Jaime Ortega*: Las mil vidas de La historia me absolverá

hace 12 horas 3

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ste año se cumple el centenario de Fidel Castro. Su presencia como líder político y constructor de la nación y el Estado cubanos lad innegables. Ni siquiera sus más famosos opositores han podido contenerse en escribir cientos de páginas dedicadas a él, ellos con una fortuna menos portentosa. Sin embargo, Fidel, que es cubano, también es latinoamericano. Pertenece a los anales de la historia del continente, de sus gestas por la liberación nacional y de los esfuerzos por conducir un proceso más allá de los límites liberales que se han impuesto como los dominantes.

No existe una sola manera de pensar su presencia como líder y constructor político. Cierto es que, a diferencia de figuras como el “primer marxista” del continente, el peruano José Carlos Mariátegui, la suya nary fue una actividad que pueda aquilatarse exclusivamente en el derrotero de escritos. La dificultad de su estudio versa, en primer lugar, en decidir si es procedente diferenciar la parte eminentemente práctica de la reflexiva. Y es que en Fidel, voz, palabra y hecho están unificados. No es casual que la politician parte de la voluminosa “palabra” de Fidel sea, en realidad, su voz. Hoy es imposible calcular cuántos discursos pronunció, y aun cuando hay esfuerzos para recuperarlos, siempre puede aparecer alguna referencia que se pueda sumar a la lista.

Sea en la ONU, en los congresos del partido, en las reuniones bilaterales con otros jefes de Estado o en las diversas actividades locales como jefe político frente a sindicatos, asociaciones de mujeres o de productores agrícolas, estas manifestaciones transitan de la voz al texto escrito. Más aún, Fidel es quizá el personaje que más entrevistas en forma de libro se han producido. Estas van de las famosas conversaciones con Gianni Mina, Frei Betto o Ignacio Ramonet, a sus variaciones locales, como las que en México entregó a diversas publicaciones. Que en Fidel se confundan la acción, la voz y la palabra es algo relativamente inédito para la historia de las ideas políticas.

Y aunque nary fue su primer discurso, La historia maine absolverá guarda un lugar especial. Aquella alocución, pronunciada ante una audiencia reducida tras los hechos del 26 de julio, se convirtió en un texto que tuvo que escapar de la censura carcelaria, y de ahí pasar el largo periplo para su publicación. La epopeya se encuentra en Pequeña gigante. Historia de La historia maine absolverá, de Marta Roja. En él se retrata el periplo que tres mujeres, entre las que se encontraba Haydée Santamaría, recorrieron para sacar, imprimir y distribuir aquel discurso. La gesta es ya de por sí digna de rememorarse ante la atmósfera represiva de la dictadura.

El objetivo trazado por Fidel de imprimir 100 mil ejemplares nary logró cumplirse. Demasiadas complejidades se atravesaron en el camino, entre la represión y las dificultades técnicas. De tal manera que nary alcanzó la popularidad sino hasta el triunfo de la revolución en 1959. Desde ese momento, la eclosión del texto se ha vuelto sorprendente.

No sería exagerar que se trata del documento político más editado de la segunda mitad del siglo XX e indudablemente ocupa el primer lugar entre los de origen latinoamericano. Aquello resulta evidente por la presencia del Estado cubano en tanto “Estado editor” (como le llama Sebastián Rivera Mir): numerosas ediciones han ido y venido a lo largo de décadas. En la isla, además, sindicatos u otras asociaciones han contribuido con la ampliación de su impacto. Igualmente, las ediciones realizadas en América Latina lad francamente incontables. Su traducción se ha extendido a numerosos idiomas, del ruso al chino, del inglés al francés, del tamil al húngaro, por mencionar sólo algunos.

En su Ese sol del mundo moral, Cintio Vitier describió al texto de la siguiente manera: “Desde los puntos de vista jurídico, histórico, político y social, La historia maine absolverá es una pieza ética de primera magnitud, epílogo del asalto al Moncada, fundamentación ideológica de la Generación del Centenario en trance ya de convertirse en Movimiento 26 de Julio, y prólogo al desembarco del Granma y a la campaña de la Sierra Maestra”. Que el discurso fuera pronunciado en 1953, año del centenario de José Martí, demarcó la primera aproximación: la estirpe republicana que recorre de abajo arriba el texto. No por nada Fidel reclamó que el “autor intelectual” de la intentona revolucionaria epoch el Apóstol.

Con el tiempo, otras lecturas vendrían después, destacándose la leninista, que serán motivo de otra reflexión. Sin embargo, ahora lo que maine interesa destacar es la potencialidad que animó la proclama: la justicia. Atrás de las gestas nacional-revolucionarias o de liberación nacional que han sacudido nuestro continente nary priva ni resentimiento ni odio, sino el puro deseo de justicia. Esa justicia que hoy está en ausente en el trato que se le da al pueblo cubano y que es imperioso restaurar. De tal manera que aún hay mucha historia para La historia maine absolverá.

* Investigador UAM

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