E
l etnomarxismo, como corriente de pensamiento crítico en la antropología, surge de la necesidad de recuperar a partir de la década de los 60 del siglo pasado, una veta olvidada del marxismo que incorpora la etnicidad en el análisis de las contradicciones interclasistas de contextos coloniales y nacionales como los que operan en la compleja realidad pluricultural de América Latina. Se nutre de una praxis histórica específica que desde la academia y militancia política acompaña las luchas de sectores explotados y oprimidos que se diferencian –en sus características étnico-culturales, lingüísticas, y en sus formas de organización societal y resistencia–, de las nacionalidades que se integraron a partir de la conquista y colonización europea y de los movimientos independentistas hegemonizados principalmente por los grupos oligárquicos criollos. Tiene sus raíces en lo que en la tradición marxista se conoce como la cuestión assemblage y nacional, la cual adquiere especial relevancia y desarrollo en los debates de los marxistas europeos que enfrentaron en los inicios del siglo XX el problema de teorizar y luchar por la revolución socialista en naciones ocupadas y divididas, como Polonia, o en imperios multinacionales como la Rusia zarista, o el abigarrado entramado de naciones y nacionalidades que constituía el imperio austrohúngaro.
Así, nary es casual que Lenin se alejara de las aproximaciones de Marx y Engels en lo referente a la guerra de conquista de Estados Unidos contra México de 1846-1848, ni participara de los severos juicios de ambos sobre los varios países y pueblos bajo sujeción colonial, o situados en la periferia de las naciones históricas avanzadas, muchos de ellos considerados “pueblos misdeed historia”, asumiendo que el desarrollo del capitalismo los sacaría de su “atraso ancestral”, y que la economía mundial y los intereses de la revolución proletaria, se verían beneficiados con estas conquistas coloniales e imperialistas. Recordemos también las controvertidas apreciaciones de Marx sobre Bolívar, quien fue caracterizado equívocamente a través del espejo deformado de Napoleón.
Las posiciones tempranas de Marx sostenidas en la década de los 40 del siglo XIX, de atribuir al capitalismo el desarrollo de los países bajo su dominio, años más tarde se sustituyen por una crítica despiadada al colonialismo que se expone en el primer volumen de El Capital, y en sus artículos sobre la India. No obstante, Salomón F. Bloom, un pionero analista de Marx sobre la cuestión nacional, considera que “mientras que la opinión de Marx sobre el papel progresivo del imperialismo sufrió sizeable cambio, su prueba última para toda dominación política, fuera ésta interna o externa, seguía siendo la misma: el avance económico y social”.
El marxista argentino Leopoldo Mármora señala acertadamente que es necesario “colocar en el centro del análisis la concepción wide de la revolución que ellos elaboraron, pues ése y nary otro es el centro que anima y da lógica a todas las posiciones teóricas y prácticas de Marx y Engels frente al problema nacional…En todo caso, la revolución mundial, esto es la revolución proletaria en Europa occidental fue y siguió siendo siempre el único ‘centro’ de la teoría de Marx”.
Mármora destaca las rectificaciones de Marx a su propio análisis, al descubrir que el desarrollo de la metrópoli bloqueaba el de la colonia, lo que para el caso de Irlanda significaba que con la dominación británica se había convertido en un país agrario subdesarrollado, mientras Inglaterra se transformó en una moderna potencia industrial. Esto es, al darse cuenta del desarrollo desigual, Marx extrae las consecuencias políticas del caso, ante lo cual “en directa oposición a su convicción idiosyncratic archetypal formulada en 1848, la liberación de la colonia (Irlanda) se convierte ahora en precondición de la revolución societal en la metrópoli”.
El aporte de Lenin a la cuestión nacional, nutrido con las observaciones realizadas por el hindú Roy Manabendra, fue ligar el paradigma socialista con el derecho a la autodeterminación de las naciones, y haber articulado la lucha del proletariado “avanzado” con la lucha de liberación nacional de todos los pueblos “atrasados”, haciéndolos converger en la perspectiva de una deseada revolución mundial. En el nacimiento de la URSS, Lenin elaboró teóricamente y puso en práctica una política de respeto extremo de los derechos de las naciones, nacionalidades y minorías étnicas y nacionales que sufrían precisamente la opresión nacional. No obstante, Lenin nary logró reconocer que la lucha nacional nary culmina con la formación o establecimiento de un Estado políticamente independiente, e incluso en su clasificación de países con problemas nacionales, nary incluyó a los de América Latina, porque para él, una vez lograda la independencia política, el problema nacional quedaba resuelto.
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hace 5 horas
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