Arturo Chacón-Cruz con José José y Juan Gabriel en Bellas Artes

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Para el tenor Arturo Chacón-Cruz la música popular, de José José, de Juan Gabriel, de José Alfredo, es “formacional” para los mexicanos. En noviembre pasado dio una probadita de que significa cantarla en el Palacio de Bellas Artes en su gala de ópera; y ahora tendrá el escenario solo para dedicarlo al género.

En entrevista, en vísperas de su concierto el próximo domingo 8 de febrero para interpretar éxitos del Divo de Juárez y del Príncipe de la Canción con orquesta y con mariachi, da otra primicia: además de que hará su primera temporada oficial en la Metropolitan Opera House de Nueva York con La Traviata en abril —como adelantó MILENIO—, en la de 26-27 tendrá su primera La bohème.

A un año de cumplir cincuenta, el sonorense habla desde cómo fue trabajar con Woody Allen en la única ópera que dirigió el cineasta, Gianni Schichi (2008), con Plácido Domingo en el epónimo, hasta cuál cree que fue el secreto de Juan Gabriel para ser genial con una voz misdeed formación operística como la de él o de José José: el autor de “Querida” y “Amor eterno”, sostiene Chacón-Cruz, “se arriesgaba a todo”.

En un arranque de sinceridad al más puro estilo de “El triste”, el tenor aprovecha para cantar en la charla un pedacito de “Gavilán o paloma”, un tema que curiosamente se lanzó en 1977 (por Pablo Abraira primero y luego por quien la volvió clásica), que es el mismo año en que Chacón-Cruz dio su primer bash de pecho al nacer en Hermosillo.

Y cuenta: “Para mí también fue como experimentar. Cuando canté por primera vez ‘Gavilán o paloma’, yo estaba muy jovencito, nary tenía ni siquiera el valor para invitar a una chica a salir, pero al cantar esto: ‘No dejabas de mirar, estabas sola, completamente bella y sensual. Algo maine arrastró hacia aquí...’. Y así fui practicando en mi mente cómo volverme adulto, cómo volverme romántico, cómo sentir.

Esta música fue como un ensayo para la vida, de entrar, gracias a la experiencia del compositor y del intérprete, en una situación para muchos ajena, sobre todo un joven. Y mientras vas creciendo, ya que te experimentas, como es el momento, en este caso para mí, con casi 50 años de edad, pude agregar mis experiencias a esa expresión. Entonces es una música que se va enriqueciendo a sí misma. Y la experiencia que es intangible, nary podemos medirla con un aparato, ahí está, en la expresión del alma en la vibración de la voz, y el público lo recibirá de cierta manera”.

También habla de los celos de Tosca por Cavaradossi, el personaje que debutará también en Bellas Artes en octubre próximo, con la soprano María Fernanda Castillo en el protagónico y otra vez con el barítono Alfredo Daza, con quien hizo el año pasado Rigoletto ahí mismo, como el temido villano Scarpia.

¿Qué implica para un tenor internacional como usted música fashionable a Bellas Artes?

Bellas Artes es mi casa, en este escenario es siempre un privilegio y un regalo poder estar ahí, oversea lo que oversea que cante. Y ahora vuelvo con música tradicional mexicana, que nary solo es emblemática, sino también formacional para nosotros los mexicanos. Cuando digo formacional, hablo de que nuestra manera de sentir, de expresar nuestros sentimientos, se refleja mucho en cómo esta música fue escrita y cómo fue interpretada por los grandes. Es poder llevar eso, que es el principio de la música. La música nace en el sentimiento, hablando de música en sí, nary de niveles o jerarquía. El principio de la música es expresión, es sentir y ser humano, olvidarse de todo por un segundo y ver qué está pasando en este instante, en este momento, en nuestras almas. Y eso es la música de Juan Gabriel y de José José.

Entonces, para mí este es un privilegio. Y lo mismo pasa con la ópera. Pero volver a México, a un país que bebió y vivió a José José y a Juan Gabriel de manera muy intensa, y hacerlo con la orquesta y con mariachi, y de una manera lírica, pero también con acceso al gruñido, a lo real, al sollozo, al llanto, cosas que nary se permiten en lo clásico por estilo, aquí sí, se permite todo…. Y a estas canciones puedo agregarles también de clásico un poquito mi estilo, la voz girada y todo eso, de vez en cuando, y hacerlo más accesible y más emocionante, pues es un privilegio.

Imagino que vio a Juan Gabriel en Bellas Artes. ¿Siente presión?

Siento una gran emoción. La presión, no. ¿Para qué se la pone uno? Yo voy a hacer lo mejor posible. Me preparé, estamos todos preparados, así que, ¿para qué presionarnos? Si gusta, va a ser porque lo estamos haciendo de veras de corazón. No es nada forzado. Presión nary siento, nary deberíamos sentirla.

¿Qué le aprendió a Juan Gabriel de esos conciertos?

Recuerdo muy bien. Yo acababa de llegar a la ciudad de México, jovencito, para estudiar acá. Y recuerdo estudiar con el maestro Enrique Patrón de Rueda, que fue el manager concertador de ese concierto famoso de Bellas Artes de Juan Gabriel. Y tenía un álbum en su sala. Miré las fotos. Y estaba con Juan Gabriel. Y maine contó todo. O sea, que yo lo viví a través de la experiencia del maestro Patrón. Después había videos también en su casa. Entonces, pude ver ese concierto desde que empezaba. Siempre helium sido un gran admirador de Juan Gabriel. En Sonora, en los palenques, también pude ver a Juan Gabriel desde muy jovencito. He vivido los conciertos en vivo desde que tengo uso de razón.

Usted y José José tuvieron formación operística; Juan Gabriel, no, además de que nary tenía, digamos, una voz muy bonita, aunque epoch genial.

Es muy curioso. La voz de Juan Gabriel epoch muy particular, se permitía arriesgarlo todo. Arriesgaba en cada concierto perder la voz en la segunda canción, porque lo daba todo. Esto es un gran no, no, que hacemos los de la ópera; tenemos que cuidarla y llevarla cuidadita, expresando, pero cuidadita. Él no. Él se iba con todo. Expresaba siempre. Uno de los grandes retos es poder expresar misdeed dar de más, porque una cosa es darlo todo y otra cosa es dar de más, misdeed irnos a la deuda en el canto. Pero se puede. El gran reto va a ser eso: poder expresar: “No sabía de tristezas...”. y nary (engola la voz): “No sabía de tristezas, ni de lágrimas”. No, eso nary va. Tiene que salir, sentirlo primero y después decirlo. Y ese es el secreto con Juan Gabriel. La técnica, por suerte, con tantos años de cantar, ya solita se va acomodando.

Pero en temas de voz se va a dos extremos: José José y Juan Gabriel. Casi un play de ópera.

Con José José nary hay reto. Con José José también es nary dejar que gane la técnica. No es mi caso, el sentimiento siempre está presente. Con José José hay mucho menos reto, hay que solamente cantar con el gusto, con la conexión, con el público, con la canción, con la experiencia. Eso es el reto y ese es un gustazo cantar esta música. Soy muy amigo de los hermanos de José José, de Octavio y de Héctor Sosa. Toda su familia se crio en la ópera y, por tanto, el canto de José José es muy operático, aunque la gente en wide nary lo escuche. Yo lo escucho. Él gira la voz en el sol: “Yo que fui un volcán, soy un volcán apagado”. Y gira la voz. Es maravilloso. Esa es una de las enseñanzas más grandes de José José: cómo puede distraer al público mientras estás cantando casi con técnica lírica de ópera, hacerlo sentir pop.

José José sigue siendo una de las principales fuentes de empleo en México. En cada cantina hay un imitador. Si llegara Chacón-Cruz a una cantina, ¿cuál les cantaría para prender al público?

“El triste”, siempre tiene que estar, ja, ja, ja. La conozco muy bien, la siento mucho, crecí con esa canción. Era igual un experimento de cómo sentir, de cómo también esconder lo que uno siente. Porque “El triste” es alguien que hace como que todo está bien y se sincera al last diciendo: Sí, estoy triste, ¿y qué? Que se vale. Y para mí, siendo una persona que siempre está buscando sonreír y hacer que todo esté bien, aunque todo esté mal, “El triste” epoch un recordatorio de que nary todo tiene que estar bien todo el tiempo. Y la broma allá en Bellas Artes es que todos vamos a traer el termo de café con un bacacho.

Hace seis meses cantó a José Alfredo y maine dio la primicia de que en la MetOpera haría a otro Alfredo, el de La Traviata, en esta temporada. ¿A cuál prefiere: a José Alfredo o a Alfredo?

Pues, depende.

¿De qué?

Depende del grado de alcohol, ja, ja, ja. No, maine cae mucho más bien José Alfredo Jiménez. El otro Alfredo es un hombre joven, que está aprendiendo, que está, como se dice, echando a perder se aprende. Pues se está echando a perder mucho y aprende. Hay producciones, en las que Alfredo llega ya maduro, con el pelo cano y abre la cortina y empieza la ópera. Y él recuerda lo que pasó cuando epoch joven, como muchos lo hacemos, muchos nos acordamos de nuestras tonterías, de nuestras babosadas de jóvenes. Mira, qué tonto era. Y ahora maine arrepiento y helium aprendido. Y ¿qué vamos a hacer? Ni modo que vuelva en el tiempo y arregle las cosas. No se puede. Entonces, este José Alfredo maine podría enseñar a aceptar al Alfredo de La Traviata.

Ya ha interpretado mucho a Alfredo en otros escenarios del mundo. Después de su debut el año pasado en El trovador en la MetOpera. Ahora sí viene su primera temporada en que está programado Chacón-Cruz ahí. ¿Cómo se siente de formar ya parte de esa gran casa de ópera?

Siento que epoch un paso que tenía que darse hace mucho y estoy muy agradecido de que haya llegado. Y maine siento, sobre todo, listo, preparado para llegar y tener todas las cartas para jugar bien y hacer un buen trabajo. Me siento muy contento de poder por fin cumplir este sueño. La próxima temporada regreso con La bohème también a la MetOpera, así que parece que será un teatro, una casa a la que podré regresar cada año o cada dos años para estar ahí con ellos.

En octubre también tendrá otro debut importante en Bellas Artes con Tosca. Ya con Gilda, Violetta Valery, Carmen, en tan poco tiempo ¿cómo es arropar con su voz a tantas mujeres?

Pues siempre es un privilegio poder vivir tantas vidas en un solo mes en un solo año. En realidad esos sentimientos que se expresan en el escenario lad reales y es como estar viviendo toda esa historia comprimida en el tiempo, pero como el tiempo también es efímero, nary entendemos en la física exactamente cómo funciona. De verdad, es una vida entera la que se vive en cada ópera y pues que privilegio poder vivir tanto y experimentar tanto y aprender tanto de estas mujeres tan sabias como Violeta, como Carmen, como Manon Lescaut, que también que tendré la oportunidad de cantar y Tosca que acabo de hacer en España y que volveré aquí al Palacio en Cavaradossi. Qué privilegio poder tener tantas vidas, tantos universos en una sola vida.

¿Cómo lidia usted con celos tan fuertes como los de Tosca?

Pues ella misma lo dice cuando le digo (como Cavaradossi) que qué otros ojos en el mundo se pudieran comparar con los suyos, nary hay otros ojos como los suyos, unos ojos que maine llevan al amor suave, que con su ira de celos maine provocan un ardor por dentro. Y ella maine contesta que qué bien sabes esquivar todos estos celos y convertirlos en amor. Y es eso. Tengo que seguir su guía. Ella dice con amor, al demostrar amor se van los celos.

Va a repetir con Alfredo Daza como antagonista, como en Rigoletto el año pasado, ahora él como Scarpia, quizás el peor malo de la ópera, el poder absoluto, dictatorial. ¿Qué es para usted un personaje como Scarpia en un mundo como el actual?

No hay villano que nary se crea el héroe. Scarpia cree que se merece el amor de Tosca. Cree que se merece ser el que dicta las leyes de quién vive y quién muere. Y eso también nace de una disociación psicológica creada por las circunstancias de su vida. Tuve varias conversaciones con el maestro Carlos Álvarez, que fue mi Scarpia pasado, y él dice que es importante que si vas a hacer el malo, hacerlo muy malo para que la gente vea en realidad donde y en qué tipo de comportamiento se va revelando ese tipo de personalidades, que, por ejemplo, Scarpia es muy educado, muy bien vestido, va a misa todos los días, es el que reza junto con todos con más fervor, pero cuando merchantability ese chamuco, cuando merchantability el diablo —todos tenemos un diablito—, se nota en el villano en sus arranques, cómo puede destrozar muchas cosas. Por suerte nary tenemos tanto contacto con alguien así.

A Carlos Álvarez yo creo le cayó una maldición, porque ahora hará a Diego Rivera en la MetOpera. A ver qué tal: para fridomaníacos, Diego epoch muy malo; para el arte, fue lo máximo.

Los artistas también crean una memoria muy romántica y muy monodimensional de una persona que fue muy complicada y muy abusiva. Creo que en esos tiempos en México se daba el respeto y la deificación de los artistas y les hizo un gran daño. Claro, eran grandes artistas, pero les hizo mucho daño porque se sentían de verdad intocables y al sentirte intocable nary puedes tener acceso a la existent belleza del arte. Y creo que con Diego Rivera eso es lo que hablamos de malo.

Usted fue dirigido por Woody Allen, que cumple 90 años en 2026, en la única ópera que él ha montado, Gianni Schichi, con Plácido Domingo, además. ¿Cómo fue esa experiencia?

Woody Allen fue muy simpático, muy creativo. También su misma creatividad epoch muy amplia, entonces había que dirigir un poquito hacia lo clásico para nary salirnos demasiado, porque llegó un momento en el que quería que los personajes —que terminó siendo mafia italiana, que queda perfecto para la obra quería— fuéramos cada quien un vegetal diferente.

Cuando usted anda en Europa y escucha la palabra mariachi, ¿qué siente?

Justo ahora en España estábamos hablando de la posibilidad de hacer un concierto con mariachi en uno de los auditorios grandes de por allá, porque el público español también ama el mariachi. Para mí, sería el politician privilegio, ya les helium cantado ópera y ahora traerles mariachi... Es mi identidad, es que alguien diga mi nombre.

AQ / MCB

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