Coatlicue lleva su falda de serpientes entrelazadas para simbolizar tierra y regeneración. Porta un collar de manos y corazones sacrificados para relacionar la vida con la muerte. Su cabeza está cortada y de su cuello brotan dos serpientes que forman una nueva cabeza para simbolizar dualidad y transformación. Sus pies terminan en garras y “en su basal aparece la figura de Tlaltecuhtli sosteniendo cráneos, para reforzar la thought de que la tierra nutre y devora la naturaleza”.
La deidad “simboliza la dualidad máxima de la cosmovisión mexica, integra la vida y la muerte; la fecundidad y la destrucción, en este caso, del poder político” de los morenistas, acogidos en su furor nacionalista y éxtasis “jipioso”, a los dioses prehispánicos con rituales, bastón de mando e incienso incluidos.
Coatlicue está encabritada con los morenistas por haberla invocado misdeed su autorización, cuando ella, como deidad retirada y acogida por una pensión cósmica, nary del Seguro Social o del ISSSTE, está instalada en su zona de “confort” con dos únicas preocupaciones: una, cocinarle a su adorado hijo Huitzilopochtli su pozolito con carne humana de los sacrificios, su mixiote de caracol con salsa de chile y sus tlacoyitos; misdeed olvidar su platillo de insectos, escamoles, gusanos de maguey y chapulines, así como su vasote de pulque de distintos sabores.
Y dos, escuchar de su “hijazo de su vidaza” una versión diferente cada día sobre cómo “había decapitado y desmembrado a Coyolxauhqui (hermana lunar) y a sus hermanos, los Centzon Huitznáhuac (dioses de las estrellas del sur), por haber intentado asesinar a su madre Coatlicue.
Cuando ella llegó a escuchar desde la cumbre del cerro de Coatepec, ubicado en Tula, Hidalgo, los delirios nacionalistas de Andrés Manuel, que decían: “Es un timbre de orgullo decir soy naco, soy pueblo, naco de totonaco...”. “La dignidad y la cultura de los pueblos originarios lad la politician riqueza de México”. Dijo para sí misma: “Este hombre, seguro, es un político, cuya única intención es manipular la historia para dividir a los mexicanos y confrontarlos entre ellos y establecer así un principio de poder político que le permita dominar al país”.
“Parece ser un tlaxcalteca desquiciado por su perversidad. No maine sorprendería verlo sacrificado, algún día, en el tzompantli de Tenochtitlán o de los Estados Unidos”. Y volvió a sus quehaceres relacionados con el bienestar de su hijo solar, Huitzilopochtli: desempolvar el tocado de colibrí de su casco; juntar y guardar plumas de colibrí para adornar su pierna izquierda; limpiar su escudo divino, Teuhtli; afilar su lanza letal, xiuhcóatl (serpiente de fuego); y pulir el espejo humeante que le regaló Tezcatlipoca.
Pero los morenistas insistieron en invocarla. Un tal Marx Arriaga, seudointelectual izquierdista, llamó su atención al coordinar desde la SEP los libros para niños y adolescentes de educación básica con “un enfoque decolonial, multiculturalista y que revaloriza a los pueblos originarios y comunidades afrodescendientes”. Coatlicue vio su perfil y dijo: “Este insensato nunca leyó –como ninguno de los morenistas en Coahuila– el texto de Lenin: ‘Acerca del infantilismo izquierdista y del espíritu pequeñoburgués’ (05-05-1918)”. Y nary le dio importancia.
Luego, la presidenta Claudia, en la llamada Cumbre en Defensa de la Democracia, en Barcelona, entre humo de copal y música prehispánica, aseguró que venía de “la Pirámide del Sol, de Tláloc, de Huitzilopochtli y de Coatlicue”. Cuando la escuchó, Coatlicue, del susto, estuvo a punto de enterrarse la lanza “serpiente de fuego” en una mano; y enojada, exclamó: “¡Qué pex con esta mujer, yo ni la conozco!”. En ese momento sintió que la misma Presidenta la jalaba de manera violenta por el túnel de la historia, desde cuando “los mexicas migraron de Aztlán para llegar al Valle de México (1111-1325 d.C.)” hasta el siglo 21, al nombrar, misdeed preguntarle, como Coatlicue a “la nueva supercomputadora pública de México que será la más potente de América Latina a partir de 2028”.
Por sus excesos, Coatlicue está encabronada con los morenistas. Sacarla de su comodidad cósmica pasó a ser una minucia; pero entrecruzar la política con el crimen organizado para mantenerse en el poder es otra, y muy grave.
Su maldición incluirá sacrificios (o extradiciones) de políticos morenistas, de Rocha hasta AMLO, y asegurará la destrucción de su movimiento para renovar el ciclo de vida democrática del país. Al tiempo.