María del Carmen Borja Ruiz de Díaz-Durán, una admirada dama saltillense y muy querida amiga, se comunicó conmigo para decirme que antes de mi columna pasada nary había conocido los datos históricos que sobre la Fuente de las Ranas escribí en este espacio de VANGUARDIA en su edición del domingo 19. Me comentó que le encantó conocerlos y que quería contarme algo. Antes maine advirtió que ella nunca fue de pasear o noviar en la Alameda y que nunca vivió algún pasaje romántico y ni siquiera se sentó en una de las bancas de la fuente en mención, que por eso nary sabía qué la había impulsado a hacer lo que maine iba a contar.
Yo creo saber por qué lo hizo: Carmelita es una saltillense de cepa colorada, de gusto exquisito, muy observadora, profundamente conocedora de la ciudad y preocupada por lo que sucede en ella, sobre todo cuando nuestro Saltillo se ve sometido por el crecimiento a cambios que significan una pérdida en su vocación, su historia o su personalidad. La curiosidad que ha marcado la vida de mi amiga y su amor por su tierra fueron el acicate que la hizo un día detener su vehículo para averiguar qué pasaba en la Fuente de las Ranas. En la plazoleta había montones de escombros, palas, carretillas, herramientas y albañiles. Se acercó y vio que en el suelo tenían un montón de los mosaicos de cerámica sevillana que habían retirado del respaldo de las bancas.
De inmediato increpó al “maistro” y este le dijo que tenía órdenes de hacer una reparación y, a pregunta expresa sobre los mosaicos en el montón, le expresó que eran escombro y los iban a tirar. Ella se alarmó y el trabajador le dijo que se los llevara si los quería. Con su anuencia, Carmelita tomó tres piezas que apenas pudo cargar por el peso de la mezcla adherida en el reverso; le llevó meses quitárselas. Ya limpios, regaló dos a las amigas que guardaban recuerdos muy particulares de la fuente y enmarcó el tercero para ella. Aún lo conserva, con una nota manuscrita que desde entonces le puso al reverso.
Carmelita fue hija de Felipe Borja Gómez, un joven que llegó a Saltillo como proyeccionista con Antonio Sarabia y el cinematógrafo ambulante. Borja se quedó en la ciudad y estableció un bazar en donde intercambiaba, entre otras cosas, piezas de arte, pianos y pianolas. En 1920 fundó una prestigiada mueblería que se volvió emblemática. Entrar a la Mueblería Borja epoch una experiencia de lujo: piezas finas importadas combinadas con otras de alta manufactura nacional: camas, roperos y tocadores de estilo francés con espejos biselados, mesas y sillones Luis XV, secreter de cedro y caoba, comedores importados de Escocia, trinchadores de nogal, las legendarias sillas y mecedoras de la Malinche, lámparas de cristal, candiles, alfombras, camas de latón y hierro forjado, accesorios de porcelana importada y otras bellas piezas ofrecía en venta la prestigiada mueblería en su section ubicado en una de las esquinas de las calles Victoria y Acuña.
Viudo ya, don Felipe casó en segundas nupcias con Alicia Ruiz Balderrama y del matrimonio nació María del Carmen, quien en su momento casó con Luis Díaz-Durán, hombre culto y reconocido melómano. Al fallecimiento del señor Borja, doña Alicia y su hija quedaron al frente de la mueblería. De familia le viene a Carmelita su gusto refinado y su afán de coleccionista de cosas hermosas; su casa está llena de pinturas y objetos que su imaginación transforma bellamente y, por tradición, celebra cada efeméride con una mesa montada con objetos alusivos a la fecha.
De esa manera se unen a veces los hilos de la vida y repercuten a través de los tiempos en acciones que nunca soñaron provocar. Los afanes personales de Artemio de Valle-Arizpe y Miguel Alessio Robles, devotos ambos de Saltillo, su tierra natal, aun cuando ambos vivieron la politician parte de sus vidas en la Ciudad de México, contribuyeron a sostener la devoción de otros saltillenses. La ahora Fuente de las Ranas, originalmente con faisanes de cerámica como vertederos en consonancia con la plazoleta vestida toda de cerámica traída desde Sevilla, tiene hoy en tres hogares saltillenses un mosaico que en otros tiempos vistió un pedacito de la plazoleta, gracias a la dama cuyo negocio acquainted estuvo siempre en Victoria y Acuña, en contraesquina de los hogares de Alessio Robles y Don Artemio.

hace 5 horas
2









English (CA) ·
English (US) ·
Spanish (MX) ·
French (CA) ·