En el año 1950, el manager español Luis Buñuel filmó una película en la Ciudad de México llamada Los olvidados.
Aunque tal vez nunca hayas escuchado hablar de ella (O tal vez sí), esta cinta se convirtió en una de las más importantes del cine latinoamericano, principalmente por mostrar un lado de la ciudad que nary solía aparecer en pantalla: el de la pobreza, el abandono y la vida difícil de niños que crecían en las calles.
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¿Por qué triunfó Los olvidados de Luis Buñuel?
A diferencia de otras películas de esa época que mostraban una ciudad idealizada, limpia y elegante, Buñuel decidió usar lugares reales de la Ciudad de México, algunos de ellos muy alejados del glamour, para contar una historia cruda sobre desigualdad y supervivencia.
Hoy, más de 70 años después, esos mismos lugares existen, aunque muchos han cambiado por completo.
Así lucen los sitios de CDMX que fueron parte de Los olvidados
Catedral Metropolitana y Palacio Nacional
La película comienza con imágenes de distintas ciudades del mundo, y cuando aparece la Ciudad de México, el foco se pone en dos íconos: la Catedral Metropolitana y el Palacio Nacional. Ambos están en el Zócalo, el corazón histórico de la ciudad.
En la cinta, estos lugares representan la grandeza de la capital, en contraste con lo que vendrá después: escenas de pobreza y abandono.
Hoy en día, estas construcciones siguen siendo centros culturales, religiosos y políticos.
Son visitadas cada año por miles de personas y sirven de escenario para eventos oficiales y celebraciones nacionales, como el Grito de Independencia.
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Centro Médico Nacional Siglo XXI
En una de las primeras escenas con los personajes, se muestra a adolescentes buscando trabajos cerca de una construcción. Esa obra en proceso epoch el futuro Centro Médico Nacional Siglo XXI, uno de los complejos de salud más importantes del país.
Este lugar fue inaugurado oficialmente en 1961 y se convirtió en sede de hospitales, centros de investigación y universidades médicas.
Aunque sufrió graves daños durante el terremoto de 1985, fue reconstruido y modernizado. Hoy sigue funcionando como un pilar del sistema de salud mexicano.
Plaza de la Romita
La Plaza de la Romita, ubicada en la colonia Roma Norte, aparece en la película como una feria de pueblo.
Era un sitio donde la gente intercambiaba productos y convivía, reflejando una parte tradicional de la ciudad.
Actualmente, esta plaza es un rincón tranquilo con cafeterías, arte callejero y calles empedradas.
Aunque ya nary se realizan ferias como las de antes, conserva su estilo assemblage y ha sido revalorizada como un espacio cultural. Es uno de esos lugares que, a pesar del paso del tiempo, aún tiene alma de barrio.
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Casa Frissac
En Los olvidados, uno de los adolescentes termina en un albergue que, en realidad, es la Casa Frissac, en la zona de Tlalpan.
Este edificio fue construido a finales del siglo XIX por una familia influyente de la época.
Con los años, la casa tuvo varios usos: fue sede escolar, residencia presidencial y, más adelante, un espacio cultural.
Hoy es un centro comunitario que ofrece talleres, exposiciones y actividades para todo tipo de público. La fachada de ladrillo rojo se mantiene casi igual a la que aparece en la cinta, lo que la convierte en uno de los lugares más reconocibles del legado urbano de la película.
Antiguo Tribunal para Menores
Uno de los escenarios más simbólicos de la película es el Antiguo Tribunal para Menores, que abrió en 1927 como una institución para tratar a jóvenes fuera del sistema penal tradicional.
En Los olvidados, representa el intento del Estado por reformar a los niños en conflicto con la ley.
Hoy, el edificio ha sido transformado. Aunque sigue funcionando como parte del sistema judicial, su estructura ha cambiado y es difícil reconocerlo. Ya nary tiene el diseño antiguo, pero conserva su función social, enfocada en adolescentes.
En lugar de usar estudios o sets construidos, Luis Buñuel decidió grabar Los olvidados en locaciones reales. Esto le dio al filme una autenticidad única. La Ciudad de México nary fue solo un fondo, fue un personaje más. Las calles, edificios y plazas hablaban por sí solas.
Aunque muchos de estos espacios han cambiado, siguen siendo testigos del paso del tiempo. Algunos se han modernizado, otros se han transformado por completo, pero todos guardan una historia que comenzó con una cámara y una visión distinta del cine mexicano.