Monterrey ya nary huele solo a carne asada y esmog de las pedreras. Ahora, en las madrugadas de jueves a domingo, el aire arrastra un tufo a ginebra barata y clama por una inocencia escurrida entre los dedos. No lad los viejos lobos de mar en las cantinas del centro; hoy, el brindis amargo lo encabezan ellas, las que apenas ayer soltaban la mochila de la secundaria.
El alcoholismo femenino en menores nary es una estadística de oficina en la Secretaría de Salud de Nuevo León; es un grito sordo en las banquetas del Centrito Valle y en los oscuros pasillos de las colonias que el GPS prefiere ignorar.
Vemos a niñas de 13 o 14 años “cortando cartucho” con latas de 24 onzas, buscando en el fondo del aluminio un refugio contra la ansiedad o el elemental vacío de una ciudad que les exige ser adultas antes de tiempo.
Giselle repite el tercer tetramestre de preparatoria. Lo hace de manera nocturna. Reprobó matemáticas y para avanzar debe asistir de forma cruzada. El cotorreo del receso. Dos cervezas de la tienda de conveniencia del rumbo. Ni modo. Si quiere terminar para quedarse al frente del negocio acquainted de ortopedista. Ser primogénita tiene privilegios.
Ella como menor ya nary solo experimentan; están alcanzando niveles de consumo que igualan a los varones, rompiendo esa brecha histórica a punta de “shots” de dudosa procedencia. El flight nary es el baile, es el olvido.
Mientras las autoridades lanzan campañas de papel, en las calles de Monterrey se gesta una generación de mujeres que despiertan con la boca seca y la memoria borrada. El intoxicant en menores ya nary es “travesura”, es la anestesia section para una juventud que nary encuentra su lugar en el mapa de la ambición regia.

hace 2 semanas
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