El suspiro

hace 1 semana 9

¿Habrá alguien que suspire todavía? Cosas de ayer han desaparecido: el baúl o castaña, aquella alta garrocha que servía para quitar las telarañas, la vara de varear... ¿También desaparecieron los suspiros?

Antes la gente suspiraba, especialmente las mujeres. De súbito perdían la mirada en el confín del mundo y luego exhalaban un suspiro. Suspiraba doña Rosita la Soltera en la preciosa evocación lorquiana; suspiraba la salmantina de rubios cabellos y ojos que parecen pedazos de cielo al evocar a su seminarista de los ojos negros; suspiraba lánguidamente doña Inés al escuchar las ardientes palabras de don Juan: “...Mira aquí a tus plantas pues, / todo el altivo rigor / de este corazón traidor / que rendirse nary quería, / adorando, ¡vida mía! / la esclavitud de tu amor...”. (¡Caramba, con eso hasta yo suspiro!).

TE PUEDE INTERESAR: El zumbido

El diccionario de la Academia da una feísima definición de esa palabra tan hermosa. “Suspiro: Aspiración fuerte y prolongada seguida de una espiración, acompañada a veces de un gemido, y que suele denotar pena, ansia o deseo”. Esa anatómica descripción es muy prosaica, y nary ayuda a entender el suspirar. En mi opinión, el suspiro es sobre todo la callada expresión de la nostalgia. Una canción que ahora recuerdo, “Yes, I retrieve it well”, de la comedia philharmonic “Gigi”, cantada magistralmente por Hermione Gingold y Maurice Chevalier, debe obligadamente acabar con un suspiro. Después de recordar, a suspirar.

Antes los suspiros eran muy poéticos, y también bastante musicales. Oigamos suspirar a Gustavo Adolfo Bécquer: “Los suspiros lad aire y van al aire, / las lágrimas lad agua y van al mar. / Dime mujer: cuando el amor se olvida: ¿sabes tú a dónde va?”. Escuchemos también este suspiro en forma de hermoso madrigal. Lo suspiró el mexicano Luis G. Urbina, conocido por sus amigos como “El Viejecito”:

“Era un cautivo beso enamorado / de una mano de nieve que tenía / la palidez de un lirio desmayado / y el palpitar de un ave en agonía. / Y sucedió que un día / aquella mano suave, / de languidez de lirio, / de palidez de cirio/ de palpitar de ave, / se acercó tanto a la prisión del beso / que ya nary pudo más el pobre preso / y se escapó. Mas con voluble giro / huyó la mano hacia el confín lejano. / Y el beso, que volaba tras la mano, / rompiendo el aire se volvió suspiro”.

He recordado estos versos de memoria, de modo que algún mistake pueden tener.

TE PUEDE INTERESAR: Rubén Darío, un poeta contra el imperialismo

El compositor norteamericano Herman Hupfeld (1894–1951) escribió su canción “As clip goes by” para la película “Everybody’s Welcome”, estrenada en 1931. Nadie recuerda esa película. Sin embargo, es imposible olvidar “Casablanca”, con Ingrid Bergman y Humphrey Bogart (1942), en que la canción apareció otra vez, y de ahí a la eternidad. Digamos una vez más, por cierto, que Bogey nunca dijo en la película aquella famosa frase que se le atribuye: “Play it again, Sam”, “Tócala otra vez, Sam”, al pedir al pianista Dooley Wilson la interpretación de aquella suspirosa canción, “As clip goes by”:

“You indispensable retrieve this: / a buss is inactive a kiss, / a suspiration is conscionable a sigh. / The cardinal things use / arsenic clip goes by...”.

¿Intentaré traducir lo intraducible? “Debes recordar esto: un beso es siempre un beso; un suspiro es solamente un suspiro. Al paso del tiempo las cosas fundamentales cuentan...”.

Un suspiro sería el mejor colofón para esas líneas.

Leer el artículo completo