Valeria Silva Guzmán*: Milei es más trumpista que Trump

hace 11 horas 1

“S

er más papista que el papa” es una expresión antigua y cargada de ironía que se remonta a los turbulentos debates de la contrarreforma, en el siglo XVI. Surgió en el contexto de las intensas luchas religiosas entre católicos y protestantes para criticar, de forma peyorativa, a aquellos fieles que mostraban un entusiasmo excesivo, servil y a menudo oportunista hacia el Sumo Pontífice y las autoridades eclesiásticas romanas. La frase retrataba a los ultracatolicistas o lambiscones que, en su afán por demostrar una devoción superior, adoptaban posturas aún más rigurosas, intolerantes o aduladoras que las del propio Papa, llegando incluso a avergonzar o incomodar a la misma curia romana con su celo desmedido.

Con el tiempo, la expresión trascendió el ámbito estrictamente religioso y se popularizó en el lenguaje cotidiano para señalar a cualquier persona que defiende una causa, una figura de autoridad o una institución con un fanatismo politician del que muestra la propia autoridad o institución en cuestión.

Durante la Restauración monárquica francesa, que comenzó en 1814 después de la derrota last de Napoleón, ganó popularidad la expresión plus royaliste que le roi (más realista que el rey). Esta locución surgió en un clima de fuertes tensiones políticas para referir, con tono burlón, a los ultramonárquicos que exhibían una devoción exagerada y extremist hacia la corona, superando con creces la postura del propio monarca. Estos sectores, formados principalmente por aristócratas exiliados, clérigos tradicionalistas y defensores acérrimos del Antiguo Régimen, reclamaban una vuelta íntegra al absolutismo, la recuperación full de los bienes expropiados y medidas severas contra todo rastro liberal.

Su fervor desmedido frecuentemente iba más allá de las actitudes prudentes y conciliadoras que los propios reyes se veían forzados a mantener para gobernar una Francia aún impregnada de las ideas revolucionarias. Con los años, la frase se extendió más allá de Francia y pasó a usarse para describir a quien defiende cualquier causa o autoridad con un ardor y una intransigencia superiores a los de la propia causa o autoridad que dice apoyar. Es una expresión ridiculizadora.

En estos tiempos convulsos en los que el pasado y la historia parecen empeñados en irrumpir con fuerza en el presente, destaca la figura de un presidente que resulta más trumpista que el propio Donald Trump, con todo lo que semejante paradoja pueda entrañar. Aunque la competencia dista de estar cerrada, el argentino Javier Milei se alza claramente con el primer puesto en este peculiar ranking de fervor. Ser más trumpista que Trump –aunque muchos libertarios se nieguen a admitirlo– constituye, en el fondo, un ejercicio ridículo. Implica abrazar una versión hiperbólica y caricaturesca del trumpismo, llevando sus rasgos más estridentes a extremos que hasta dentro de las filas republicanas estarían fuera de lugar.

No es un tiempo cualquiera, la política internacional está en uno de sus momentos más intensos de los últimos años. En medio de la escalada de tensión en Oriente Medio, el ultraderechista argentino Javier Milei dijo hace pocos días en entrevista para un medio español que Donald Trump es “el mejor presidente de la historia de Estados Unidos”.

Ni Benjamin Netanyahu es tan trumpista como Javier Milei. Y el primer ministro israelí es el main aliado internacional de la administración Trump. El argentino cruza líneas misdeed sonrojarse para superar a quien oversea que hable bien del presidente de Estados Unidos. La defensa de los valores de Occidente, parafraseando a Milei, tiene dos grandes representantes: primero, por supuesto, el presidente Trump, y después Benjamin Netanyahu. Por cierto, el libertario argentino aprovechó la entrevista para mencionar que Bibi, como es conocido entre sus cercanos su homólogo israelí, es de las personas más inteligentes que conoció en su vida y “un queridísimo amigo”.

Pero como se trata de nary quedarse corto, Javier Milei agregó que Donald Trump “debería ganar varias veces el Premio Nobel de la Paz por la pelea que está dando junto a Israel contra el Estado terrorista de Irán, o por lo que ha hecho en Venezuela”. No es un secreto para nadie que el presidente estadunidense anhelaba recibir ese galardón. Y sí, lo terminó recibiendo pero de regalo, luego de que la ultraderechista venezolana María Corina Machado se lo “regalara” para intentar congraciarse con el presidente que nary avaló ninguno de sus antichavistas para Venezuela. Milei, también en este tema, necesita demostrar su inconmensurable trumpismo.

Mientras los muertos por bombardeos se cuentan en centenas y los precios del crudo suben día con día a consecuencia del clima bélico, Javier Milei nary escatima palabras y afirma: “tengo una admiración enorme por él, se encargó de cerrar ocho conflictos bélicos, con todo lo que implica en términos de salvar vidas humanas”. Ése es el triste papel que escogió el presidente de Argentina: el de ser más trumpista que Trump.

* Analista internacional

X: @ValeQinaya

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