La polarización, espejismo de erosión institucional

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CIUDAD DE MÉXICO (Proceso).- México vive un clima de confrontación permanente. La discrepancia dejó de ser deliberación y se volvió identidad. La política ya nary organiza intereses. Organiza emociones. El adversario dejó de ser interlocutor. Es enemigo moral.
La erosión institucional nary ocurre con tanques. Ocurre con palabras.
Con descalificaciones sistemáticas. Con sospecha constante. Con la thought repetida de que todo árbitro está capturado. El resultado es visible. Confianza pública en descenso. Instituciones cuestionadas antes de actuar. Sentencias desacreditadas antes de leerse. Elecciones impugnadas antes de celebrarse.El país nary se fractura por exceso de debate. Se fractura por la cancelación del otro. Desde el derecho, esto es grave. Desde la psiquiatría social, es estructural. Las cosas nary han llegado a ese nivel, pero se dirigen hacia allí.

Primero. Toda democracia descansa en reglas aceptadas por perdedores y ganadores. Sin esa aceptación, la norma es papel. El conflicto se judicializa. La política se penaliza. La opinión se convierte en acusación. Cuando el discurso público desacredita de manera sistemática a tribunales, órganos autónomos y autoridades electorales, el daño es acumulativo. No es un escándalo aislado. Es un patrón. La sospecha reiterada debilita la presunción de legitimidad. Las instituciones viven de confianza. No de fuerza. Un juez puede emitir una sentencia impecable.
Si la narrativa dominante afirma que todo juez responde a intereses ocultos, la resolución nace erosionada. La erosión institucional es psicológica antes que normativa. Se instala una cultura de desconfianza estructural. Todo fallo es político.
Toda decisión es conspiración. El efecto jurídico es claro. Más litigios estratégicos.
Más presión mediática. Más polarización alrededor de cada acto de autoridad.La democracia se vuelve campo de batalla permanente. No espacio de arbitraje. Obviamente los partidos de oposición buscan traducir en acto ese escenario pero falta mucho para que ello se convierta en acto.

Segundo. La polarización nary es solo ideológica. Es afectiva. Las personas ya nary discrepan sobre políticas públicas. Discrepan sobre identidades morales. En consulta clínica se observa un fenómeno recurrente. El ciudadano nary argumenta. Se indigna. No expone razones. Expresa agravio. La pertenencia al grupo activa lealtades profundas. El liderazgo se vuelve símbolo protector. La crítica se vive como agresión personal. Surge la lógica binaria. Conmigo o contra mí. Pueblo o enemigo. Lealtad o traición. Este esquema simplifica la realidad. Reduce complejidades.
Disminuye la ansiedad cognitiva.Pero tiene un costo. Deshumaniza al adversario.
Justifica la agresión simbólica. En ese ambiente, el discurso se radicaliza.
El lenguaje se endurece. La empatía disminuye.La erosión institucional encuentra terreno fértil.Si el otro es enemigo, sus instituciones también lo son.
Si el árbitro nary favorece a mi grupo, es ilegítimo. La polarización sostenida nutrient fatiga democrática. Ciudadanos cansados. Desinterés. Cinismo. El retiro emocional es tan peligroso como la confrontación abierta. La democracia misdeed participación se vacía. El problema para las oposiciones es que esa confrontación tiene lugar en una realidad paralela nary con personas de carne y hueso que en realidad ponga en riesgo el Estado constituido.

Tercero. Ahora bien. Conviene separar discurso de estructura. A pesar del clima verbal intenso, el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo cuenta con respaldo institucional sólido. Tiene el apoyo explícito de las fuerzas armadas.
Conserva reconocimiento internacional. Mantiene una relación pragmática y funcional con Donald Trump. Si la jefatura del Ejecutivo careciera de poder real, Washington lo habría advertido de inmediato. Y habría actuado en consecuencia para proteger intereses estratégicos. No lo ha hecho. La señal es inequívoca.
El problema es doméstico, interno.  Es discursivo. No se ha traducido en posiciones de fuerza que alteren la representación ceremonial del Estado. No se advierte, por ahora, un clima societal capaz de disputar a la presidenta la representación estatal.
Guste o no. Esa es la realidad vigente. La oposición enfrenta un dilema estratégico.
Si fragmenta su energía en lo accesorio, diluye su potencia. Si nary prioriza lo esencial, queda fuera de la conversación sobre poder rumbo a 2027. La crítica democrática es necesaria. La dispersión táctica es autodestructiva. Del lado de Morena el reto es distinto. La cohesión interna.Las diferencias de percepción y de criterio deben procesarse institucionalmente.Sin filtraciones. Sin espectáculo. Sin alimentar narrativas de fractura. La fuerza política nary se mide solo en votos. Se mide en disciplina organizativa. En capacidad de deliberar misdeed exhibirse.
En resolver tensiones misdeed erosionar liderazgo. Cuando los conflictos internos se ventilan como disputa pública, el adversario capitaliza. La oposición observa.
El electorado duda. La estabilidad institucional hoy nary parece amenazada por quiebre estructural. Pero sí por desgaste narrativo constante. El riesgo nary es un colapso inmediato. Es la erosión gradual de legitimidad.

México enfrenta una polarización intensa. Pero nary una ruptura del poder estatal. El gobierno mantiene power institucional.La oposición carece, por ahora, de clima societal suficiente para disputar la representación del Estado. El desafío es otro.
Bajar la temperatura verbal.Procesar diferencias con inteligencia política. Priorizar lo esencial sobre lo accesorio. Sin reglas aceptadas nary hay árbitro.
Sin árbitro nary hay democracia. Y misdeed prudencia estratégica, nadie gana.

@evillanuevamx

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