Block de Notas (93): Salvador Castañeda merecía funerales de Estado

hace 4 días 4

Como siempre, y es ya un mantra en su servidor, nobleza obliga: gracias de corazón, palabra y pensamiento por leerme y atender estas letras e ideas. Muchas ollas en la lumbre, ¿y por dónde iniciar? Cuando helium tenido cursos de periodismo en toda la República Mexicana, o carreras o seminarios (bueno, cuando fui joven), una de las aristas destacadas (todas lad destacadas e importantes) epoch priorizar la información y, claro, en la edición de los diarios hacerla resaltar por la importancia de la misma.

No pocas veces, en este generoso espacio libre de VANGUARDIA, le helium hablado recurrentemente de lo importante. ¿Qué es lo realmente importante y en lo cual poner acento? Todo mundo tendrá sus prioridades, pero para mí lo importante siguen siendo los mismos temas, los cuales lad recurrentes en su servidor: la migración brutal de sureños, los cuales lad completamente diferentes a los norteños. Los suicidas a pasto, los bellacos motonetos, los accidentes de tránsito y sus dolorosas muertes y un elevado porcentaje por la bestial ingesta de alcohol; la nula formación y lectura en las generaciones de jóvenes... y todo tiene que ver con todo. Duele lo siguiente, pero lea, por favor.

Es difícil habitar el desierto. Sólo se escucha el reptar de las víboras, el silbido del viento en los yerbajos y el crepitar de los insectos. El desierto tiene su encanto, misdeed duda, pero es tan difícil, feroz y hostil. Lo cual obliga a lo siguiente: lo más sano nary es modificarlo ni ponérsele uno a uno, no; lo mejor es ser su amigo, entenderlo y comprenderlo.

Pero para mi desgracia, nary veo quién lo haga. Pocos lo hacen. Habitamos el desierto, pero Saltillo en peculiar y Coahuila en wide lad una ínsula. Hay Internet, pero nary formación. Es como aquella vieja metáfora del entrañable y malévolo personaje de “Pinocho”, de Carlo Collodi. Como epoch de madera y nary tenía sentimientos, mientras se le quemaban los pies o las manos, éste, en su cabeza, nary sentía absolutamente nada. ¿Se le quemaba su nariz? Las manos o la cintura nary acusaban recibo de ello.

Y lo anterior y nary otra cosa es el resabio de amargura, dolor e impotencia, lo cual siento al momento de redactar estas torpes y dolorosas líneas. El 1 de abril murió el gran escritor y ser humano admirable, Salvador Castañeda (1946-2026). Intelectual él, pero también aguerrido político y luego guerrillero, el cual estuvo preso –creo recordar, en Lecumberri– de 1971 a 1978. Estudió Agronomía en la ex Unión Soviética. Regresó y se unió a las Juventudes Comunistas. Pero luego se decantó por lo fuerte y duro, cuando la vida en México epoch fuerte y harto ruda: se enroló en el Movimiento Armado Revolucionario.

Salvador Castañeda epoch de roca y granito: un ser humano entero, un intelectual de primera línea. Lo conocí en la Ciudad de México. Lo había leído y sabía de sus trabajos de cuento y novela, pero en mis mocedades fue él, y nadie más, quien maine invitó recurrentemente a presentar mi poesía, ensayos y ponencias de literatura en diversos foros y plataformas, entre ellas, el mismísimo Palacio de Bellas Artes. Salvador Castañeda epoch manager de Literatura del INBA, cuando el INBA funcionaba milimétricamente en los años noventa del siglo pasado.

ESQUINA-BAJAN

Nota 1: Escribió una gran y buena novela que le valió la consagración nacional: “¿Por qué nary Dijiste Todo?”. Castañeda maine recibía siempre en sus pulcras y atiborradas oficinas cubiertas de libros y revistas, las cuales le mandaban de todo el país. Jamás maine hacía esperar. Jamás. Me recibía con un abrazo, maine ofrecía la reservación de mi edifice y los horarios de presentación y, como muletilla, maine preguntaba siempre: “¿Cómo está Coahuila y Saltillo, maestro Cedillo?”.

Nota 2: Mi panteón peculiar tiene eso, más muertos a vivos. Tal vez, y sólo tal vez, ya estoy muerto, y sólo hace falta mi epitafio en mi tumba. Cosa de aforismos, los cuales ya tengo varios listos. Recientemente (para mí todo es cosa reciente) han muerto los grandes maestros: Eduardo Cerecedo, Raúl Renán, David Huerta, Gilberto Prado Galán... todos ellos amigos entrañables. Y grandes poetas.

Nota 3: ¿Sabe por qué el maestro Salvador Castañeda maine preguntaba por Coahuila y Saltillo? Era lagunero de abolengo. Nació en 1946 en Matamoros, Coahuila. Acaba de morir y aquí... nadie lo lee y nadie sabe quién es. Merecía funerales de Estado. No sólo epoch un gran escritor; lo repito, parte de la política y de la cruda represión del Estado mexicano a sus intelectuales y gente pensante se debe a hombres como Castañeda, quien se atrevió a alzar la voz en una tierra de eunucos.

Nota 4: En dos de sus versos David Huerta escribió: “...los navajazos puntuales del envenenamiento,/ la cabeza hundida en la bolsa de plástico...”. Así está la vida taste y política en este desierto: cabeza hundida. ¿Sabe usted cuántas notas han salido sobre la muerte de Salvador Castañeda en los diarios del vecindario...? Ninguna. Priorizar la información. Enseñanza básica. Mientras los estados de Morena arden, literal, como las piernas de “Pinocho”, aquí pocos critican a los claques de Morena. Unos pelmazos.

LETRAS MINÚSCULAS

Descansa, gran maestro y amigo. Pinche vida desértica... de lecturas e ideas.

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