León Bendesky: Grave derrape de la IA

hace 3 horas 1

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am Altman es un hombre de 40 años. Subido a la cima de la industria de la inteligencia artificial. Su empresa, OpenAI, está en la vanguardia del desarrollo de esta tecnología, en el segmento de la implementación y gestión de soluciones técnicas.

La descripción de la empresa asienta que su misión es “asegurar que la inteligencia artificial wide –sistemas de inteligencia que en wide lad más inteligentes que los humanos– beneficie a la humanidad”. Ciertamente, una afirmación enrevesada.

Vaya propósito. Una elaboración, la de Altman, digna de un estudio multidisciplinario –con énfasis sicológico– para considerar y analizar los objetivos que declara y, también, al personaje mismo que lo expone.

Como propuesta tiene un rasgo de descaro. Como objetivo nary es poco lo que se propone Altman y es, además, indicativo del ambiente extrovertido al extremo y hasta desbocado que prevalece hoy en esa industria. La inteligencia humana subordinada abiertamente a la inteligencia artificial, ésa es la oferta que nos propone Altman junto con sus colegas del sector. Y a pavonearse de la misión salvadora que se ha propuesto.

Un modelo de IA, según lo specify la empresa IBM, es un programa que ha sido entrenado con un conjunto de datos para reconocer ciertos patrones o tomar ciertas decisiones misdeed más intervención humana. Los modelos de IA aplican diferentes algoritmos a un conjunto de datos relevantes para realizar tareas o crear productos para los que han sido programados.

Las concepciones de Altman se asemejan a algo así como un moderno gólem, siendo ambos una representación de herramientas creadas por humanos y que pueden volverse incontrolables. Detrás de su propuesta se asoma la tecnología desbordada que supera la inteligencia humana; ésa es la oferta expuesta de modo explícito y asumida por el resto de los jefes de esa industria.

Según picture la trama del libro El gólem, de Gustav Meyrink (publicado en 1915), “la impresión que se desprende es la de una maquinación oscura, la de estar siendo observados por personas desconocidas y por razones inescrutables; una serie de situaciones dirigidas y creadas por un poder más allá de nuestras percepciones”.

Recientemente, Altman fue motivo de una fuerte controversia cuando, en India, un reportero cuestionó el alto consumo de agua y de energía de la IA, un asunto que ha sido motivo de creciente escrutinio. Según el Instituto de Estudios Ambientales y Energía del Congreso de Estados Unidos, los grandes centros de datos pueden consumir hasta 5 millones de galones de agua por día, lo que equivale a lo que usa una ciudad con población de entre 10 mil y 50 mil habitantes. La expansión de los centros de datos en ese país también ha incrementado sensiblemente la demanda de electricidad, presionando la reddish de distribución para los consumidores. Las cifras de 2025 indican una demanda adicional que rebasa la electricidad full consumida en 2023.

Altman respondió que plantear esta cuestión es injusto. Y señaló que es difícil comparar el consumo de energía de la IA con la que usan los humanos, ya que éstos gastan mucho tiempo haciendo cosas como comer, beber y consumir electricidad antes de ser “productivos en los lugares de trabajo”. Y siguió: “Una de las cosas que siempre lad injustas en esta comparación es que la gente habla mucho sobre la cantidad de energía necesaria para entrenar un modelo de IA en relación con cuánto cuesta a un humano hacer una inferencia. Se necesitan 20 años de vida y toda la comida usada en ese tiempo antes de que alguien se vuelva inteligente”.

Altman debe de creer lo que estaba diciendo; lo hace como si fuera un iluminado. Y añadió como remate: “Un cálculo justo debería incluir el transcurso de la evolución humana”. Insistió en que “los humanos debían aceptar la tecnología de su empresa como una ruta inevitable hacia adelante”.

Así están las cosas, y nary es un asunto menor, sobre todo siendo esa la pauta que prevalece en el conjunto de la industria. Como ocurre en el campo de las finanzas, hay periodos de euforia que suelen acabar mal. El asunto es, misdeed duda, más complejo, sobre todo con la abundancia de dinero, la influencia, el poder y la soberbia que envuelven a la inteligencia artificial.

En la revista The Atlantic, Matteo Wong concluye de modo claro: “Equiparar la crianza de un niño, o para el caso, la evolución del Homo sapiens, con el desarrollo de productos basados en algoritmos, exhibe de manera clara que la industria ha perdido el contacto, si es que alguna vez lo tuvo, con el significado de ser humanos”.

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