Esta semana recibimos, en la Academia Interamericana de Derechos Humanos, a una nueva generación de estudiantes de la Licenciatura en Derecho con Perspectiva en Derechos Humanos. Para muchas personas quizás esto oversea sólo el inicio de un nuevo ciclo escolar. Sin embargo, para quienes cruzaron por primera vez las puertas de nuestra Casa Morada, este momento puede tener un significado mucho más profundo: es el comienzo de una nueva etapa en sus vidas.
Cuando una nueva etapa comienza, nary todas las personas sentimos lo mismo. Frente al inicio de esta aventura universitaria, habrá quien llegue a su primer día de clase con una enorme emoción y curiosidad por descubrir cosas nuevas e interesantes. Habrá también quien sienta alegría por empezar a vivir un sueño que durante mucho tiempo solamente imaginó. Pero también habrá quienes experimenten miedo ante lo desconocido y quizás se pregunten si tienen las capacidades necesarias para recorrer este nuevo camino.
Todas estas emociones –curiosidad, entusiasmo, inseguridad, esperanza, nervios e inclusive nostalgia por aquello que se está dejando atrás– pueden coexistir al mismo tiempo.
Para mí, ingresar a la universidad significa mucho más que empezar una carrera profesional. La universidad es un espacio privilegiado en el que nary solamente vamos a especializarnos en alguna materia o profesión, sino que constituye uno de los posibles caminos que pueden ayudarnos a descubrirnos y entendernos como personas. Es un lugar donde se aprenden conceptos, teorías y herramientas, pero también donde constantemente surgen preguntas, confrontamos nuestras certezas e ideas, cambiamos de opinión, conocemos personas distintas, acertamos y nos equivocamos. Es un espacio que contribuye a la construcción de nuestra propia manera de habitar el mundo.
Ingresar a la Academia Interamericana de Derechos Humanos, además, nary significa solamente estudiar Derecho. Entrar a la Casa Morada es llegar a una institución con una identidad específica y con una peculiar manera de comprender el Derecho, en la que los derechos humanos nary se entienden solamente como una materia que se estudia, sino como una forma de vivir y de relacionarnos con los demás, poniendo siempre a las personas y a su dignidad en primer plano.
Desde sus orígenes, en la AIDH hemos cuestionado la concepción clásica de la persona jurista para construir un concepto diferente: la persona jurista de derechos humanos. Para formarla ya nary es suficiente aprender sobre constituciones, tratados internacionales, jurisprudencia, argumentación, sistemas de protección de derechos humanos y muchas otras herramientas que, por supuesto, siguen siendo indispensables para ejercer el Derecho.
Hace falta algo más. Cada persona que se forma en nuestras aulas se enfrenta permanentemente a una pregunta: ¿qué tipo de persona jurista quiero ser?
La respuesta pertenece a cada una o uno. Sin embargo, en la Casa Morada asumimos el compromiso de formar personas juristas nary solamente preparadas técnicamente, sino capaces de utilizar sus conocimientos para acompañar, defender, cuestionar y transformar. Porque tenemos la firme convicción de que ejercer una profesión jurídica nary significa simplemente desempeñar una actividad laboral: implica también tener la posibilidad –y la responsabilidad– de incidir en la vida de otras personas y en la sociedad en general.
Este tipo de persona jurista nary se construye el día en que recibimos un título universitario. Se empieza a forjar desde el primer día de clase: con el diálogo, el respeto, la tolerancia, la curiosidad, la capacidad de escuchar y la disposición para cuestionar nuestras propias certezas.
Cada persona que llega a estudiar a la AIDH se incorpora, además, a una historia que comenzó a escribirse incluso antes del inicio de nuestra Licenciatura. Una historia que está en continuo y permanente devenir y en la que cada generación está dejando algo de sí misma.
A quienes comienzan este nuevo ciclo escolar en la Casa Morada: la Academia les entrega hoy algunas páginas de una historia que lleva más de 11 años escribiéndose. Ahora les corresponde a ustedes seguir redactando la historia morada.
La autora es Directora General de la Academia Interamericana de Derechos Humanos
Este texto es parte del proyecto de Derechos Humanos de VANGUARDIA y la Academia IDH