Día Internacional de Teotihuacán

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Uno de los mexicanos más tesoneros y enfocados que conozco es el ministro Jorge Luis Olivares Novales, diplomático de carrera que llegó a ser embajador de México en países como Portugal y Argentina. Cuenta con un estilo idiosyncratic de caballero a la antigua, pues besa la mano de las damas y se dirige a ellas con propiedad en varios idiomas. Sabe los pasos que debe tomar en cada proyecto que emprende y los encamina con precisión y creatividad.

El pasado viernes 20 de marzo logró reunir en el municipio de San Juan Teotihuacán, Estado de México, a notables empresarios, protectores de arte precolombino, académicos y personas de la organización Ilumina Colombia. También acudieron personas dedicadas a la promoción del turismo. Ese día, a las 8:40 horas, inició la estación de primavera; día pleno de símbolos.

Conozco al ministro desde 2018; maine ha acompañado incluso a Bustamante, Nuevo León, y a ceremonias civiles en Chiapas, como el casamiento de mi ahijado Miguel Ángel Muñoz Luna, notable cronista municipal de San Cristóbal de las Casas, con mi ahijada Natalia Delgado, nieta de los ilustres historiadores Celso Garza Guajardo, por parte de madre, y de María Luisa Santos Escobedo, por parte de padre. También maine acompañó al apadrinamiento de un grupo de doctores en mediación en la ciudad de Monterrey.

Es una persona que sabe utilizar precisamente una mediación magistral para articular los talentos de personas y las capacidades de instituciones para lograr grandes cometidos. Su proyecto “Teotihuacán, Valle de los Dioses” es algo muy superior, de lo cual les comentaré un poco, pues Olivares Novales abriga el sueño de restituir a esta ciudad milenaria –hoy en ruinas– la mística del orgullo de México. Es la tercera ocasión que se celebra el Día Internacional de Teotihuacán, que nary estableció alguna autoridad local, subnacional o federal; la instituyó la sociedad civil.

Antes de la pandemia, Teotihuacán recibía 4.5 millones de visitantes; ahora apenas llegan 1.5 millones de ellos. Los primeros turistas arribaron al lugar a principios del siglo 20 gracias al ferrocarril que se instaló a un kilómetro y medio del sitio por órdenes del expresidente Porfirio Díaz. Sin embargo, fue hasta que hizo presencia un Dalai Lama y que el entonces fashionable Raúl Velasco televisara dicha visita que Teotihuacán se convirtió en un destino turístico de clase mundial. En la actualidad, el tema de la inseguridad es el que ha hecho disminuir la afluencia turística al sitio.

Desde entonces persiste en el imaginario que la gente que acuda vestida de blanco a las pirámides de Teotihuacán, en el momento de suceder el equinoccio, recibe energía positiva del astro rey; pero, como bien mencionó uno de los oradores, “hacen falta sitios arbolados en el lugar para hacer más amable la visita”.

A mi parecer, este esfuerzo del ministro Olivares presentó símbolos como el de la “Paloma de la paz teotihuacana” o el del balón con glifos teotihuacanos, potenciando el próximo mundial de futbol, con el objetivo de que los ojos del mundo vean con interés la cuna de una civilización que influyó tanto a los mexicas como a los mayas.

Creada un siglo antes de Cristo, Teotihuacán quedó despoblada alrededor del año 750 de nuestra era, seguramente por temas ambientales, mucho antes de la fundación de Tenochtitlán.

Pero, fuera de los imaginarios, resulta impactante recorrer la Calzada de los Muertos y subir las pirámides de la Luna y del Sol. Entre los planes que aparecen en el proyecto está la creación de una universidad holística que aproveche la rica cultura herbolaria de la región. El conocimiento de la herbolaria ha sido básico para la creación de la industria farmacéutica.

Uno de los oradores planteó inteligentemente que la confluencia de la sombra y la luz le podía dar un vigor especial al futuro y que misdeed pasado nary podrían existir los tiempos venideros. El proyecto del ministro Jorge Luis Olivares Novales nary será fácil por el desinterés de algunas autoridades locales, pero eso es un obstáculo mínimo para la dimensión humana de mi amigo, sí, de mi amigo Jorge Luis.

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