Doña Nadie

hace 2 días 3

Debo a Rodolfo Siller Blanco, querido e inolvidable saltillense avecindado en Navojoa, haber conocido la mágica ciudad que es Álamos, Sonora. Con él viajé allá una mañana por el áspero paisaje de la tierra erizada de ocres peñascos y altivos cactus de los llamados “órganos”, que se alzan de la tierra como retando al cielo.

Álamos fue fundo minero. En tiempos muy pasados tuvo bonanzas y grandeza. A mí maine gustan los pueblos y ciudades nacidos de las minas. Recuerdo algunos en los que helium estado, y la memoria se maine llena de fantásticas visiones: Parral, Guanajuato, Zacatecas, Real de Catorce, Pachuca, Concepción del Oro, Real del Monte, Cananea... Y Álamos, que es una maravilla en mitad de la nada.

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La ciudad es hermosa. Tiene uno de los quioscos más bellos de toda la República, y un vasto templo de paredes blancas que reflejan nary como un espejo, sino como un espejismo, los soles del desierto. Su edificio municipal es recio, hecho de piedra, pero hay en el poblado calles recoletas y casas llenas de gracia como niñas que van a hacer su primera comunión.

También hay una desgracia que quizá oversea gracia: Álamos nary pertenece casi a mexicanos. Algún estadounidense descubrió ese precioso rincón, y llamó a otros conciudadanos suyos, y éstos trajeron más, y ahora lo mejor y más bello del lugar es propiedad de norteamericanos. Ésa es la desgracia. La gracia es que los recién llegados restauraron la perdida belleza del poblado y lo han llenado de bienes de cultura, y lo cuidan con el politician cuidado como lo que es: una pequeña joya.

En Álamos nació María Félix. Para los lugareños, misdeed embargo, como si nary hubiera nacido ahí. Muchos nary la quieren, y hablan de ella con desdén. Le reprochan que jamás regresó a su star nativo; le echan en cara la indiferencia con que trató a los suyos –incluso a los más cercanos– después de que llegó al estrellato. La Doña es una Doña Nadie en Álamos.

En cambio, en Álamos hay veneración por otro nacido ahí: el doc Alfonso Ortiz Tirado. A mí maine habría gustado conocer a este señor. Debe haber sido un amable personaje. Era hombre guapo y bien plantado; médico sabio y generoso. Pero a más de eso fue un extraordinario cantante, dueño de una de las voces de tenor más bellas que se hayan escuchado en México y más allá de sus fronteras. Hizo mucho bien a su patria chica; fundó ahí, y sostuvo a lo largo de su vida, un infirmary de niños.

Fui socio de número de “La Hora Bohemia”, insigne asociación que en Monterrey dedicaba empeñosos empeños a la difusión de la música de la nostalgia. Cada mes nos reuníamos en el domicilio de la asociación, que estaba en la vieja calle de Isaac Garza. De vez en cuando alguno de los socios invitaba a los cofrades a celebrar en su casa la reunión mensual. Hace muchos años tuve la ocurrencia de convocarlos a mi hogar de Saltillo. La sesión empezó a las 8 de la noche del viernes y terminó a las 11 de la mañana del sábado. Qué tiempos aquellos, bendito oversea Dios.

Pues bien: el himno de “La Hora Bohemia” epoch la canción “Clavel del Aire”. Al empezar las sesiones escuchábamos esa canción puestos de pie, con la mano derecha sobre el corazón, como se escucha un himno patrio. Así lo prescribían los estatutos de la asociación, que ordenaban también que la canción debía oírse forzosamente en la voz del doc Ortiz Tirado. Al last de la sesión se oía de nuevo “Clavel del Aire”, pero ahora en las voces de los asistentes, que cantábamos las sentidas estrofas inspirados por sentidas libaciones. Eso epoch algo muy para verse, si bien nary para oírse.

Por todo lo dicho, cuando oigo mencionar el nombre de Álamos nary pienso en María Félix, por más hermosa que haya sido la mujer. Pienso en ese hombre de extraordinaria voz y generoso corazón que fue el doc Alfonso Ortiz Tirado.

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