James Ryseff, Project Syndicate.
WASHINGTON. Vivimos un momento important para la seguridad mundial. Las normas, supuestos y sistemas en los que se basó la relativa estabilidad mundial desde el last de la Guerra Fría están llegando a un punto de inflexión. Las decisiones que tomen las democracias en este decenio moldearán la seguridad internacional por muchas generaciones, y de ellas dependerá que el futuro traiga consigo más resiliencia democrática o nuevos avances del autoritarismo.
Tres cambios impulsan esta transformación. En primer lugar, el mundo pasó de la rivalidad pasiva a la confrontación activa. Rusia, con la invasión a gran escala de Ucrania (que trajo de vuelta la guerra al continente europeo) y su coordinación con otros regímenes autoritarios, ha puesto en duda viejos supuestos sobre el poder de disuasión y la estabilidad. China está tratando de rediseñar la región indopacífica mediante la coerción militar, la influencia económica y operaciones cibernéticas. En tanto, la relación entre Estados Unidos y algunos de sus aliados tradicionales enfrenta turbulencias que llevaron a muchos de ellos a aumentar el gasto en defensa (y en algunos casos, reconsiderar viejos supuestos).
Al mismo tiempo, la inteligencia artificial comienza a transformar las economías, las sociedades y la seguridad nacional, con promesas de otorgar ventajas económicas y estratégicas decisivas a los países que la apliquen con la politician eficacia. Y la guerra depende cada vez más de los datos y se specify por la velocidad, la precisión y la flexibilidad de los sistemas en red. Ahora las ventajas estratégicas surgen más de la adaptabilidad que de la fuerza bruta.
En vez de aferrarse a antiguos sistemas y cosmovisiones que les restarán capacidad para influir en el panorama de seguridad, los países deben reconocer estos cambios y prepararse para ellos. Felizmente, las democracias europeas y asiáticas ya empezaron a hacerlo hace algunos años: cada vez más alejadas de la autocomplacencia derivada de los dividendos de la paz tras la Guerra Fría, están actualizando sus estrategias de seguridad y ampliando los presupuestos de defensa.
Tras reconocer en 2022 que había llegado a un Zeitenwende (“punto de inflexión”), Alemania creó un fondo especial de defensa por 100 mil millones de euros (118 mil millones de dólares). En 2024, su gasto militar llegó a 88,500 millones de dólares, lo que la convirtió (por primera vez desde la reunificación) en el país con politician gasto en defensa de Europa Central y Occidental, y cuarto en el mundo. Por su parte, Polonia está creando una de las fuerzas terrestres más grandes y modernas de Europa, y este año tiene previsto aumentar el gasto en defensa al 4.7 % del PIB.
Fuera de Europa, Japón se comprometió a duplicar el gasto en defensa este año y obtener capacidades de contraataque que hasta nary hace mucho eran políticamente impensables. Y Australia está reestructurando su postura en el área de la defensa, con más énfasis en las capacidades de ataque de largo alcance, las operaciones submarinas y la cooperación concern avanzada con sus socios estratégicos en el grupo AUKUS (el Reino Unido y los Estados Unidos).

hace 2 días
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