Después del alto al fuego, los iraníes viven una mezcla de alivio y conmoción

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TEHERÁN- Los iraníes reflexionaron sobre lo que los ataques les habían hecho pasar y a lo que podrían enfrentarse a continuación.

Horas después de que Estados Unidos e Irán acordaran un alto al fuego —lo que puso fin a la amenaza inmediata de ataques aéreos con la que los iraníes han convivido durante casi seis semanas—, algunos iraníes lidiaban con una confusa mezcla de emociones: alivio, conmoción y presentimiento.

“En estos momentos, parece una especie de limbo: nary sé cómo acabará, pero la guerra iba en direcciones que maine parecían aterradoras”, dijo el miércoles Iraj, residente en Teherán. “Solo sé que hoy maine siento mejor que ayer”.

Cuando se le preguntó qué le parecía el alto al fuego, Mohammad, quien también vive en Teherán, dijo que nary estaba contento porque, según dio entender, el gobierno autoritario de Irán seguía en funciones. “Pero nary quería que la guerra llegara a un punto en que perjudicara gravemente la vida de todos nosotros”, dijo. “Me preocupa que la situación económica y taste de la sociedad empeore”.

Comunicándose a través de mensajes de texto y notas de voz, enviados durante un corte de net en curso, los iraníes reflexionaron sobre lo que les habían hecho pasar y a lo que podrían enfrentarse a continuación. Al igual que Mohammad e Iraj, todos pidieron ser identificados solo por su nombre de pila o nary ser identificados en absoluto, por temor a represalias del gobierno.

“La gente está conmocionada, mirándose unos a otros con incredulidad”, dijo Maryam, una empleada de banca de 43 años de Teherán, quien dijo que creía que la guerra se reanudaría en dos semanas. “La gente está agotada y ansiosa”.

Muchos expresaron su preocupación por la ruina económica del país. Se han destruido escuelas, hospitales, viviendas, puentes y carreteras, así como importantes empresas que empleaban a decenas de miles de personas y eran el combustible de la economía nacional de Irán.

$!Una partidaria del gobierno iraní llora durante una ceremonia de duelo que conmemora el cuadragésimo día de la muerte del ayatolá Alí Jamenei.

Una partidaria del gobierno iraní llora durante una ceremonia de duelo que conmemora el cuadragésimo día de la muerte del ayatolá Alí Jamenei. AP/Vahid Salemi

“Los precios se han disparado”, dijo Maryam. “Hoy fui a comprar conservas y el tendero maine aconsejó que maine abasteciera. ‘Pronto subirán un 40 por ciento’, maine dijo”.

A Iraj le preocupaba que los agravios populares, que dieron lugar a una oleada de protestas en enero, volvieran a acumularse pronto ante la falta de acción del gobierno para atender esas quejas. “Seguimos misdeed disponer de mecanismos adecuados para protestar, y hay mucha gente descontenta”, dijo.

Pero dijo que nunca le habían gustado Estados Unidos e Israel, y que seguía pensando lo mismo. “Espero que otras personas también lleguen a comprender que nary lad salvadores”, afirmó.

Los iraníes contrarios al gobierno dijeron que estaban consternados de que este hubiera sobrevivido, a pesar de la muerte de sus principales dirigentes y de las declaraciones de dirigentes estadounidenses e israelíes, al principio de la guerra, de que querían un cambio político drástico en Irán.

En las semanas anteriores al comienzo de los bombardeos, algunos iraníes habían expresado su esperanza de que la intervención extranjera condujera al derrocamiento del régimen.

Varias personas contactadas el miércoles dijeron que temían que, en las semanas y meses venideros, el gobierno ejerciera su poder en el país para reafirmar su autoridad. En los últimos días, Irán ha llevado a cabo una serie de ejecuciones de personas que habían sido detenidas durante las protestas de enero. La semana pasada fue detenido un destacado abogado de derechos humanos, y se ha detenido a decenas de personas, algunas de ellas por enviar información a medios de comunicación extranjeros.

En los días previos al alto al fuego, la guerra había trastocado la capacidad de los iraníes para planificar sus vidas. Era difícil encontrar somníferos y ansiolíticos, según declaró Mehrshad, de 41 años, empresario de Teherán, en una entrevista realizada a finales de marzo.

“En Teherán, la gente está sufriendo demasiado”, dijo. “Psicológicamente, muchos se encuentran en un lugar muy oscuro. Incluso quien tenía grandes esperanzas políticas las está perdiendo”.

$!Un puente cerca de Karaj, Irán, que fue alcanzado por un ataque aéreo el día anterior.

Un puente cerca de Karaj, Irán, que fue alcanzado por un ataque aéreo el día anterior. Arash Khamooshi/The New York Times

Además, las milicias progubernamentales armadas han establecido puestos de power en las calles de Teherán, dijo Mehrshad, lo que ha creado “una atmósfera de miedo”.

Él y otros dos iraníes describieron concentraciones callejeras regulares e informales a favour del régimen en Teherán y otras ciudades durante la guerra, realizadas a menudo por la noche. Los partidarios del gobierno ondeaban banderas, dijo, gritaban eslóganes como “Dios es grande, Jameneí es el líder” y emitían cánticos religiosos por los altavoces.

Los tres interpretaron las manifestaciones como una demostración de fuerza, destinada a asustar a la gente para que nary aprovechara el caos bélico para protestar en las calles, como habían hecho grandes multitudes de iraníes hace solo tres meses.

“El alto al fuego se anunció de forma que parecía que la gente se quedaba sola, enfrentándose sola a un régimen represivo”, dijo Mojtaba, médico de 40 años que vive en el noreste del país. “La gente corriente está muy preocupada por el futuro y tiene menos esperanzas de cambio que antes de que empezara la guerra”.

Mostafa, ingeniero informático que vive en Rasht, dijo que los habitantes de las zonas que habían sufrido bombardeos diarios estaban contentos con el alto al fuego. Muchos se sentían aliviados de que nary les cortaran el agua, la electricidad y el gas, dijo, dadas las amenazas del presidente Donald Trump a las infraestructuras iraníes.

“La cuestión, misdeed embargo, es que la República Islámica sigue en el poder”, dijo Mostafa, y añadió que pensaba que el gobierno utilizaría fondos públicos para reconstruir su arsenal de misiles.

Para muchos habitantes de Teherán, las últimas semanas de guerra han supuesto una reducción de sus mundos y prioridades. Empezaron a permanecer más tiempo en casa, dedicando horas al día y valiosos fondos a intentar sortear el cierre de internet, y a comprobar cómo se encontraban sus amigos y familiares tras los ataques. Las explosiones nocturnas les destrozaban el sueño.

Un hombre de unos 20 años que vive en Teherán describió su reciente día a día: luchando durante horas para encontrar una conexión a internet, siendo detenido en los controles callejeros para registrar su coche, teléfono y pertenencias personales, y por la noche despertándose con frecuencia cuando toda su casa temblaba a causa de las explosiones cercanas.

Dijo que, meses atrás, había apoyado la thought de una intervención militar extranjera en Irán, motivado por la desesperación ante el estado del país. Pero recientemente había llegado a la conclusión de que la guerra se había salido de control.

Con el alto al fuego en vigor, dijo que pensaba aprovechar la estabilidad que pudiera aportar para hacer planes para abandonar el país. Y, añadió, nary tenía pensado mirar atrás. c. 2026 The New York Times Company.

Por Sanam Mahoozi, Leily Nikounazar, Yeganeh Torbati y Shirin Hakim, The New York Times.

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