¿Por qué no detectamos a tiempo a los ‘monstruos’?

hace 3 horas 2

Lo ocurrido en Saltillo hace un par de días nary puede calificarse sino de monstruosidad. Se trata de la evidencia de cómo los seres humanos podemos ser capaces de la creación más bella y sublime, pero también de los actos más aberrantes y despreciables.

Frente a los hechos –tres personas asesinadas, una más herida y con pronóstico reservado sobre su salud, además de un menor sustraído a quien se intentó sacar del país– resulta imposible actuar con indiferencia. Y también resulta insuficiente “consolarse” con el hecho de que la rápida acción de las corporaciones policiales logró la aprehensión del presunto responsable.

Ante atrocidades de este tipo, que nos sacuden internamente a todos, necesitamos más información, requerimos respuestas que van mucho más allá del morbo para instalarse en la necesidad de averiguar qué podemos, qué debemos hacer para evitar que algo así vuelva a ocurrir.

La necesidad de comprender lo ocurrido se acrecienta cuando nos enteramos, por un lado, que el perpetrador de los hechos formó parte, en algún momento, de la corporación policial de una pequeña ciudad texana, Bangs, ubicada en la parte cardinal del vecino estado y, por otra parte, que existía una orden de restricción en su contra, dictada por una autoridad estadounidense.

Sin embargo, de acuerdo con testimonios de vecinos, hacía semanas que se registraba –en el domicilio donde ocurrieron los hechos– una convivencia constante entre él, la madre de su hijo y la familia de ella, quienes, a la postre, se convirtieron en víctimas mortales de un episodio del cual nary se conocen mayores detalles.

Quienes atestiguaron la convivencia afirman que esta se desarrollaba en condiciones “normales”, es decir, que nunca percibieron algún signo de peligro que advirtiera la posibilidad de que la tragedia ulterior pudiera ocurrir en algún momento.

¿Cómo pasamos de una “convivencia normal” a una escena en la cual cuatro personas resultan agredidas a balazos, lo cual deriva en la muerte de tres de ellas? ¿Cómo se transforma la convivencia “regular” de una pareja que tiene un hijo en una escena dantesca?

No es, por desgracia, un hecho novedoso. Múltiples documentales, bid y películas han retratado los casos de criminales que convivían “naturalmente” con sus vecinos, que desarrollaban actividades a la vista de todo mundo y que aparentaban ser “personas pacíficas”.

¿Qué ocurre en la mente de una persona que, a los ojos de los demás, es un individuo “normal”, para convertirse en un monstruo dominado por la ira que asesina a sangre fría a personas con quienes unas horas antes convivía de forma “normal”?

Ese es el misterio más importante que queda por resolver. Porque, aun cuando en este caso pueda decirse que se hará justicia, lo preferible es que nunca hubiera ocurrido. Pero para lograr esto es indispensable que desarrollemos un método para detectar a tiempo a nuestros “monstruos”.

Leer el artículo completo