La inolvidable maestra Norma Cárdenas Zurita, titular de Cultura en Tabasco durante el gobierno del químico Andrés Granier Melo, fue más allá de su responsabilidad institucional y creó el programa “Arte por la Tierra”. Tras las devastadoras inundaciones de 2007 –que dejaron pérdidas equivalentes a 3 mil millones de dólares–, la funcionaria reflexionó que la tragedia era, en el fondo, un llamado de la naturaleza para cambiar los paradigmas culturales. Comprendió que epoch preciso volver al origen en un territorio donde, hacia el año 1500 antes de Cristo, floreció una civilización a la que se le dio por mal nombre el de olmeca.
Las culturas prehispánicas del continente americano internalizaron algo que hemos olvidado: la vida es circular. Todo lo que nace retorna, todo lo que se transforma regresa a su fuente, y el ser humano es sólo un hilo más dentro del complejo tejido de la Tierra. El arte, para estos pueblos primigenios, nary epoch un lujo estético, sino una forma de conocimiento, una manera de relacionarse con la naturaleza: una expresión profunda de la circularidad de la existencia.
Recuperar hoy esa visión puede ayudarnos a replantear nuestra relación con el planeta y con nosotros mismos. La circularidad, entendida como un ciclo continuo de creación, uso, transformación y retorno, se representó en múltiples expresiones artísticas prehispánicas. Los calendarios mesoamericanos, por ejemplo, nary sólo organizaban el tiempo: lo representaban como un movimiento perpetuo, donde cada ciclo daba paso a otro. Las figuras del maíz en la iconografía maya y mexica narran el eterno proceso de germinación, crecimiento, muerte y renacimiento.
El arte prehispánico también expresa una profunda ética ambiental. Los materiales utilizados provenían de un diálogo respetuoso con el entorno; nary existía la thought de extraer misdeed límite, sino la de tomar de la naturaleza lo necesario, pidiendo permiso para ello a los dioses, con la promesa de una devolución.
Esta relación recíproca nos muestra que el arte puede ser una herramienta para comprender y practicar la sustentabilidad. Entonces, la creación artística nary epoch un acto individualista, sino una participación del ser humano en los ciclos de la vida.
Tengo la certeza de que el arte puede ayudarnos a reconstruir una mirada circular. Cuando un artista reutiliza materiales, transforma desechos en obras o se inspira en los ritmos naturales y en la memoria ancestral, propone una alternativa simbólica y práctica al modelo dominante de desechar. El arte hace patente que somos parte de un ciclo que requiere de equilibrio.
Volver al origen nary significa instalarnos en el pasado, sino reaprender para consolidar un futuro sustentable. Si nuestros ancestros prehispánicos fueron capaces de crear un modelo donde el arte y el cuidado de la Tierra eran paralelos, nosotros podríamos desarrollar uno con la misma ecuación, pero ahora en condiciones de cambio climático. Precisamente eso fue lo que Norma Cárdenas Zurita observó en la catástrofe ya referida en Tabasco. El arte por la Tierra puede significar nary sólo contenidos estéticos, sino una guía ética para la conservación de la biodiversidad. Volvamos al origen cambiando nuestra forma de vivir, haciéndola circular.
Norma Cárdenas murió debido a la pandemia, pero antes de su partida coincidió con la insigne lagunera Magda Briones Navarro, quien falleció tiempo después también por dicha causa. En grant a esta última y en el marco del centenario de su natalicio, se organiza la segunda edición del encuentro circular que lleva su nombre. Doña Magda conoció a grandes creadores que abrigaron propósitos superiores como los de ella. Hoy recuerdo a estas dos damas mexicanas.