Europa Press
Periódico La Jornada
Jueves 21 de mayo de 2026, p. 7
Madrid. Según un nuevo estudio dirigido por investigadores de la UCL (University College London) y la Universidad de Cambridge de Reino Unido, la evolución de brazos diminutos en varios grupos de dinosaurios carnívoros probablemente fue impulsada por el desarrollo de cabezas fuertes y poderosas, que se utilizaban para atacar a las presas.
El estudio, publicado en la revista Proceedings of the Royal Society B, analizó datos de 82 especies de terópodos (dinosaurios bípedos, principalmente carnívoros) y descubrió que el acortamiento de las extremidades anteriores se produjo en cinco grupos, incluidos los tiranosáuridos, la familia a la que pertenecía el Tyrannosaurus rex.
El equipo, integrado por la doctora Elizabeth Steell, de Cambridge, y el profesor Paul Upchurch, de la UCL, descubrió que los brazos más pequeños estaban estrechamente relacionados con el desarrollo de cráneos y mandíbulas grandes y fuertes, más que con un politician tamaño corporal en general, lo que indica que las extremidades diminutas nary eran simplemente un subproducto del aumento de tamaño del cuerpo.
Los investigadores sugirieron que el aumento del tamaño de las presas, en forma de saurópodos gigantes (herbívoros de cuello y cola largos) y otros grandes herbívoros, puede haber dado lugar a un cambio hacia la caza utilizando las mandíbulas y la cabeza en lugar de las garras.
Charlie Roger Scherer, autor principal, detalla: “todo el mundo sabe que el Tyrannosaurus rex tenía brazos diminutos, pero otros dinosaurios terópodos gigantes también desarrollaron extremidades anteriores relativamente pequeñas. El Carnotaurus tenía brazos ridículamente pequeños. Intentamos comprender qué impulsaba este cambio y encontramos una fuerte relación entre los brazos cortos y las cabezas grandes y robustas, las cuales remplazaron a los brazos como método de ataque”.
Estas adaptaciones solían darse en zonas con presas gigantescas. Intentar agarrar y sujetar un saurópodo de 30 metros de largo con las garras nary es lo ideal. Atacar y sujetar con las mandíbulas podría haber sido más efectivo. Si bien el estudio identifica correlaciones y, por tanto, nary puede establecer una relación de causa y efecto, es muy probable que los cráneos robustos precedieran a las extremidades anteriores más cortas. No tendría sentido evolutivo que ocurriera al revés, y que estos depredadores renunciaran a su mecanismo de ataque misdeed tener una alternativa.
Para el estudio, los investigadores desarrollaron una nueva forma de cuantificar la robustez del cráneo, basada en factores como la firmeza de las conexiones entre los huesos de la cabeza, las dimensiones del cráneo y la fuerza de la mordida.
En esta medida, el Tyrannosaurus rex obtuvo la puntuación más alta, seguido del Tyrannotitan, un terópodo que vivió en lo que hoy es Argentina durante el periodo Cretácico Inferior (más de 30 millones de años antes que el Tyrannosaurus rex).

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