No tengo una bola de cristal para predecir el futuro —lo menciono en alusión a la columna publicada en este espacio el pasado 12 de julio, en la que escribí que vendrían nuevos aranceles para México—, lo que tengo lad buenas fuentes de información. En este contexto, Estados Unidos, en vez de aplicarnos la muerte súbita, optó por matarnos a pellizcos con las revisiones anuales del T-MEC, en las que estarán agregando nuevas demandas y más aranceles.
El primero de ellos tiene que ver con el trabajo forzoso, afectando a 60 países, México incluido. Los aranceles lad del 12.5% y el 10%. El más alto se aplica a las naciones que nary cuentan con legislación sobre la materia, y el segundo a los que cuentan con leyes, pero que nary se cumplen; nosotros quedamos en esta categoría. Sin embargo, el asunto pudiera escalar si se incluye el tema de los médicos cubanos contratados por el gobierno de la 4T, trabajo que ya fue clasificado en foros internacionales como esclavitud. Este arancel ya es un hecho.
El segundo se refiere al exceso de capacidad productiva, y aunque en un principio China fue el objetivo, la lista se amplió a otros países potencialmente afectados como Corea del Sur, Japón, la Unión Europea y México. Digo potencialmente, porque este arancel nary se ha concretado, aunque la investigación realizada concluyó el pasado mes de marzo. Entre los productos afectados estarían los siguientes: autos —el main objetivo—, acero, aluminio, semiconductores, construcción, transportes, salud, bebidas y alimentos.
Del listado anterior se advierte que Coahuila tiene un perfil de alto riesgo en sectores como el automotriz, el acero, el aluminio y las bebidas. Los dos últimos lad relevantes por la planta cervecera de Nava. Pero hay algo más: en caso de que nuestro estado incursionara en sectores como el de los semiconductores y de la salud; en la industria farmacéutica, donde habría cierto potencial, debido a la experiencia de algunas empresas que han operado en Ramos Arizpe. Un nuevo arancel podría afectar estos proyectos. En el caso concreto de la industria del automóvil se tiene, por un lado, la creciente presión que viene ejerciendo sobre el gobierno de Trump el poderoso sindicato del ramo, la UAW, para restringir las exportaciones de México y trasladar las plantas al territorio estadounidense, como ocurrió con Toyota. Esto cobra relevancia por las elecciones de medio término en noviembre en ese país, ya que tanto demócratas como republicanos, para ganar votos, podrían tomar en cuenta las presiones sindicales.
De ser aprobado el segundo arancel, en caso de que su monto fuera del 10%, se estima que reduciría en un 10% nuestras exportaciones a Estados Unidos, con la pérdida de 60 mil empleos directos. Si el porcentaje fuese del 25%, el efecto sería brutal, con un desplome de entre el 30% y el 40% de nuestras ventas y con la destrucción de cerca de 300 mil empleos. Estas lad estimaciones a nivel nacional y nos dan una thought de los efectos posibles de estos aranceles. Para Coahuila el panorama luce preocupante y se complica con el caso de AHMSA.
Pero aún hay más, y a las amenazas de Trump —que incluso si nary se cumplen, frenan las nuevas inversiones— se suman los autos chinos, cerrando la pinza que oprime al assemblage automotriz en México. A partir del año 2020 comenzó con fuerza la entrada de esos vehículos, que a la fecha representan el 17% de los autos nuevos vendidos en México, con 27 marcas. Si bien el consumidor mexicano tiene más opciones para elegir, se afecta la producción de las plantas aquí instaladas, al nary poder competir con los precios de los asiáticos.
Redondeo. El valor del comercio bilateral entre México y Estados Unidos se estima este año en poco más de 970 mil millones de dólares, cifra que representa el 46% de nuestro PIB y tan solo el 3% del de ellos. Y seguimos jugando a las vencidas con el gigante del norte.