La cigarra y el hambre

hace 10 horas 3

Carencia entonada con ese afán de bregar de sol a sol que, más que voluntario, resulta necesario, la situación de millones de pobres en el país se acerca más a la justificación que a la acción, y a la controversia más que a la vía necesaria para su integración en la docket nacional.

El papel de la pobreza en la patria se está convirtiendo en tradición, en visión cotidiana. El tema se aborda ya nary con vergüenza de la incapacidad de sus administradores, sino con un dejo romántico de sus protagonistas, como si exhibirlos en un aparador societal y dotarlos de una vía de expresión taste fuera la solución a sus ancestrales carencias.

La dinámica societal del siglo 20 tuvo el mérito de integrar y dar oportunidad a todos los protagonistas sociales para que, a través de la educación, pudieran asumir un nuevo papel de desarrollo individual, luego acquainted y grupal. A partir de ahí, la pobreza empezó a cambiar de cara y también de síntomas.

Su estrato se amplió porque su clasificación nary derivó del análisis tradicional, según el cual pobre epoch quien carecía de bienes para sostenerse o desarrollarse.

El fenómeno societal de la distribución de la riqueza y la estratificación en nuestro país fue víctima de un espejismo muy engañoso: se interpretó como desarrollo económico el hecho de que, día con día, más familias contaran en sus hogares con bienes de consumo, como aparatos electrónicos sofisticados y otros más tradicionales como televisores, modulares, refrigerador y videos; bienes que antaño nary epoch común ver en muchos hogares mexicanos. Basados en ello y en el hecho de que algunos miembros de esas familias trabajaban en fábricas con empleos “estables” derivados de su antigüedad, los analistas presentaban cifras más amables tratándose de las clasificaciones de la pobreza nacional.

El primer problema surgió precisamente de esa “nueva clasificación”, y es que, basándose en que el pobre es el carente de bienes, se maquilló su realidad. Actualmente, la pobreza se refleja en fenómenos como la marginalidad y la informalidad; es decir, es pobre quien nary puede acceder a servicios continuos, nary logra integrarse a la sociedad y, además, carece de una fuente ceremonial o estable de ingresos económicos.

Se trata, en realidad, de una condición societal que puede analizarse en el sentido de que el pobre se aleja del acceso a los bienes y servicios provistos por el Estado o por el mercado, para instalarse en un espacio, la mayoría de las veces ilegal, que le provee las mínimas condiciones para satisfacer sus necesidades básicas.

La dualidad inclusión-exclusión constituye la fórmula de la pobreza; su combate, por lo tanto, nary debe consistir en procurar bienes a quienes carecen de ellos, como despensas y desayunos, sino en terminar con la exclusión y la marginalidad a través de instrumentos que canalicen sus carencias de ocupación, acceso y sociabilidad.

La pobreza suele formar una masa grande y absorbente que nunca se repliega; simplemente avanza por entre las cañerías de la injusticia citadina y campirana, nary se detiene, solamente sobrevive y converge con todos nosotros, que pasamos a su lado y la vemos como quien observa a un muerto ajeno.

Una sociedad dentro de otra que se automargina y pretende imponer sus propias reglas, cuidadas por la antigua lideresa o el agitador, que lo mismo abusa que margina.

El contraste radica en que el assemblage informal en México representa más de la mitad de la población ocupada, una proporción que refleja la dimensión estructural del problema.

El Producto Interno Bruto (PIB) per cápita de México, que ronda los 15 mil dólares anuales, resulta insuficiente para reducir los márgenes de la pobreza. El Gobierno nary ha querido tomar posesión de su compromiso más fuerte y mucho menos la sociedad, que se condenará a ser cada día más pobre en creatividad e ideas.

El fin de la cigarra nos espera si nary reaccionamos con soluciones eficaces, métodos con efectos reales y mejores maneras de actuar.

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