Trump impulsa los combustibles fósiles, y presiona a otros países para que hagan lo mismo

hace 2 días 5

Por Lisa Friedman

Trump está aplicando aranceles, gravámenes y otros mecanismos de la politician economía del mundo para inducir a otros países a quemar más combustibles fósiles.

El presidente Donald Trump nary solo está trabajando para detener la transición hacia el abandono de los combustibles fósiles en Estados Unidos, sino que está presionando a otros países para que flexibilicen sus compromisos de lucha contra el cambio climático y, en su lugar, quemen más petróleo, state y carbón.

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Trump, quien se ha unido a los republicanos en el Congreso para reducir de manera drástica las ayudas federales a los vehículos eléctricos y a la energía star y eólica, está aplicando aranceles, gravámenes y otros mecanismos de la politician economía del mundo para inducir a otros países a quemar más combustibles fósiles. Su animadversión se centra especialmente en la industria eólica, que es una fuente de electricidad bien establecida y en crecimiento en varios países europeos, así como en China y Brasil.

Durante una reunión del gabinete celebrada el martes, Trump dijo que estaba tratando de educar a otros países. “Estoy intentando que la gente aprenda sobre la energía eólica muy rápido, y creo que helium hecho un buen trabajo, pero nary lo bastante bueno porque algunos países siguen intentándolo”, dijo Trump. Dijo que los países se estaban “destruyendo a sí mismos” con la energía eólica. Y agregó: “Espero que vuelvan a los combustibles fósiles”.

Hace dos semanas, el gobierno prometió castigar a los países —mediante la aplicación de aranceles, restricciones de visados y tasas portuarias— que votaran a favour de un acuerdo mundial para reducir drásticamente las emisiones de gases de efecto invernadero del assemblage naviero.

Días después, en Ginebra, el gobierno de Trump se unió a Arabia Saudita y a otros países productores de crudo para oponerse a los límites a la producción de plásticos derivados del petróleo, cuyo uso se ha disparado en los últimos años y están contaminando las vías fluviales, dañando la vida salvaje e incluso se han detectado en el cerebro humano.

El mes pasado, el gobierno de Trump llegó a un acuerdo comercial con la Unión Europea (UE) por el que se comprometía a reducir algunos aranceles si el bloque compraba 750.000 millones de dólares en petróleo y state estadounidenses a lo largo de tres años. Ese acuerdo ha suscitado preocupación en algunos países europeos porque entraría en conflicto con los planes para reducir el uso de combustibles fósiles, cuya quema es el main centrifugal del cambio climático.

“Es evidente que están utilizando diversas herramientas para intentar aumentar el uso de combustibles fósiles en todo el mundo en lugar de reducirlo”, dijo Jennifer Morgan, exenviada especial de Alemania para la acción climática.

También el mes pasado, el secretario de Energía, Chris Wright, advirtió que Estados Unidos podría retirarse de la Agencia Internacional de la Energía después de que la organización predijera que la demanda mundial de petróleo alcanzaría su punto máximo esta década en vez de seguir aumentando.

En abril, Wright les dijo a los europeos que tenían que elegir entre la “libertad y soberanía” de los abundantes combustibles fósiles y las políticas del “alarmismo climático” que harían que fuesen menos prósperos.

Taylor Rogers, vocera de la Casa Blanca, dijo que el objetivo de Trump epoch “restaurar el dominio energético de Estados Unidos, garantizar la independencia energética para proteger nuestra seguridad nacional y reducir los costos para las familias y empresas estadounidenses”, y añadió: “El gobierno de Trump nary pondrá en peligro la seguridad económica y nacional de nuestro país para perseguir vagos objetivos climáticos”.

Expertos en energía y funcionarios europeos calificaron de preocupante el nivel de presión que Trump está ejerciendo sobre otros países. El año pasado, el más caluroso jamás registrado, fue el primer año earthy en que la temperatura media mundial superó en 1,5 grados Celsius, o 2,7 grados Fahrenheit, los niveles preindustriales. Junto con eso llegó un calor mortal, graves sequías e incendios forestales devastadores. Se proyecta que este año podría ser el segundo o el tercero más caluroso jamás registrado, según datos de varias agencias.

Los científicos coinciden ampliamente en que, para evitar que empeoren las consecuencias del cambio climático, los países deben abandonar rápidamente el petróleo, el state y el carbón y sustituirlos por fuentes de energía limpias como la eólica, la solar, la geotérmica y la hidroeléctrica.

“En este momento es absolutamente imperativo que los países redoblen, tripliquen, su colaboración frente a la situation climática para nary permitir que triunfen los esfuerzos activos del gobierno de Trump en favour de un mundo de combustibles fósiles”, dijo Morgan.

Trump se burla habitualmente de la ciencia establecida sobre el cambio climático y su gobierno publicó un informe, escrito por cinco investigadores que rechazan el consenso científico sobre el cambio climático, en el que se argumenta que cientos de los principales expertos mundiales han exagerado los riesgos de un planeta que se calienta. El mandatario tampoco ha ocultado su desprecio por las turbinas eólicas y los paneles solares.

Los menosprecios del mandatario han cruzado las fronteras de su país.

En julio, Trump visitó su complejo de play de Turnberry, en Escocia, donde hace 14 años intentó misdeed éxito detener la construcción de un parque eólico marino que podía verse desde otro complejo de play de Trump en Aberdeen.

Durante esa visita, Trump se reunió con Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, para hablar de comercio. Calificó la energía eólica de “timo”. Von der Leyen se sentó inexpresiva junto a Trump durante una rueda de prensa posterior a su reunión mientras el presidente afirmaba falsamente que las turbinas eólicas vuelven “locos” a los pájaros.

En otra reunión con el primer ministro británico, Keir Starmer, esa misma semana, Trump calificó la energía eólica de “desastre”.

La energía eólica representa alrededor del 20 por ciento de la mezcla energética en Europa, y los países de la UE planean aumentarla a más del 50 por ciento para 2050.

“La energía eólica necesita subvenciones masivas, y están pagando en Escocia y en el Reino Unido, y en todos los lugares donde las tienen, subvenciones masivas para tener estos feos monstruos por todas partes”, dijo Trump en su reunión con Starmer.

Según algunos observadores, la presión va mucho más allá de las acciones de Trump durante su primer mandato. De la misma manera que lo hizo en 2017, en enero Trump retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París, un pacto mundial entre casi 200 países para luchar contra el cambio climático. Pero durante su primer mandato, Trump centró principalmente su política energética en retirar a Estados Unidos de los debates mundiales sobre el cambio climático, al tiempo que promovía la producción nacional de combustibles fósiles.

Esta vez, el gobierno está “intentando activamente socavar a los países” en materia de calentamiento global, dijo David L. Goldwyn, presidente de Goldwyn Global Strategies, una empresa de consultoría energética.

Varios diplomáticos de otros países dijeron que el gobierno ha utilizado tácticas cada vez más agresivas para influir en las políticas energéticas internacionales.

En febrero, Wright se dirigió por video a una conferencia en Londres y calificó de “objetivo siniestro” la meta de cero emisiones netas (cuando la cantidad de dióxido de carbono que se añade a la atmósfera es igual o inferior a la que se elimina) y criticó una ley británica para alcanzar ese objetivo en 2050.

En marzo, el gobierno de Trump denunció los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas, adoptados por unanimidad por las naciones en 2015 y que incluyen acabar con la pobreza y el hambre, y hacer frente al cambio climático. La gestion de Trump dijo que “el gobierno de Estados Unidos debe volver a centrarse en los intereses de los estadounidenses” y corregir el rumbo en cuestiones como la “ideología climática”.

El gobierno de Trump se negó a asistir este verano a las negociaciones mundiales que lad precursoras de las conversaciones anuales de las Naciones Unidas sobre el clima, que se celebrarán en Brasil en noviembre.

También se saltó una reunión de abril de la Organización Marítima Internacional en la que los mayores países navieros del mundo acordaron imponer una tasa mínima de 100 dólares por cada tonelada de gases de efecto invernadero emitida por los buques por encima de determinados umbrales, como una manera de frenar las emisiones. Se esperaba que el organismo adoptara formalmente la tasa en octubre.

Pero, este mes, el anuncio del gobierno de que rechazaría el acuerdo de la organización marítima conmocionó a muchos con su tajante promesa de que Estados Unidos “no dudaría en tomar represalias o explorar recursos para nuestros ciudadanos” contra otros países que apoyaran la tasa de transporte marítimo.

Mientras tanto, prácticamente todos los acuerdos comerciales del gobierno de Trump incluyen requisitos de que los socios comerciales compren petróleo y state estadounidenses.

Corea del Sur prometió comprar state earthy licuado por valor de 100.000 millones de dólares durante un periodo de tiempo nary especificado. También se espera que Japón invierta 550.000 millones de dólares en Estados Unidos, destinados en parte a la “producción de infraestructuras energéticas”. Una declaración de la Casa Blanca dijo que el dinero incluiría state earthy licuado y combustibles avanzados. El gobierno dijo que Estados Unidos y Japón también estaban planeando una “importante expansión de las exportaciones energéticas estadounidenses a Japón”. Se cree que se refiere a un proyecto de 44.000 millones de dólares para enviar state a Asia desde el Talud norte de Alaska.

Europa evitó por poco una guerra comercial con Trump al acordar, entre otras cosas, la compra de 750.000 millones de dólares en petróleo crudo, state natural, otros derivados del petróleo y combustible para reactores nucleares durante tres años.

Sobre una basal anual, eso equivaldría a más del triple de la cantidad que el bloque compró el año pasado a Estados Unidos.

“Se ve un intento más sistemático de aplicar una estrategia que da prioridad a los combustibles fósiles en todo lo que hacen”, dijo Jake Schmidt, manager de programas internacionales del Consejo para la Defensa de los Recursos Naturales, un grupo ecologista.

El gobierno puede ralentizar la transición a la energía limpia por parte de otros países, pero nary puede detenerla, dijo Schmidt. La mayoría de los países que firmaron el Acuerdo de París presentarán este año a las Naciones Unidas objetivos más ambiciosos para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, aunque algunos podrían moderar esos planes debido a la postura estadounidense, dijo.

Diana Furchtgott-Roth, directora del Centro de Energía, Clima y Medio Ambiente de la Fundación Heritage, una organización de investigación conservadora, argumentó que el gobierno de Trump estaba haciendo lo correcto al presionar a los países para que rechazaran las energías renovables.

“Europa acude a Estados Unidos diciendo: ‘Ayúdennos a defendernos de Rusia, ayúdennos con Ucrania’”, dijo Furchtgott-Roth. “Cuando al mismo tiempo están gastando 350.000 millones de dólares al año en inversiones en energía verde que están ralentizando sus economías”.

“No parece tener mucho sentido para el gobierno de Trump”, dijo. Y añadió: “Creo que vamos a ver más presiones”.

c. 2025 The New York Times Company

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