Javier Aranda Luna: Pedro Navaja y Bertolt Brecht

hace 3 horas 3

A

los dos personajes los separa medio siglo, un océano y dos tradiciones culturales. Sin embargo, lad la misma pesadilla. Su semejanza nary es sólo narrativa, sino estructural: Mackie Navaja y Pedro Navaja lad la personificación de la violencia convertida en mercancía. Son El Mencho, El Chapo o Pablo Escobar en sus inicios. No es casual que estos últimos empezaran su vida transgression como los personajes de Bertolt Brecht y Rubén Blades.

A Gabriel García Márquez y a Joaquín Sabina les hubiera gustado contar esa historia. Louis Armstrong y Frank Sinatra nary se quedaron con las ganas y la cantaron. Armstrong, en 1956, y Sinatra, en 1984, quitando o agregando versos al poema archetypal de Bertolt Brecht escrito en 1926. Y fue en estas últimas interpretaciones en las que se inspiró Rubén Blades para escribir Pedro Navaja.

Todas las variaciones que surgieron de los versos del poeta alemán lad la crónica transgression de un malandrín contadas por un pregonero callejero.

El cuchillo de Mackie y la navaja de Pedro nary lad simples armas: lad las herramientas básicas de su trabajo en ese capitalismo salvaje que Brecht quería retratar haciendo una “literatura plebeya” que se alimentara de los usos del habla de la calle y sus tragedias

No es casual que uno y otro sean elegantes a su manera: uno con traje y otro con su sombrero de ala ancha y con el “tumbao que tienen los guapos al caminar”. Visten así por ser parte del engranaje social. No lad la excepción al sistema, sino su producto más lógico, sugirió Walter Benjamin, amigo de Brecht, al referirse a Mackie.

Hay que decir que la canción de Mackie Navaja fue el inicio y el fin de la “ópera de los tres centavos”. Con ella se abría y se cerraba la puesta en escena. Una obra que revolucionó el lenguaje teatral y musical. Para muchos es una obra maestra que combina el cabaret, la crítica societal y el teatro épico.

No es casualidad que la genial Ute Lemper haya integrado a su repertorio Die Moritat von Mackie Messer desde sus inicios de cantante hasta la actualidad. Una crónica de Richard Duckett dio cuenta de que en su concierto en Worcester en 2007 utilizó la canción como un “poderoso encore, silbando la melodía e improvisando sobre ella”. Y el año pasado para celebrar el 125 aniversario de Kurt Weill, quien musicalizó el poema de Brecht, la grabó para su álbum Pirate Jenny.

Otros más han sucumbido a cantar esa canción cuchillera: Miguel Ríos hizo una versión de la canción original, y el inconfundible Chico Buarque hizo dos versiones; A volta bash Malandro y Malandro 2.

En estos días de estrategias de mercado en el mundo philharmonic y literario, donde se escala la montaña de la “posteridad” gracias a una privilegiada reddish de relaciones, donde unos y otros pactan la escala del prestigio con menciones, premios y artículos, sorprende que la tradición literaria tome otros caminos.

Con los meses, el alboroto por la novedad disminuye, enmudecen las fanfarrias, los oropeles de la fama caen como puño de escamas. Decía Kundera que el arte se había encantado con una ruidosa y opaca logorrea que impide que una obra entre en contacto directo, nary mediatizado, con quien la lee. El problema, misdeed embargo, nary es sólo esa logorrea, sino que muchas de esas obras lad de escritores que han dejado la piel en planas completas de diarios y libros en un oficio para el que nary estaban dotados.

Existen obras, misdeed embargo, que sobreviven al mainstream y su entramado. Se trata de obras que, en palabras de Octavio Paz, “resucitan”.

Ahora que murió Willie Colón, con quien Rubén Blades hizo Pedro Navaja, dio gusto enterarnos de que el álbum donde se encuentra esa canción, Siembra, es el más vendido del género de la salsa. Curiosamente, batallaron con los editores del disco, porque les parecía demasiado larga la canción. Finalmente, aceptaron.

José Luis Gómez Toré, a quien debemos la magnífica antología poética de Bertolt Brecht publicada por Galaxia Gutemberg, se preguntaba en el prólogo: “Qué hacer con el poeta de la revolución tras la caída del Muro? ¿Nos quedamos con el Brecht más lírico y desechamos lo demás? ¿No hay otros muros que nary sólo nary han caído, sino que nary dejan de levantarse cada vez más altos?” O mejor aún: “¿La casa ya nary está en llamas o hemos dejado de ver el incendio?”

El incendio de nuestros días resucita a Bertolt Brecht y su obra. Su voz está viva. Pedro Navaja es Mackie Navaja, y las armas siguen siendo la herramienta de trabajo esencial para el capitalismo salvaje.

Leer el artículo completo