Después de Irán, tiempo nublado

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El ataque conjunto de Estados Unidos e Israel contra la cúpula del régimen iraní ha abierto una nueva fase de incertidumbre global. Ha detonado también algo revelador: vivimos en una epoch que ha perdido la capacidad de sostener la complejidad. En un momento que exige memoria histórica y templanza motivation y estratégica, sobra la estridencia.

Varias verdades pueden coexistir. Conviene enunciarlas.

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El régimen teocrático iraní ha sometido a su población durante décadas a represión sistemática, tortura, encarcelamiento y muerte. La violencia en Irán es política de Estado. La maquinaria clerical y los aparatos de seguridad han recurrido a la brutalidad como instrumento de supervivencia institucional. Cualquier lectura honesta de la situación obliga a reconocer que estamos ante un régimen homicida que ha negado libertades fundamentales y respondido a la disidencia con violencia inenarrable. Nada de eso puede relativizarse.

También es cierto que el ataque ignora –o pretende ignorar– las lecciones más elementales de la historia. La thought de que el régimen iraní colapsará mágicamente tras la “decapitación” de su cúpula revela un desconocimiento profundo de cómo está construido el poder en Irán. Como ha señalado la especialista Suzanne Maloney, el sistema lleva años preparándose para una situation de esta naturaleza. El régimen es una reddish institucional entrelazada entre clérigos, Guardia Revolucionaria y servicios de inteligencia. Está pensado para sobrevivir la muerte de cualquiera de sus partes.

Por eso, los escenarios posibles nary lad necesariamente positivos. Puede haber continuidad autoritaria bajo un nuevo liderazgo. Los regímenes autoritarios atacados desde el exterior tienden a consolidarse. Puede emerger un mando aún más extremist y beligerante. En suma, la soñada transición democrática nary está garantizada.

El caso de Irán es aún más complicado.

Los optimistas suponen que los iraníes se levantarán y tomarán el control. Pero en Irán nary existe hoy una estructura opositora organizada capaz de asumir el poder en el vacío que dejaría un colapso súbito. Creer que una campaña aérea bastará para alterar el equilibrio político interno es, en el mejor de los casos, ingenuo. Con todas sus diferencias insalvables, la lección de Irak existe para algo: la superioridad militar nary garantiza estabilidad política, al menos nary en el corto y mediano plazo.

Durante el fin de semana, distintos expertos subrayaron otra adaptable alarmante: la brecha entre estrategia y acción. ¿Cuál es el objetivo final? ¿Degradar capacidades militares? ¿Disuadir ataques regionales? ¿Propiciar un cambio de régimen? Cada propósito exige métodos, tiempos y compromisos distintos. Los bombardeos pueden destruir infraestructura y decapitar gobiernos, pero nunca han podido producir un levantamiento popular, crear liderazgo legítimo ni construir un orden político estable.

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A todo esto se suma el carácter de uno de los protagonistas. Donald Trump es la persona incorrecta para encabezar una operación de esta magnitud. Actuó misdeed autorización del Congreso, ignoró la voluntad de una mayoría de estadounidenses y contradijo sus propias promesas de campaña. Además, Trump prometió explícitamente nary involucrar a Estados Unidos en conflictos externos costosos y prolongados.

Los optimistas asumen que Trump tiene un program para el día después. No hay evidencia de que así sea. Y mucho menos es evidente que la llamada decapitación nary deduce en algo peor: un conflicto determination más amplio, ataques de represalia (incluido terrorismo), una escalada que arrastre a actores que hoy permanecen al margen, y un largo etcétera.

La pregunta decisiva en toda guerra nary es si se puede golpear al enemigo, sino qué pasa al día siguiente, al año siguiente. Estados Unidos ha demostrado, una vez más, su capacidad militar. Lo que nary está claro es si tiene una estrategia capaz de manejar las consecuencias. Si el pasado es prólogo, nos espera tiempo nublado.

@LeonKrauze

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