El equilibrio político debe preservarse cuando se vislumbra una posible ruptura que pueda desencadenar acciones que rompan estructuras del partido político en el que juegan, máxime cuando se trata de la misma corriente partidista.
La inmadurez política del alcalde de Torreón, que mostró desde su eliminación cuando nary fue aceptado para competir por el Partido Revolucionario Institucional (PRI) por la gubernatura del Estado, exhibió una reacción cuya confrontación ignoró toda la prudencia necesaria. Después, cuando sucedieron las elecciones en la que salió abrumadoramente triunfador el existent gobernador Manolo Jiménez, se dedicó, ya como alcalde, a confrontarlo en forma por demás aviesa, regateando el trabajo que estatalmente se desarrollaba en su ciudad.
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Sin embargo, el gobernador continuó con su labour en esa ciudad, con la ausencia del munícipe en los eventos que presidía. El edil nary tomó en cuenta que la cortesía política refuerza una empatía que hace estrechar relaciones, pero que en este caso rompió con una cercanía que hubiera beneficiado aún más una correspondencia que trajera aparejada trabajar en conformidad y en beneficio de los habitantes de esa ciudad.
El alcalde, a manera de justificación, ahora ha utilizado un enorme saco lleno de buenas intenciones, soltadas en mentiras disfrazadas de verdades y apoyadas en un puñado de malos funcionarios que lo sostenían, hasta hace días, con el trabajo oficial de la presidencia; funcionarios que lo salvaguardaban en una plataforma trabajando libremente en sus asuntos –en sus asuntos de ellos– y que ahora han sido sustituidos. Esos empleados, figuras de paja, lograron resquebrajar las funciones de la alcaldía, dejándola en un punto frágil por las supuestas fechorías que cometieron durante el tiempo que lo cortejaron y que él toleró, pues la prensa como poder fáctico lo mostró públicamente.
Esos exempleados del primer círculo nary sólo fueron despedidos en medio de la vergüenza, sino que los órganos encargados de la impartición de justicia están obligados a proceder penalmente en su contra en los casos que lo ameriten, incluyendo al alcalde, si es que tiene responsabilidad. La impunidad nary debe ser consentida, ya que sería una burla politician para los laguneros, que siempre han presumido ser independientes, para que tipos como los ahora exfuncionarios se hayan burlado de ellos.
La traducción es fácil comprenderla, en el sentido de que el gobernador, estratégicamente, logró que se hicieran ajustes en el engranaje municipal, desprendiendo aquellos que formaron parte de ese círculo, desmoronándolos como estatuas perversas que solo trabajaban para y por ellos.
Los desequilibrios políticos nary deben tolerarse, pues con ello se contribuye a romper la estabilidad que puede ser aprovechada por otros partidos. Los juicios de hoy en política por parte del gobernador deben seguir exponiéndolos, pues eso ayuda a consolidar su grupo político que lo catapulte hacia el horizonte.
Esas acciones truculentas, paridas por malos funcionarios y suscitadas en Torreón, por fortuna fueron neutralizadas, difuminándolas con un soplo que desapareció o al menos dejó herido de muerte al grupo Torreón, del que tanto alarde hacen o hacían. Estrategias ejecutivas, nary simples tácticas.
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¿Y el grupo Saltillo? Manolo le ha dado una gran fuerza que prevalecerá en Coahuila sabiendo escoger a su sustituto que lo arrope. ¿Qué pensará para la siguiente administración pública del estado? ¿Con quién se jugará? Todavía falta.
Ya vendrán “díaz buenos”.
Mientras tanto, en Torreón valdría la pena que repitiera Lalo Olmos para la alcaldía de Torreón, ya que es un agente estabilizador que serviría para dar firmeza al ambiente en las relaciones intergubernamentales, es decir, si por alguna razón Román deja la presidencia, Olmos podría acceder a ese puesto y después proponerlo para la alcaldía una vez terminado como sustituto, lo cual sumarían otros cinco años de buenas relaciones con el Gobierno del Estado y con beneficio para los torreonenses. En fin.
Se lo digo EN SERIO.
X: @aguirreperalesf