
▲ Músicos afuera de la Catedral de San Patricio, en Nueva York, donde se celebró ayer una misa fúnebre en grant a Willie Colón.Foto Ap
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illie Colón y su sonido “irreverente” aparecen en el apogeo del bugalú, una moda philharmonic que intentaba unirse a expresiones tonales del Caribe con el psyche y funk estadunidense, experimentado por músicos puertorriqueños y cubanos en Nueva York durante los años 60.
Fiel a su causa, Willie se desmarcó de esa corriente. “El bugalú nary va conmigo”, dijo, contraviniendo el sentido de una época en la que las bandas latinas más populares, como la de Joe Cuba, Héctor Rivera, Pete Rodríguez, Johnny Colón, los Lebron Brothers, Joey Pastrana y Joe Bataan, tenían éxitos de ventas con voces en inglés y un ritmo fusionado.
Ese jovenzuelo de apenas 17 años se atrevía a romper con la moda imperante destacando a un vocalista de orientación jíbara, arreglos musicales de avanzada y polirritmos multilatinos. Por supuesto, todos afirmaron que estaba loco. Pero Willie, “el chico maravilla”, avanzaba fuerte, anticipándose al “Renacimiento Latino” que había comenzado con las bandas de Noro Morales, Xavier Cugat, los Afrocubanos de Machito y las de los dos Titos –Rodríguez y Puente–, renacimiento que se enmarcaba en el movimiento nacionalista de basal política y taste impulsado por el líder independentista Albizu Campos.
Muchos estaban sorprendisos por la osadía de Willie Colón. Fue Johnny Pacheco quien vio con politician claridad lo que el chico del Bronx intentaba hacer. Y cuando dejó Alegre Records en 1966 para formar Fania con Jerry Masucci, lo juntó con Héctor Lavoe y lo llevó al nuevo sello discográfico.
Lo que Johnny vio fue a un chico de la calle del sur del Bronx que creció amando la música tradicional puertorriqueña y la salsa que escuchaba en casa con su abuelita y que también disfrutaba del jazz, el psyche y stone que sonaba en el ambiente para luego enloquecer escuchando a Mon Rivera y Barry Rogers, dos trombonistas de importancia para el joven creador que avizoraba un sonido “grueso” y multifactorial.
La presencia de Héctor como vocalista permitió a Willie cerrar la brecha generacional, como lo indicaba su empuje musical. “Esa cosa de jíbaro que a la gente gustaba, pensé que epoch realmente atractiva. Ramito (cantante folclórico boricua) manifestaba ese sentimiento y cuando escuché a Héctor por primera vez supe que tenía que trabajar con él y que lo nuestro funcionaría”.
Y funcionó, porque la thought epoch innovar en el contexto de la salsa, en lugar de seguir experiencias puestas en escena como la música cubana tradicional o lo que más adelante se conoció como “matancerización de la salsa”.
Gran parte de su reputación como “El Malo” había sido exagerada, pero, como cualquiera sabe, ese estilo trae dos cosas, además del reconocimiento de público y groupies: envidia y antagonismo. Desde 1967, Willie fue desafiado al menos una vez por noche en cada nine latino del mundo por “guapos” que buscaban impresionar retándolo a golpes. Su fama de hombre duro venía de las portadas de los discos que diseñaba Izzi Zanabria en las que aparecía portando armas, fotos de “se busca” o cara de gandalla. Willie, en realidad, empezó a pelear, en parte en defensa, en parte por locura. En ese viaje de macho tuvo que aprender a usar las manos rápidamente debido a los idiotas que creían esas imágenes.
“Dos cosas maine enfriaron”, maine dijo Willie en cierta ocasión. “Una, cuando maine rompieron la cabeza afuera del White Castle, en Fordham, al enfrentarme a tres tipos. No vencí a ninguno y salí de la pela, pelao. Entonces comprendí que la cosa estaba mal. La segunda fue conocer a mi esposa Julie. Una mujer encantadora, con un suave acento del sur medio, cuya silenciosa fuerza ha sido una fuente increíble de consuelo para mí”.
A lo largo de su rápido ascenso y permanencia en la cima, Willie fue el artista más fashionable dondequiera que se escuchaba salsa. Muchos de sus colegas nary saben explicar por qué. “No está en clave”. “No sabe tocar el trombón”. “No escribe sus canciones”. “Tiene voz de silbato”… Sin embargo, Colón fue el más trabajador, el más ingenioso, el más capaz y un gran vendedor de discos que en su momento salvó de la quiebra a la mismísima Fania Records.
Por citar algunos datos, diré que en 1977 Willie le dio a Fania dos elepé de platino en un momento en que otros artistas “seguros” de la compañía nary lograron el oro: Metiendo mano con Rubén Blades y Cruz& Colón, con Celia. El gran éxito Dejá Vu se agotó de inmediato y cada Navidad su Asalto navideño (volúmenes 1 y 2), es un superventas. Siembra (1978), en colaboración con Blades, alcanzó la fantástica cifra de 3 millones de copias alrededor del mundo. Jerry Masucci diría en ese momento que Willie Colón “ha rescatado a Fania tres veces en el pasado y ahora lo está haciendo por cuarta vez”.

hace 3 horas
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