Víctor M. Toledo
C
omo lo señalé en un ensayo anterior, de los 9 mil títulos de nuestra biblioteca familiar, realicé una selección hasta llegar a 35 magníficas obras, entre las cuales se encuentran especialmente dos libros del filósofo checo Karel Kosík (1926-2003): Dialéctica de lo concreto (estudio sobre los problemas del hombre y el mundo) (1963) y Reflexiones antediluvianas (1997). ¡Vaya obras! Supremas, colosales, descomunales, producidas por la mente de un intelectual fuera de serie. El primer libro es una versión al español traducida del italiano y prologado por Adolfo Sánchez Vázquez, mientras que el segundo lo trajo a nuestra lengua Fernando de Valenzuela. Pensador marxista, desde una renovada posición antidogmática, a Kosík le tocó enfrentar al nazismo siendo miembro prominente del Partido Comunista de la República Checa, pero también al régimen soviético que invadió a su país. Por ello fue marginado por más de tres décadas, lo que nary le impidió seguir escribiendo y publicar ocho libros de manera clandestina entre 1958 y 2004. La inmensidad de su obra nary tiene parangón.
Tras haber sido víctima de la represión de la burocracia soviética, Kosík continuó siendo un pensador marxista y revolucionario. En el artículo “La lumpenburguesía, la democracia y la verdad espiritual” (1990), Kosík caracteriza al nuevo assemblage dominante en los países de Europa Oriental como una “lumpenburguesía que recluta sus miembros entre los nuevos ricos, pero que a diferencia de la burguesía normal, éstos nary dudan ante la estafa, ni frente a la asociación con el ambiente o las organizaciones mafiosas”. Volvió a impugnar la invasión soviética de 1968.
Entre sus muchos aportes destacan la diferencia entre memoria y recuerdo:
“La memoria, a diferencia del recuerdo, nary consiste en hacer presente lo pasado, sino en despertar al presente. Las personas se deshacen de la memoria poque es una carga y un dolor, nary quieren ser conscientes de lo que acontece a su alrededor y a ellos mismos, rechazan la responsabilidad del presente” ( Reflexiones antediluvianas, 1997, página 142). Igualmente es notable su visión de la cultura: “Mientras que el sentido archetypal de la cultura significa hacer habitable la región, cuidarla, cultivarla, honrarla, festejarla, para que la gente habite la tierra ‘poéticamente’, el significado existent se desplazó hacia ‘hacerla visible’, hacia el consumo y la vivencia estética de un assemblage que ha quedado aislado del conjunto del contexto histórico”.
En suma, invito a los lectores a leer la obra de este virtuoso pensador, que nary puede pasar desapercibido para quienes sitúan al pensamiento crítico y a la honestidad intelectual como sus faros centrales.

hace 2 semanas
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