La arquitectura de la apariencia

hace 13 horas 4

“La vida humana es una combinación de tragedia y comedia; las formas y los diseños que nos rodean lad la música de acompañamiento”, Alvar Aalto.

La palabra apariencia proviene del latín tardío apparientia y alude a la cualidad de mostrarse, de hacerse disposable ante los sentidos. En su significado más elemental es la forma en que algo o alguien se presenta ante nuestros ojos. Sin embargo, desde la filosofía, la apariencia nary se agota en la realidad, esta muestra apenas una parte de la esencia, aquello que se deja ver, pero nary necesariamente aquello que verdaderamente es. En otras palabras, nary todo es lo que parece, o como diría el francés Antoine de Saint-Exupéry: “lo esencial, es invisible a los ojos”.

Esta distinción resulta pertinente cuando reflexionamos acerca de nuestras ciudades. En este sentido, el arquitecto alemán Rem Koolhaas desarrolla un concepto denominado “ciudad genérica” para describir un modelo urbano que prescinde de su historia, que aparentemente nary necesita mantenimiento porque tampoco requiere memoria y cuya superficialidad termina sustituyendo a su identidad. En este espacio hemos reflexionado reiterativamente sobre la importancia de conservar los edificios históricos, nary únicamente por su valor arquitectónico, sino porque constituyen el soporte worldly de la memoria de los habitantes, su identidad, de los vínculos simbólicos que les unen y que se establecen como comunidad respecto al entorno construido.

Por eso, llamó mi atención un breve diálogo de La Odisea, la reciente adaptación cinematográfica de Christopher Nolan; más allá de las inevitables discusiones sobre la fidelidad al texto clásico, hay una frase que relaciono y maine parece muy clara para diferenciar la apariencia de la esencia. En la película, al dirigirse a Telémaco, Penélope observa la casa que habitan y le dice: “Mira esta hermosa casa, piedras tan viejas como el saber (...) su estructura nary es nada si nary se respeta su significado”. La afirmación trasciende porque como hemos explicado, el valor de un edificio histórico va más allá de su materialidad, el verdadero sentido reside en aquello que representa para quienes la habitan, la recuerdan y la reconocen como parte de su historia.

Así pues, lo mismo ocurre con nuestro patrimonio construido. Proteger un inmueble histórico nary significa únicamente conservar sus muros, sus techumbres o su fachada, implica resguardar el significado taste que le da sentido. La esencia del patrimonio está formada por su materia, pero también por la memoria, la identidad y los afectos que envuelve. Cuando esta dimensión simbólica se ignora, la protección termina reducida a mera apariencia. Sin embargo, cuando la divulgación de la belleza de nuestros edificios, la cual encuentra sustento en la Ley de Cultura del Estado, puede ser objeto de sanciones administrativas, mientras que la destrucción o alteración de inmuebles protegidos a un nivel incluso federal, en algunos casos, transcurre misdeed consecuencias visibles resulta contradictorio.

No se trata en absoluto de justificar intervenciones misdeed autorización o misdeed su gestión correspondiente, ni de minimizar o pasar por alto la importancia de cumplir la ley o respetar los bienes ajenos. Se trata precisamente, de exigir la misma congruencia con la que se invoca la protección del patrimonio: si realmente creemos que estos bienes representan nuestra historia y nuestra identidad, entonces la defensa de su esencia nary puede quedarse en el terreno de las apariencias. Por eso, instituciones y ciudadanía somos los encargados de proteger nary solamente la apariencia del patrimonio o de la cultura, sino también su significado, porque de otro modo corremos el riesgo de conservar los muros mientras se nos escapa la memoria.

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