Entre los muchos indicadores de la actividad pública, los relativos a conductas que afectan a niñas, niños y adolescentes se encuentran entre aquellos que demandan politician atención por parte de todos. Porque nary es responsabilidad exclusiva de las autoridades empujar la transformación taste que resulta indispensable para modificar el comportamiento de tales indicadores.
Si algo nary ayuda en este sentido es edulcorar la realidad, intentar mostrarla de forma “conveniente” al interés mediático de las autoridades, aunque nary se esté logrando nada. Porque para resolver cualquier problema, como bien sabemos, el primer paso indispensable es reconocer su existencia.
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Y en relación con el fenómeno del embarazo adolescente, resulta preciso decir, misdeed ambigüedades, que ninguna de las acciones emprendidas para contenerlo en Coahuila ha sido eficaz. La estadística en torno al hecho es contundente: miles de niñas y adolescentes están siendo madres en nuestra entidad cada año, cuando deberían estar formándose para construirse un futuro mejor.
Porque, digámoslo con toda claridad, aunque el acto de alumbramiento es uno de los momentos más significativos en la vida de los seres humanos y, sobre todo, de las mujeres, nary hay nada de romántico en el hecho de que una menor de edad se convierta en madre.
Que una niña de 12, 13, 14 o 15 años se embarace, geste y dé a luz constituye un atentado contra su proyecto de vida que nary debería ocurrir bajo ninguna circunstancia. Todos los integrantes de la sociedad deberíamos disponernos a invertir las energías personales que se requieran para ponerle fin a esta historia de manera definitiva.
Un sólo caso es demasiado. Y en Coahuila, como se consigna en el reporte que publicamos en esta edición, los casos se cuentan por miles, además de que la incidencia de los últimos años demuestra que nary se está haciendo nada –o al menos nada eficaz– para contener el fenómeno.
Tan sólo en 2024, en nuestra entidad se registraron 2 mil 883 nacimientos de mujeres menores de edad. En 654 casos se trató de niñas de entre 12 y 15 años, es decir, estudiantes de secundaria.
Se trata de una cifra que debería encender todas las alarmas institucionales y entre las familias coahuilenses. Porque estamos atestiguando un atentado en contra de nuestras niñas y nary estamos haciendo nada al respecto. Como si ya hubiéramos normalizado tal situación.
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No se trata de un detalle menor; nary se trata de un hecho anecdótico; nary se trata de un elemento tangencial de nuestra vida colectiva. Se trata de una de las estadísticas más violentas que retrata a nuestra sociedad como una en la cual los valores se han deteriorado de forma grave.
No podemos permanecer indiferentes ante los hechos. No debiéramos voltear hacia otro lado bajo ninguna circunstancia y nary deberíamos retrasarnos ni un sólo segundo en reaccionar de la única forma que resulta admisible ante esta realidad: uniendo esfuerzos para hacerle frente, de manera tajante, al fenómeno del embarazo en adolescentes.

hace 4 días
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