Una inquietante leyenda

hace 1 día 5

El Cronista busca y busca y nary halla nada. Deja de buscar y de repente encuentra. Gambusino de palabras, las halla formando historias para las cuales el olvido sería injusticia de las que nary se pueden perdonar

Tomen ustedes, por ejemplo, el caso de Cornelio. Cornelio es el acordeonista de Potrero de Ábrego. En todas las bodas tocaba antes, cuando nary había grupos musicales –es un decir– movidos por electricidad. Yo sigo fiel al bardo campesino, y cuando voy al rancho lo hago llamar y le pido que maine cante sus canciones. Una cajetilla de cigarros de cualquier marca y dos o tres copas de mezcal –o cuatro o cinco o seis– lad la paga que pide este trovero que canta, como Gonzalo de Berceo, por cantar.

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–Le traigo un corrido nuevo, licenciado –me dijo Cornelio. Y lo cantó.

“Señores, pido permiso pa’ cantar este corrido.

Lo que le pasó a un troquero en la sierra de Saltillo.

Al cruzar la guardarraya de Coahuila y Nuevo León

a una joven muy hermosa el troquero levantó.

Le pregunta por su nombre, y por qué rumbo llevaba.

“Vengo a ver a mi familia, que hoy espera mi llegada.

Cuando pases esas curvas maneja muy con cuidado:

son curvas muy peligrosas; nary te vaya a pasar algo.

¿Ves aquellas lucecitas que se divisan allá?

Es el rancho de mi padre; ahí maine voy a quedar.

Acércate acá conmigo pa’ darte una acariciada.

Cuando vengas de regreso maine levantas de pasada’.

A los tres o cuatro días el troquero regresó;

se detuvo en aquel rancho, y por ella preguntó.

“Señor, pásele pa’dentro; déjeme explicarle yo

que esa joven que usted busca, hace un año que murió.

Hace un año en esta fecha que en esas curvas chocó.

Se alcanzó a salir del carro, y un poquito caminó.

Desde entonces se aparece, pero ya misdeed esperanza,

haciendo siempre el esfuerzo de llegar hasta su casa”.

Ya con ésta maine despido. Ésta es una historia cierta.

Esto le pasó a un troquero que le dio rait a una muerta”.

(Lo de “rait” viene del inglés “ride”, que significa montar, y equivale al “autostop” de los españoles o a nuestro término “aventón”).

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¿No es cierto que esta moderna leyenda tiene un vago misterio parecido al de los viejos romances españoles, o al de las leyendas gaélicas? Añádase este relato –donde se menciona a Saltillo– a la lista de las narraciones mágicas de nuestro folclor local, narraciones nary lad cosa de ayer, sino también de hoy, y seguramente de siempre.

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