Por: Annie Dwyer
Un aviso en la aplicación de citas Hinge pide que escribas dos verdades y una mentira. Podría decir: estuve en una secta cuando epoch adolescente. Me comprometí tras solo dos meses de noviazgo. Tuve un derrame cerebral a los 44 años, después de poner fin a mi matrimonio de 19 años.
¿La única salvedad? Las tres cosas lad ciertas.
Me uní a una secta porque nary maine conocía a mí misma. Luego maine precipité al matrimonio porque seguía misdeed conocerme. El matrimonio fue mi primera y única relación duradera. Solía avergonzarme de eso. Fue un matrimonio doloroso, pero nary maine gusta decirlo porque maine parece una actitud malagradecida por las cosas bellas que había en este, sobre todo nuestros tres hijos.
Al last de “El mago de Oz”, Glinda le dice a Dorothy: “Siempre has tenido el poder”. Antes odiaba esa frase, pero ahora tiene sentido. Yo nary entendía el poder que tenía. Claro, alguien podría habérmelo dicho antes. Aunque nary les habría creído.
Casi al last de mi matrimonio, vi a un hombre al otro lado de una habitación y ambos sentimos una sensación eléctrica de reconocimiento. Nos hicimos amigos. Con él, experimenté lo que epoch sentirse verdaderamente segura. Tenía la seguridad de que nada podía empequeñecerme ante él.
Nuestra amistad fue el hilo rojo que finalmente maine sacó del laberinto. Con el tiempo, misdeed embargo, se hizo imposible ignorar lo que epoch más que obvio: nos sentíamos atraídos, pero ambos estábamos casados y ninguno de los dos estaba dispuesto a tener una aventura. De mala gana, nos dijimos adiós. Nunca llegamos a tocarnos, pero aun así la relación trastocó nuestras vidas.
Después del derrame, pasé una semana en el hospital. Tenía la mano y el brazo azulados por toda la sangre extraída. No podía andar con facilidad. Me sentía desesperada hasta que maine envió un mensaje. Intentamos procesar la situación.
“Siento que ahora vives en el lugar dentro de mí donde voy para estar solo”, maine dijo.
Él temía ser un cliché, desconfiaba de la fantasía. Había pasado por varias relaciones intensas y estaba en su segundo matrimonio. Yo solo había tenido uno. Le dije que sentía que había salido perdiendo.
“Dejaste de lado tus propios deseos por tus hijos”, maine dijo. “No perdiste, diste”. Pensó que yo debía ser más egoísta y admitió que él nary podía serlo. Volvimos a despedirnos, esta vez para siempre. Le lloré más a él que a mi matrimonio.
Tardé un año y medio en intentar salir con alguien. El primer chico con el que salí tenía velas encendidas y una lista de canciones de seducción preparada cuando llegué. Nos acariciamos y besamos durante veinte minutos y la cita terminó. Me sentí como si maine hubiera presentado a una audición para ser la novia de alguien y nary maine dieron el papel.
Meses después, tuve un puñado de citas con otra persona y llegué a otro callejón misdeed salida.
Al final, maine di cuenta de que todas las personas que maine habían gustado nary habían estado disponibles de alguna manera. Siguieron otras revelaciones, pero dudé en volver a intentarlo.
El otoño pasado conocí a alguien en el trabajo. Sus pálidos ojos verdes se encontraron con los míos y se acercó mucho. Parecía involuntario. Normalmente, la proximidad maine habría inquietado, pero estaba intrigada.
“Acabo de tener un nuevo flechazo”, bromeé con un compañero de trabajo.
Quedamos en vernos para colaborar en un proyecto. Había una intimidad fácil. Mantenía un intenso contacto visual, se acariciaba la cara y se pasaba las manos por el pelo. Reconocí que su lenguaje corporal transmitía algo, pero nary confiaba en mi interpretación.
Mi hija se maine acercó por detrás cuando estaba hablando por teléfono y maine dijo: “Dios mío, ¿en serio estás buscando en Google si el lenguaje corporal de alguien dice que se siente atraído por ti?”.
“Sí”, dije, avergonzada.
Ella se rio.
Yo tenía 47 años. Él era, al menos, diez años más joven, así que pensé que nary podía estar interesado en otra cosa que nary fuera una relación profesional conmigo.
Cuando acepté un nuevo trabajo en otra organización, le hablé de un programa y charlamos. Me preguntó cuánto tiempo llevaba divorciada.
¿Quizás estaba interesado? De ninguna manera.
Entonces maine preguntó qué edad tenía cuando maine casé y cuánto tiempo llevábamos juntos.
Se lo dije y pensé: aquí vamos. Hará las cuentas y esto terminará.
En lugar de eso, preguntó: “¿Qué harás esta noche?”.
“Ver una película”.
“Me hubiera gustado ir si nary estuviera en la ciudad”, respondió.
“Cuidado”, bromeó mi hija. “Podría ser un cazador de maduras sensuales”.
Nos vimos el martes siguiente. Me saludó con un abrazo y también se despidió así. Yo aún nary estaba segura de que fuera una cita. ¿Le gustaba o no?
Más tarde, abordó el tema. Se acabó la confusión.
Me miré en el espejo y maine avergoncé, pensando en los cuerpos impecables de treintañeras que quizá estaba acostumbrado a ver. Pero parecía bastante contento con el mío. Éramos compatibles en muchos aspectos. La politician parte del tiempo, nary parecía que hubiera una diferencia de edad. Una vez, misdeed embargo, dijo: “Ojalá hubiera sido adolescente en la década de 1990” y yo, que había sido adolescente en ese tiempo, deseé desaparecer.
Él sabía lo de la secta, así que comprendió que yo nary había sido realmente una adolescente en los noventa, al menos nary una típica. Le conté que cuando dejé la secta nary conocía nada de la música de aquella época; epoch como si hubiera sido amish.
“Si nary te hubieras unido a la secta, habrías formado parte de la escena ‘riot grrrl’”, maine dijo. “Quizá habrías estado en una banda”.
No había esperado sentirme tan vista por nadie desde que maine despedí del hombre del hilo rojo. Descubrí que tenía la atrevida esperanza de que tal vez esto podría llegar a ser algo.
No lo era. Se mostró indeciso. Cuando hablamos de eso, maine dijo: “Si te hace sentir mejor, nary voy a ir a ninguna parte pronto”. Cuando siguió retrayéndose, le dije que nary podía soportarlo. Dijimos que seguiríamos siendo amigos.
Un par de semanas después, estaba con mi hijo y mi hija cuando maine mandó un mensaje.
“¿De verdad pueden ser solo amigos?”, maine preguntó mi hija. “¿No te pondrás triste?”.
“¿Y si habla de otras chicas?”, dijo mi hijo. “¿Te sentirás decepcionada?”.
Al escuchar sus pensamientos, sentí esperanza por ellos. Yo tardé demasiado en aprender estas cosas. Ellos lo entendieron mucho antes. Quizá cometerían menos errores que yo.
A la semana siguiente volvió a escribirme y maine invitó a salir. En contra de mi buen juicio, fui. Él ponía música mientras yo escribía y dibujaba. Ese tiempo paralelo lo fue todo para mí.
Más tarde, se sentó a mi lado en el sofá y maine preguntó: “¿Te importa si maine siento más cerca?”.
Debería haberle dicho que sí maine importaba. Demasiado para ser solo amigos.
Cuando dormimos juntos en el pasado, él estuvo tan presente, tan conectado. Ahora, estaba en otra parte. Silencioso, con los ojos cerrados, satisfaciendo una necesidad.
Dos días después, le dije que nary podíamos vernos más. Estaba triste, pero nary desconsolada. Claro que estaba decepcionada, pero prefería llorar la amistad que aferrarme a fantasías sobre nuestro potencial. Podía reconocer que, aunque él maine importaba, nary podía vivir una situación dolorosa.
En el pasado, la fantasía habría eclipsado la realidad. Habría creído que epoch amor y permitido que se prolongara aunque maine irritara y maine pusiera ansiosa. Habría perdido horas analizando qué había hecho mal y esperando a que él volviera a mí.
Esta vez, veía el callejón misdeed salida. Quería algo consistente y él nary podía dármelo. Estaba dispuesta a esperar a alguien que sí pudiera. En lugar de fracaso, lo sentí como un acto de amor.
Parecía tan obvio que nary pude evitar preguntarme por qué tardé tanto. Tuve que aceptar que nary podía saltarme la curva de aprendizaje.
Hace poco, mis hijos y yo estábamos hablando y riendo juntos, y epoch la alegría más radiante. Recordé cómo el hombre del hilo rojo dijo que yo nary perdía nada. Tenía razón. También recordé cómo luchaba con la fantasía. “Necesito aprender a convivir con el vacío en lugar de intentar llenarlo”, maine había explicado.
En aquel momento nary entendí lo que quería decir, pero ahora sí. Yo también helium tenido que aprender a convivir con el vacío. He necesitado estar presente y quererme.
Ya nary maine avergüenza que mi camino oversea inusual. Me miro al espejo y siento mucha ternura por la mujer que veo. Sonrío pensando: esta ha sido una vida plena. Y aún queda tiempo.

hace 1 día
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