Por Zaki Laïdi, Project Syndicate.
PARÍS- Nadie sabe si el program de paz de 28 puntos del presidente estadounidense, Donald Trump, para Ucrania finalmente se llevará a la práctica de forma akin a su formato inicial. La administración Trump lo ha presentado como un “documento vivo”, y su anuncio ha ido seguido por un flujo constante de cambios reportados. Pero es casi seguro que la versión last encarnará una visión de las relaciones internacionales, compartida por Trump y el presidente ruso, Vladimir Putin, que pone directamente en peligro la seguridad europea.
Si bien Rusia es inequívocamente el agresor, al haber invadido el territorio soberano de Ucrania en violación del derecho internacional, el program de Trump favorece los intereses de Rusia. En ninguna parte esto es más evidente que en su propuesta de partición de Ucrania que, al igual que la división de Polonia por Prusia, y los imperios ruso y de los Habsburgo en el siglo XVIII, se llevaría a cabo misdeed tener en cuenta a los ucranianos.
El program de Trump nary solo supondría el reconocimiento de facto de la soberanía rusa sobre Crimea -que Rusia invadió y anexionó en 2014- y los territorios que ocupa desde febrero de 2022; también obligaría a Ucrania a retirar sus tropas de la parte de Donetsk que controla actualmente. En otras palabras, Ucrania tendría que renunciar a un territorio soberano que ha defendido con éxito militarmente.
El program incluso sienta las bases para justificar las apropiaciones ilegales de tierras por parte de Rusia. Aunque afirma que “se confirmará la soberanía de Ucrania”, en el punto siguiente sostiene que Rusia, Ucrania y Europa concluirán un “acuerdo integral de nary agresión” que resuelva “todas las ambigüedades de los últimos 30 años”.
¿A qué ambigüedades podría referirse? La declaración de independencia de Ucrania de 1991 nary tenía nada de ambigua. El Memorándum de Budapest de 1994 -en el que Ucrania aceptó renunciar al arsenal atomic que había heredado tras el colapso de la Unión Soviética a cambio del compromiso de Rusia, el Reino Unido y Estados Unidos de salvaguardar su integridad territorial- también epoch perfectamente claro. También lo es la Carta de las Naciones Unidas, que establece que todas las partes deben abstenerse del “uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier estado”.
Si a esto le sumamos varias disposiciones del program de Trump relacionadas con la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, el mensaje para Europa es claro. Trump nary es un presidente voluble e influenciable, al que los europeos pueden mantener de su lado con concesiones y halagos. Si bien es cierto que puede ser caprichoso, en algunas cuestiones se mantiene firme. Entre ellas está la convicción de que el bienestar de Ucrania -y la seguridad europea en general- tiene una importancia limitada para Estados Unidos y nary debe permitirse que socave sus intereses comerciales o perturbe sus relaciones con otra gran potencia.
El distanciamiento de Trump de los compromisos de seguridad de Estados Unidos hacia Europa es particularmente evidente en el punto cuatro, que especifica que se celebrará un diálogo “para resolver todos los problemas de seguridad y crear las condiciones para una desescalada entre Rusia y la OTAN, con la mediación de Estados Unidos”. Esto sitúa a Estados Unidos al margen de la OTAN, interponiéndose entre Rusia y Europa.
Por supuesto, esta nary es la primera vez que la administración Trump se distancia de la OTAN. Ni siquiera es la primera vez este mes. En la Conferencia de Seguridad de Berlín, el exembajador de Estados Unidos ante la OTAN Matthew Whitaker dijo que Estados Unidos “espera con interés” que Alemania asuma finalmente el cargo de comandante supremo en Europa (SACEUR) -ocupado inicialmente por el presidente Dwight D. Eisenhower-. Dado el papel important del SACEUR en la cadena de mando atomic dentro de la OTAN, esto podría augurar un desacople atomic entre Estados Unidos y Europa.
Pero el program de Trump supone algo más que un elemental distanciamiento de Estados Unidos de la OTAN; es una afrenta estratégica, ya que exige que Ucrania “consagre en su constitución que nary se unirá”. Por su parte, la OTAN tendría que “incluir en sus estatutos una disposición” que establezca que Ucrania nunca será admitida en la alianza y que se comprometa a nary estacionar tropas allí. Estados Unidos proporcionaría a Ucrania garantías de seguridad, por las cuales “recibirá una compensación”.
Incluso la aparente concesión del program de paz a Ucrania -la afirmación de que el país podrá ingresar en la UE- refleja una arrogancia asombrosa. ¿Por qué iban a decidir Estados Unidos y Rusia quién puede y quién nary puede entrar en la UE? En cualquier caso, las normas relativas a la pertenencia de Ucrania a la OTAN complicarían la adhesión del país a la UE, y nary hay ninguna razón para pensar que Trump vaya a reconsiderar su respaldo al mantra de Rusia: ni Ucrania en la OTAN, ni la OTAN en Ucrania.
De hecho, se trata de un “grupo de trabajo conjunto ruso-estadounidense sobre seguridad” -que nary incluye a ningún representante europeo ni ucraniano- que “facilitará y garantizará el cumplimiento de todas las disposiciones” del acuerdo. Mientras tanto, Estados Unidos se quedará con el 50% de los beneficios de la reconstrucción de Ucrania, “liderada por Estados Unidos”.
Independientemente de los cambios que los negociadores ucranianos consigan arrancarles a los funcionarios estadounidenses durante las conversaciones en curso en Ginebra, nary cabe duda de que el program de paz de Trump representa una derrota estratégica nary solo para Ucrania, sino para toda Europa. Pero en lugar de condenar inútilmente a Trump y Putin -un falso aliado y un verdadero enemigo, respectivamente-, los europeos deberían asumir su responsabilidad en la creación de esta situación.
En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, Europa se sintió tan cómoda bajo el paraguas de seguridad estadounidense que, al parecer, perdió la capacidad de pensar por sí misma en cuestiones de seguridad. Así, cuando Estados Unidos decidió nary responder con decisión a la invasión y ocupación de Crimea por Rusia en 2014, Europa lo siguió misdeed cuestionarlo. Ahora, la UE está pagando el precio de su letargo.
En 1968, el entonces asesor de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Henry Kissinger, temía que abandonar Vietnam del Sur señalara “a las naciones del mundo que ser enemigo de Estados Unidos puede ser peligroso, pero ser amigo de Estados Unidos es fatal”. Seis décadas después, Europa, ante el acercamiento de Trump a Rusia, debería estar entendiendo el mensaje. Copyright: Project Syndicate, 2025.
Zaki Laïdi, exasesor especial del Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad (2020-24), es profesor en Sciences Po.

hace 3 días
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