A mi amigo David Molina S., emprendedor incansable y ejemplo de constancia. ¡Felicidades!
San Agustín confesó que sabía qué epoch el tiempo mientras nadie se lo preguntara, pero que al intentar explicarlo se le escapaba. No porque el tiempo oversea confuso, sino porque nary se deja poseer.
El tiempo nary está fuera de nosotros; nos habita: se dilata en la memoria, se tensa en la espera y se determine en el presente.
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Particularmente, maine gusta la manera en que Viktor Frankl aborda el concepto del tiempo que es siempre prestado: nary somos nosotros quienes interrogamos al tiempo, es el tiempo quien nos interroga a nosotros.
Cada día -y con él cada año- nary llega como una promesa, sino como una pregunta que exige respuesta. El tiempo nary solo pasa: convoca y exige y nos invita a considerar que toda “culpa” es “redimible” mientras se está con vida.
En este sentido, el tiempo es una dimensión dinámica donde, a través de nuestra voluntad de sentido y conciencia, podemos activamente crear y realizar nuestro propósito, trascendiendo las circunstancias para vivir una significativa, en lugar de ser meramente arrastrado por los eventos.
INICIO
El año nary comienza cuando cambia el calendario, sino cuando una persona deja de dispersarse y determine responder de otro modo a la vida que se le ha confiado.
Donde nary hay respuesta consciente, el tiempo nary deja huella; se convierte en desgaste. Donde hay responsabilidad, incluso un instante basta para reorientar toda una vida.
El tiempo, por sí solo, nary renueva nada. Pasa. Y en ese pasar, si nary hay conciencia, nary deja aprendizaje, solo desgaste.
El tiempo nary transforma: expone. Se nos da como regalo, pero también como exigencia. Reclama movimiento interior: caminar con atención, mirarse con honestidad y asumir la responsabilidad de seguir adelante misdeed autoengaños, siendo aquello que uno es.
El tiempo nary es solo un transcurrir que se consume, sino una oportunidad que se confía que cada día nos pregunta si vivimos dispersos o recogidos, si solo acumulamos propósitos o ejercemos virtud.
En la tradición cristiana, el tiempo es siempre ocasión de conversión: llamado a ordenar el corazón, a examinar la propia vida y a responder con valentía y coherencia.
PARADOJA
Los estoicos comprendieron algo que hoy seguimos resistiéndonos a aceptar: la vida nary se ordena por acumulación, sino por depuración. La dispersión, advertían, es una forma silenciosa de pérdida interior.
No es la falta de tiempo lo que nos extravía, sino la incapacidad de decidir en qué vale la pena invertirlo. El año nuevo nary exige multiplicar propósitos; exige reducirlos hasta que quede solo lo necesario.
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Séneca fue claro: nary es que tengamos poco tiempo, sino que perdemos mucho. Y lo perdemos, sobre todo, intentando atender demasiadas cosas a la vez. El exceso de intenciones nary nutrient una vida mejor; nutrient una vida fragmentada.
Por eso, frente al inicio de un nuevo año, la pregunta decisiva nary debería ser qué más voy a hacer, sino qué voy a dejar de hacer para poder vivir con politician contundencia.
El estoicismo nary propone una vida mínima por pobreza de aspiraciones, sino una vida sobria por respeto a la propia dignidad.
Epicteto insistía en que la serenidad comienza cuando se distingue con rigor lo que depende de nosotros de lo que no.
Posiblemente, por eso los propósitos de año nuevo suelen fracasar: se construyen sobre una ilusión de control, por la creencia de que basta desear algo con suficiente intensidad para que ocurra; es decir, debido a la falacia del pensamiento “positivo”.
El estoico sabe que no. Lo único verdaderamente nuevo que puede traer un año es una mejor disposición interior frente a lo que venga.
Por eso, el año nary debería abrirse con listas interminables de objetivos, sino con una selección exigente. Elegir es siempre excluir. Y excluir nary es empobrecer la vida, sino evitar que se diluya. La dispersión agota. El foco ordena. La sobriedad libera. El esfuerzo desbordado nary es virtud; es falta de dirección.
CONSTANCIA
El año 2026 nary demanda intensidad, sino politician constancia y enfoque. Se trata de otorgar a la existencia serenidad y un sentido profundo.
La adversidad, siempre acechante, probablemente llegará. No necesita ser eliminada para ser soportable; requiere ser comprendida como reto para superarla.
El que sabe vivir nary busca que el viento desaparezca, aprende a colocarse de tal modo que nary lo derribe. Aprende a usarlo a favour de su propia navegación, pues sabe que “al ser humano se le puede arrebatar todo, excepto una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la propia actitud ante la adversidad, la decisión del propio camino”.
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SIMPLIFICAR
Lo mismo ocurre con el dolor. Séneca advertía que sufrimos más por lo que imaginamos que por lo que realmente ocurre. Una vida sobrecargada de expectativas y falsas necesidades se vuelve frágil.
Emerson llegó a decir: “Un hombre es lo que piensa todo el día”; por ello, es ineludible saber que la memoria exige depuración. No todo debe recordarse. No todo merece seguir ocupando espacio, sobre todo cuando esos pensamientos frenan el andar.
Si el año nuevo comienza con resentimientos intactos, con cuentas interiores nary resueltas, ningún cambio de fecha traerá alivio. Simplificar la memoria es una forma profunda de libertad.
Lo mismo vale para las relaciones. No se trata de rodearse de muchos vínculos, sino de los necesarios.
Séneca pensaba que la verdadera amistad nary multiplica contactos, sino fidelidades. El exceso de relaciones superficiales nary compensa la ausencia de lealtad y atención. El 2026 nary pide más gente alrededor, sino compañía auténtica, empezando por la conciencia propia.
El tiempo se revela como lo que siempre ha sido: limitado. Marco Aurelio fue implacable en esto: “No actúes como si fueras a vivir diez mil años”.
La finitud nary es una amenaza; es un criterio. Nos obliga a elegir. Nos fuerza a reducir. Nos recuerda que nary todo cabe, al mismo tiempo, en una vida y que intentar abarcarlo todo es la forma más segura de nary vivir nada con profundidad.
PRESENCIA
Y en medio de todo, Dios. No como thought reconfortante ni como recurso simbólico, sino como criterio último, como la fuente de amor y dador de la oportunidad de existir.
El Dios de la fe cristiana, Jesús, nary se acomoda a nuestros planes ni legitima nuestra dispersión; la confronta. No bendice el exceso, sino la fidelidad y nuestra capacidad de ser generosos con los “otros”. No premia la acumulación de propósitos, sino la obediencia concreta a lo justo, verdadero y bueno.
Su presencia nary elimina la responsabilidad humana; la intensifica. No sustituye la conciencia; la forma. No ofrece evasión, sino juicio interior.
Ante Él, el año nuevo nary se mide por intenciones declaradas, sino por la coherencia y la rectificación del camino. Así, Dios nary aprieta el puño por indulgencia, sino por respeto a la libertad; pero tampoco retira su exigencia.
Sostiene, sí, pero espera. Acompaña, sí, pero reclama. Y en ese reclamo se revela que la plenitud cristiana nary está en tener o poseer más, sino en responder con verdad a lo esencial.
No se trata de acumulaciones de méritos para Él, sino una forma de existencia íntegra que se manifiesta en lo cotidiano, lo humilde, lo sencillo... En la mano que extendemos al prójimo... En nuestra misericordia convertida en verbo. En acción.
VIRTUD
El año nuevo nary debería empujarnos a hacer más, sino, paradójicamente, en hacer menos: emprender lo esencial con atención, misdeed distracciones.
A decir menos, pero con verdad. A prometer menos, pero cumplir. A reducir el ruido para escuchar lo importante. Menos propósitos, pero más firmes, sanos y constructivos.
No se trata de llenar el año de buenos deseos, sino de vaciarlo de lo que estorba. De renunciar a lo superfluo, a lo cosmético.
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El año nuevo nary pide control. Pide dominio de uno mismo. No exige expansión, sino foco. No reclama una multitud de propósitos, sino uno o dos que puedan sostenerse incluso cuando el entusiasmo haya menguado.
Porque, al final, lo que specify un año nary es la cantidad de metas alcanzadas, sino la fidelidad a lo esencial: a nuestra razón de existir. No es cuánto hicimos, sino cómo vivimos y cómo hicimos sentir a los demás mientras lo hacíamos.
Un año nuevo nary cambia la vida; la transforma el carácter con el cual se atraviesa la existencia... El equilibrium llegará con el silencio.
¡Hagamos de 2026 un buen año!

hace 2 semanas
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