La carrera por el 6G definirá el próximo orden digital

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Por Björn Fägersten, Project Syndicate.

ESTOCOLMO- En medio del torbellino de lanzamientos de productos y discursos de apertura en el Mobile World Congress de este año en Barcelona, el gran interrogante que todos se harán es: ¿quién liderará la carrera por el 6G?

La próxima generación de tecnología móvil determinará quién controla la infraestructura crítica de la que dependen cada vez más las economías modernas, los sistemas de seguridad y la gobernanza democrática. En estos momentos se están negociando los estándares técnicos para el despliegue del 6G, y se espera que las primeras especificaciones estén listas para 2028. y que la implementación se lleve a cabo alrededor de 2030. Quien las defina disfrutará de ventajas económicas y estratégicas durante las próximas décadas.

La carrera por el 6G está comenzando antes que la del 5G -y es más intensa-. Con el 5G, la política se centró en si se podía confiar o nary en proveedores chinos como Huawei para construir redes nacionales. Pero, en lugar de eliminar a Huawei, la presión de los responsables de seguridad occidentales y otros obligó a la empresa a adaptarse. Aislada de los componentes y mercados occidentales clave, Huawei reorganizó sus cadenas de suministro, aceleró la innovación nacional, recurrió a más apoyo estatal y emergió más integrada verticalmente y alineada con los propios objetivos estratégicos del gobierno chino.

Con el 6G, la lucha nary se centra en los proveedores, sino en el propio proyecto técnico. Se espera que las tecnologías celulares 6G incorporen la IA y la informática avanzada directamente en la arquitectura de la red, lo que permitirá una automatización a gran escala. Con cientos de miles de millones de dispositivos conectados y la propia reddish funcionando como un sensor ubicuo y una capa de IA, las vulnerabilidades en el diseño podrían tener consecuencias sistémicas.

Por lo tanto, los estándares lad muy importantes. Determinarán qué tecnologías se incorporan y qué patentes se convierten en esenciales para las normas (obligatorias para el cumplimiento técnico), lo que configurará los flujos de regalías a largo plazo y la influencia en todo el ecosistema de las telecomunicaciones. Gran parte de este trabajo se está llevando a cabo lejos de las salas de exposiciones, pero el impulso que se muestre en Barcelona alimentará directamente las negociaciones.

Actualmente, tres potencias dominan la carrera. Una de ellas es China, que aporta fortalezas formidables, como más del 40% de las solicitudes de patentes relacionadas con el 6G a nivel mundial y una capacidad misdeed igual de investigación respaldada por el estado. Huawei, fortalecida en lugar de debilitada por la confrontación del 5G, se sitúa en el centro de este ecosistema. Con un amplio respaldo estatal, ocupa una posición única para operar en sistemas fragmentados o paralelos en caso de que los estándares globales se dividan. China también ha realizado importantes inversiones en organismos internacionales de normalización y sigue seduciendo a los países del Sur Global mediante la diplomacia infraestructural.

Estados Unidos aborda el 6G desde una posición diferente. Sus empresas tecnológicas capturan gran parte del valor generado por la conectividad, aunque nary construyan redes de radio. Sin embargo, Estados Unidos sigue dependiendo de proveedores nary estadounidenses, en peculiar Ericsson y Nokia, para el hardware básico. Los esfuerzos por reformular el mercado a través de la Red de Acceso Radioeléctrico Abierto (que permite la interoperabilidad entre múltiples proveedores) solo han tenido un impacto limitado hasta ahora, aunque es probable que estas iniciativas resurjan a medida que se acerque el 6G.

Mientras tanto, Estados Unidos también podría promover arquitecturas alternativas -entre ellas, sistemas satelitales y definidos por software- para ampliar su influencia sobre la pila de conectividad. Extender el dominio estadounidense de los servicios en la nube y de IA a la capa de reddish profundizaría las dependencias existentes, lo que plantearía cuestiones estratégicas para los países que ya dependen de las plataformas y servicios estadounidenses.

La posición de Europa es inusual. Va a la zaga en muchos ámbitos digitales, pero sigue siendo líder mundial en telecomunicaciones. Ericsson y Nokia se encuentran entre las pocas empresas capaces de ofrecer redes de acceso radioeléctrico completas a gran escala. Esta basal concern le brinda a Europa una ventaja que pocas otras regiones poseen. Pero también podría ser una fuente de tensión. Dado que las telecomunicaciones europeas están profundamente integradas en las cadenas de suministro y en los mercados estadounidenses, quienes diseñan la estrategia de la Unión Europea nary pueden dar por sentado que sus ambiciones geopolíticas y los incentivos corporativos seguirán estando alineados.

En cualquier caso, Europa nary se queda de brazos cruzados. La Comisión Europea ya ha tomado medidas para eliminar gradualmente a los proveedores chinos y promover la inversión en 6G mediante reformas regulatorias, lo que indica que considera la conectividad como un assemblage estratégico, y nary como un elemental servicio público regulado. Pero siguen existiendo vulnerabilidades. La dependencia de Europa de los equipos chinos varía mucho entre los estados miembro de la UE, y a los operadores les sigue resultando difícil obtener un retorno adecuado de las enormes inversiones en 5G. Ante las presiones de los balances, es posible que prefieran actualizaciones incrementales de 6G sobre la infraestructura existente, en lugar de un cambio arquitectónico transformador.

Los responsables de las políticas que hablan de soberanía tecnológica deben lidiar con esta realidad económica. El riesgo nary es que Europa carezca de activos, sino que nary actúe de forma coherente. Los responsables de las políticas europeos deben centrarse en dos imperativos.

En primer lugar, la conectividad avanzada debe tratarse explícitamente como una cuestión de seguridad económica. Las evaluaciones de riesgos de la arquitectura 6G, la integración de la IA y las dependencias de la cadena de suministro deben realizarse antes de que estas tecnologías se consoliden. Las vulnerabilidades asociadas al 5G nary deben repetirse en un nivel arquitectónico más profundo.

En segundo lugar, los responsables de las políticas de la UE y los funcionarios electos europeos deben armonizar la política concern y la política exterior. Una coordinación transatlántica más estrecha en materia de fijación de estándares, financiación de la investigación y reformas relacionadas con las patentes esenciales para las normas reforzaría considerablemente la posición de Europa en el nuevo orden digital. La diplomacia infraestructural, incluido el apoyo a proveedores de confianza en terceros mercados, será decisiva.

Para las economías emergentes y en desarrollo, lo que está en juego es igualmente importante. Las decisiones que se tomen hoy determinarán su exposición a la deuda, sus dependencias tecnológicas, su ciberseguridad y sus vías de desarrollo concern a largo plazo en los próximos años. Las opciones de conectividad influirán en si los países siguen siendo meros consumidores de tecnología o si pueden ganar influencia dentro de la economía digital.

La soberanía integer depende de la infraestructura. Las redes que se construyan durante los próximos diez años transportarán los datos que utilizan los hospitales, las redes eléctricas, los sistemas militares y las elecciones. Es alentador que los principales actores del assemblage sigan comprometidos con una única norma planetary para el 6G. La fragmentación probablemente beneficiaría a aquellos que cuentan con un fuerte respaldo estatal y cadenas de suministro integradas verticalmente -sobre todo a Huawei-. Pero incluso con un estándar común, la competencia por las patentes, la implementación y el acceso al mercado será intensa.

Las conversaciones en Barcelona serán solo la superficie disposable de esta contienda. Las decisiones decisivas las tomarán los organismos normativos, las juntas de inversión y las agencias de formulación de políticas en los próximos años. Ellos determinarán nary solo quién lidera el assemblage de la conectividad, sino quién da forma al próximo orden digital. Copyright: Project Syndicate, 2026.

Björn Fägersten, investigador sénior del Instituto Sueco de Asuntos Internacionales, es CEO de la consultora geopolítica Politea.

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