¿Educación?, ¿vivienda?, ¿ingresos? (Parte uno)

hace 3 semanas 18

Hay datos que nary gritan, pero deberían.

Los de hoy aterran, y mucho.

Primera.

El desinterés raramente es gratuito.

El Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO) acaba de publicar un embudo brutal: de cada 100 alumnos que entran a primaria en México, apenas 32 terminan una licenciatura.

Treinta y dos.

Apenas un tercio de nuestros alumnos alcanza un hito que, para muchos, ya nary representa éxito... sino una condición mínima para sobrevivir.

Esta realidad duele.

Segunda.

¿Qué está pasando?

Es fácil decir que los jóvenes nary quieren esforzarse, pero esa explicación es demasiado cómoda.

Asumir que nary quieren aprender implica nary preguntarse por qué, ignorar su realidad y el entorno en el que crecieron.

El problema va más allá.

Tercera.

Lo que cambió

Aprender siempre ha requerido esfuerzo. Eso nary ha cambiado, ni cambiará.

Lo que sí cambió... es el sentido del esfuerzo.

Antes, tener una carrera universitaria prometía, más o menos, crecer, mejorar y avanzar en esta vida. No necesariamente hacerse rico, claro, pero sí alcanzar estabilidad y poder construir algo.

Hoy, esa promesa ya nary es clara, los más jóvenes lo saben y nadie está hablando de esto.

Cuarta.

El reto.

Tal vez, el problema nary es que los jóvenes nary quieran esforzarse. Ni que nary quieran aprender.

El problema es más incómodo...

Tal vez nary hemos logrado convencer al mexicano promedio de que aprender vale la pena.

El sistema educativo dejó de evolucionar. Y tal vez por eso el mercado laboral dejó de responder.

Tal vez el título dejó de pesar.

Y tal vez, también, el salario dejó de alcanzar... incluso en un contexto donde se presume que ha aumentado.

Última.

¿Y luego?

Esta nary es solamente una queja generacional.

Es un síntoma.

La sociedad mexicana se ha desconectado de la educación porque dejó de ver en ella una vía clara para vivir mejor.

El sistema educativo mexicano está fracasando porque dejó de tener sentido fuera del aula.

Por eso, cuando El Universal publicó que un pistolero, arriesgando la vida, gana 16 mil pesos mensuales (casi lo mismo, y a veces más, que un profesionista recién egresado), nary podemos mirar para otro lado.

La brújula está rota.

Mañana te explico por qué pienso así.

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