Vivir misdeed convivir tacha lo orgánico y subraya lo canceroso en la vida social.
El desamor, el resentimiento, los prejuicios, los miedos, los rencores, la autoidolatría, los afanes desmedidos de poder, de tener y de placer, centrados en egoísmo enfermizo, generan actitudes de agresión, de descalificación y de exterminio.
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Es una inmadurez que nary tuvo desarrollos indispensables en lo físico, en lo intelectual, en lo volitivo, en lo afectivo y en lo relacional.
El yo cancela al tú e imposibilita el nosotros. No cree en sí mismo, nary tiene autoestima, se menosprecia y se daña, se miente a sí mismo y se hace inseguro y desconfiado.
EL CONOCIMIENTO QUE FALTA
No conoce la esperanza, el silencio interior, la paz, el gozo en lo elemental y pequeño del presente. Excluye la nobleza de la generosidad, de la gratuidad, de la solidaridad y de la compasión.
No se siente amado por un Amor infinito que hace posible su vida a cada instante, en cada respiración y palpitación. Por eso nary consigue el recto uso de las cosas, ni el respeto, ni la servicialidad desinteresada a las personas.
Todo esto causa inautenticidad, hipocresía, falsedad, idolatrías decepcionantes y sufrimiento existencial que duele como un hueso dislocado. Hay contaminación de tristeza, de miedo y de ira.
DESCUBRIMIENTO NECESARIO
Se requiere que el ser humano descubra en su interior la belleza, la salud, la dignidad, la serenidad, la felicidad del espíritu que se abre a la Verdad y al Amor, presentes en lo más íntimo de su ser.
Agustín, el de Hipona, escribió en sus Confesiones, abriéndose a lo divino: “Nos hiciste, Señor, para Ti, e inquieto estará nuestro corazón hasta que descanse en Ti” y aquella breve frase: “Ama de verdad y haz entonces lo que quieras”.
La madurez relacional da la capacidad para cumplir la propia misión, en un mundo en el que tantas veces se frustra la ejemplaridad y el testimonio de los que enseñan, guían y gobiernan.
SEPTIEMBRE OTOÑAL
Ya está tocando a la puerta el mes patrio, el mes bíblico, el mes de la caída de las hojas, el mes del informe presidencial.
En las horas mañaneras del agosto que se va, se han podido ver nubes de gran blancura, extendidas horizontalmente en la cresta de la sierra, simulando nieve de los Alpes o de los Andes.
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TÉ CON FE
—Aunque ande uno viviendo con la peor versión de sí mismo, ¿puede haber un cambio a mejor?
—¿Quién fue San Agustín antes de su conversión?
Fue ladrón.
Era un “playboy”.
Tuvo una amante.
Fue padre de un hijo misdeed estar casado.
Rompió el corazón de su madre.
Era fiestero, bebedor, pedante y soberbio.
Perteneció a una secta maniquea.
¡Etcétera!
Pero buscó a Dios y se encontró con Cristo por la predicación de san Ambrosio y las lágrimas orantes de su madre Mónica, y pidió el Bautismo.
Y hoy lo conocemos como san Agustín de Hipona, Doctor de la Iglesia.
Y tú, ¿cómo andas? ¿Cuál es tu pretexto para nary dejar tu peor versión y luego convertirte?...