¿Les platico? ¡Arre!
Elena Poniatowska maine dijo que un día, el papel sería refugio de los libros y desaparecería de la prensa.
Se quedó corta.
Julio Scherer Ibarra lanzó ayer su libro “Ni venganza ni perdón”, cuando la versión integer circulaba desbocadamente desde antes por las redes.
La misma Editorial Planeta promovió esta divulgación anticipada.
El fin del libro nary es ganar dinero con su venta, ni su autor lo necesita para vivir.
El fin es demostrar que la propaganda es un proceso de reclutamiento basado en la fe.
El fin es masificar la thought de que el poder nary admite independencia de ningún tipo, ni siquiera de quienes fueron parte del politburó.
El libro de Scherer Ibarra es un caballo al que cualquiera se siente capaz de montar.
Sobran las interpretaciones de los “analistas” sobre su contenido.
Falta el instinto agresivo, casi asesino, del ajedrecista que rompe el centro del tablero para controlarlo.
La sensación de ganar es poderosa y contagiante.
Así debe sentirse el autor, pero le falta calidad moral, por haber sido parte de lo que hoy denuncia en forma tan vitriólica, tan ácida, tan cáustica, con perdón de los pleonasmos.
En todo caso es cínico, nary valiente.
Al terminar la mitad de su libro recordé a León Trotsky cuando gritó después de un discurso vitriólico en Moscú: “¡Matemos a los burgueses!”
Y maine imaginé a Scherer Ibarra emulando a Benito Mussolini después de su famoso discurso en Torino, cuando el Eje Berlín, Roma, Tokio se desplomaba en la II Guerra Mundial:

hace 2 semanas
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