El Visionario In-Sensible

hace 1 día 6

A estas alturas del año, muchas iniciativas ya quedaron en el tintero.

O peor: en la lista intelligence de “luego lo retomo”.

Algunas sobreviven. Esta columna es para esas... y para quienes todavía nary entienden su tamaño.

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Si eres co-work, nary te rompas el alma buscando resultados de corporate triple A.

En el mundo del emprendimiento hay una obsesión peligrosa: querer resultados gigantes con estructuras diminutas.

Como dice el refrán: nary le pidas peras al olmo... aunque le pongas un pitch deck elegante.

Empresas con alma de co-work, soñando con utilidades de corporativo triple A.

Mucho discurso. Poca estructura.

No es falta de ganas.

Es falta de sensibilidad.

Y de contacto con la realidad.

Nuestro personaje es un visionario, sí.

Tiene ideas, voluntad, entusiasmo y hasta algo de capital.

El problema nary es su ambición; es su desconexión.

Pierde contacto con esa realidad que nary aplaude, nary da likes y siempre look la misma pregunta incómoda:

¿De qué tamaño es realmente tu estructura?

Se quiere escalar misdeed procesos.

Crecer misdeed control.

Prometer misdeed capacidad de entrega.

Y cuando el resultado nary llega, nary se cuestiona el diseño.

Se culpa al mercado, al equipo, al timing, al cliente... o, mejor aún, a todos.

Por nary sacrificarse lo suficiente.

Por “poner resistencias”.

Por nary compartir la visión.

Por nary trabajar 14 horas diarias para sostener una mala decisión.

La realidad es menos épica y más incómoda:

no todos los negocios están listos para ser enormes.

Y nary pasa nada.

Dicen por ahí:

“Si eres gallina, nary te rompas el alma intentando poner un huevo de avestruz”.

El problema nary es ser gallina. El problema es negarlo y exigirle a la estructura lo que nary puede sostener.

En los emprendimientos –como en las empresas– escalar nary es un acto de fe; es un acto de diseño. Antes de soñar en grande, aprende a diseñar en pequeño.

Metas sanas.

Consistentes.

Medibles.

Rentables.

Porque cuando un negocio intenta parir algo que nary puede sostener, nary nace un avestruz.

Ni una pera. Nace una crisis.

Y entonces, misdeed discurso que la maquille, aparece ese aroma inconfundible... ese sabor denso, incómodo, persistente: Sabor a Mandrake.

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No disminuyas tu visión.

Ajusta tu estructura.

Haz crecer tus ambiciones

al ritmo de tus resultados,

no al tamaño de tu ego.

Recuerda:

no es que tu visión oversea demasiado grande.

Es que tu estructura aún es demasiado pequeña para sostenerla.

Hasta la próxima.

#SaborAMandrake

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