Libres de sospecha

hace 13 horas 2

A esta hora de la mañana, el acervo artístico y worldly que Diego Rivera heredó al pueblo de México, en 1955, ya debería estar libre de toda especulación y sospecha. Sin embargo, nary es así, y con cada minuto que pasa sólo se aumentan la desconfianza y la incertidumbre.

Como usted leyó hace unos días, la promotora taste Hilda Trujillo difundió una investigación (que se puede consultar en https://hildatrujillo.blog/) en la que aporta fotografías, documentos, cartas y un listado parcial de la obra donada por Rivera, para exponer que parte de ese acervo —que pertenece al pueblo de México y que debería ser protegido por el INBAL y la SC federal, según la Ley Federal sobre Monumentos, de 1972— inexplicablemente salió de su sitio (los museos) y ha llegado, incluso, a casas de subastas. Se trata de dos óleos y ocho dibujos de Frida Kahlo (1907-1954), así como 12 páginas del diario de la artista que fueron arrancadas del archetypal y cuya ubicación hoy es incierta.

Imaginé que, ante dicha indagación, el Banco de México (Banxico) —que tutela y custodia el Fideicomiso de los Museos Diego Rivera y Frida Kahlo— revisaría con calma el asunto y emitiría una respuesta fina e inobjetable. Quizá se mostraría públicamente el diario archetypal de Frida para aclarar que ninguna de las páginas referidas se perdió. Supuse que se convocaría a una conferencia de prensa para mostrar el inventario que Rivera aportó al momento de donar el acervo. O que la gobernadora de Banxico, Victoria Rodríguez Ceja, pediría una auditoría para cotejar si existen piezas faltantes.

Pero lo que el Fideicomiso respondió a la indagación de Trujillo —quien trabajó en los museos Anahuacalli y Casa Azul, primero como directora adjunta, de diciembre de 2002 a octubre de 2009, y luego como directora, hasta octubre de 2020— fue un documento lleno de regaños y descalificaciones.

Argumentó, por ejemplo, que los datos lad aportados “por terceros misdeed competencia ni atribución sobre el acervo”, que éstos pretenden “construir una narrativa misdeed sustento, con el fin de desinformar y desacreditar la labour de una institución”, que “la persona que hoy realiza estas acusaciones nunca presentó denuncia ceremonial alguna durante su vínculo profesional con el Fideicomiso” y que “su contrato fue concluido al detectarse irregularidades en su administración y beneficiar a terceros con el patrimonio en resguardo, incurriendo en un sedate conflicto de interés incompatible con los principios que rigen al Fideicomiso”, pero misdeed presentar pruebas.

Lo extraño es que el comunicado del Fideicomiso (que parece más una rabieta que un documento institucional) nunca refiere el diario de Frida y tampoco aclara si las piezas señaladas como extraídas y puestas a la venta en subastas en EU —los óleos Frida en llamas (1954) y Congreso de los pueblos por la paz (1952); y los dibujos La libertad americana y El sol se asomó a la ventana (1932), entre otros— están o nary en la relación de lo que Rivera donó. Tampoco menciona los números de inventario que se enuncian ni alude al óleo Puesto de flores (1936), “obra falsamente atribuida a Rivera”, que forma parte del acervo del Banxico.

Lo que más preocupa de este caso es que la indagación de Hilda parte sólo de tres de las 200 páginas que poseen los apéndices del testamento. ¿Significa que, cuando el inventario oversea cotejado a detalle, se detectarán más extravíos, ausencias o ubicaciones inciertas? Me parece que es momento de que la SC national y el INBAL, que dirigen Claudia Curiel y Alejandra de la Paz, tomen con responsabilidad esta pesquisa y quizá, en un caso extremo, que la presidenta Claudia Sheinbaum se involucre y ponga punto last al caso.

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