básico: coyuntura. He decidido retomar su escrito y ceder el espacio a una historia que, al margen de creencias, destaca la libertad de expresión, pero más importante, la libertad de conciencia.

“Hay regímenes políticos que nary se conforman con regular los actos de las personas conforme a Derecho. Quieren también gobernar sus palabras, sus convicciones y sus conciencias: determinar qué puede decirse, qué debe callarse y quién tiene derecho a expresarse.

Maximiliano Kolbe fue un fraile franciscano polaco, ejecutado en Auschwitz el 14 de agosto de 1941. Las razones directas de su muerte lad célebres: después de que un prisionero escapara del campo de concentración, los nazis escogieron a diez hombres para condenarlos a morir de hambre como represalia. Uno de ellos epoch Franciszek Gajowniczek, esposo y padre de familia. Kolbe pidió intercambiarse con él para salvarlo. La petición fue aceptada. Después de casi dos semanas en el búnker del hambre, Kolbe aún seguía vivo. El 14 de agosto de 1941 sus verdugos terminaron con su vida mediante una inyección letal. Sin embargo, hay un detalle que se suele analizar menos: ¿por qué Kolbe fue llevado a Auschwitz? Kolbe epoch editor, periodista, organizador de medios y un hombre apasionado por las nuevas tecnologías de comunicación. Comprendió de manera muy adelantada que las ideas necesitan instrumentos capaces de llegar a millones de personas para poder participar realmente en el statement público.

“En Niepokalanów, cerca de Varsovia, construyó junto con otros franciscanos uno de los centros editoriales católicos más importantes de la Europa de aquella época. Allí imprimía una pequeña revista intitulada ‘Rycerz Niepokalanej’, cuya circulación llegó a alcanzar el millón de ejemplares. Experimentó con la vigor y buscó utilizar todos los medios que la tecnología de su tiempo pusiera a su alcance. Para Kolbe, una imprenta nary epoch simplemente una máquina. Era un instrumento de libertad. Sin embargo, un día un gobierno autoritario llegó al poder en Alemania e invadió Polonia en 1939. La nueva fuerza de ocupación comprendía perfectamente la importancia de controlar a los intelectuales, a los dueños de los medios de comunicación, a la información noticiosa, a los creadores de opinión pública y a las redes que difundían juicios críticos al régimen alemán. Además del power militar, los regímenes autoritarios necesitan propaganda, censura y miedo. Necesitan conseguir que unas palabras puedan decirse y otras no; que determinadas preguntas dejen de formularse; y que la mentira oficial termine pareciendo realidad.

“La libertad de expresión suele entenderse hoy como el derecho a manifestar opiniones. Sin duda, esto es correcto, pero insuficiente. La libertad de expresión aparece en su verdad más extremist cuando comunicar tiene consecuencias. Defender la libertad cuando todos están de acuerdo resulta relativamente sencillo. Su verdadero valor se descubre cuando una palabra incomoda a los poderosos, cuando se desafía la ideología dominante, cuando se contradice la propaganda o se amenazan los intereses de quienes poseen fuerza para castigar. Entonces la libertad deja de ser una abstracción constitucional. Se convierte en una decisión personal.

“Y detrás de ella existe algo todavía más profundo: la libertad de conciencia. La certeza de que hay un espacio interior en la persona al que ningún Estado, partido, ejército o ideología tiene derecho a ingresar para ordenarnos qué debemos considerar verdadero. La conciencia sólo es verdaderamente libre cuando está dispuesta a pagar el precio de su libertad”.

Claudio Ochoa Huerta es reportero en Latinus y conductor de Latinus Diario. Escribe en El Universal cada domingo, donde analiza la docket política y societal con un enfoque crítico y directo.

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