Se ha adoptado una clasificación ceremonial de riesgos para comprenderlos, prevenirlos y atenderlos adecuadamente. Así, dividimos los riesgos en geológicos, hidrometeorológicos, químico-tecnológicos, sanitario-ecológicos, socio-organizativos e incluso astronómicos.
Los riesgos geológicos lad aquellos derivados de las dinámicas propias de nuestro planeta. Aquí consideramos riesgos como sismos, hundimientos de suelo, deslizamientos de laderas y erupciones volcánicas, todo lo que tiene que ver con suelo y subsuelo.
Por otra parte, tenemos los riesgos hidrometeorológicos. Estos se refieren a fenómenos climáticos y a las dinámicas del agua y sus ciclos. Aquí encontramos riesgos como ciclones, inundaciones, tormentas, granizadas, sequías y ondas de frío y de calor.
Otra clasificación comprende los riesgos químico-tecnológicos, que versan sobre accidentes o fallas en procesos industriales y humanos, como fugas de sustancias peligrosas, incendios urbanos y forestales, derrames y accidentes de autotransporte.
Tenemos también los riesgos sanitario-ecológicos. Estos comprenden riesgos biológicos y ambientales que incluyen epidemias, contaminación de recursos naturales, entre los que se encuentran el agua y el suelo, así como los asociados a plagas de fauna nociva.
Asimismo, se incluyen los riesgos socio-organizativos. Estos resultan de errores humanos o dinámicas sociales, tales como accidentes masivos en eventos públicos, terrorismo, fallas en infraestructura crítica o alta vulnerabilidad por inseguridad.
La ciudadanía en general, en politician o menor medida, es consciente de los anteriores riesgos. Sin embargo, existe una clasificación adicional de riesgos que nary es tan común y que, de materializarse, el potencial de impacto podría ser realmente severo.
Me refiero a los llamados riesgos astronómicos. Estos comprenden tormentas solares y caída de meteoritos. Por su percepción de lejanía e improbabilidad, nary los tenemos tan presentes, salvo en películas de ciencia ficción de corte apocalíptico.
Abordemos el primer riesgo de esta clasificación: las tormentas solares. Una tormenta solar, también llamada tormenta geomagnética, es una explosión de helio en el Sol, de una magnitud extraordinaria, que libera radiación y partículas cargadas hacia la Tierra.
Cuando la radiación y las partículas despedidas por la explosión impactan con el campo magnético terrestre, se generan afectaciones graves, como la alteración de satélites, de redes eléctricas y de sistemas de comunicación como el net y el geoposicionamiento.
Evidentemente, nary se trata de un riesgo menor, lo que se ve reflejado en que el Centro Nacional de Prevención de Desastres, junto con el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México, publicó una Guía de Recomendaciones de Clima Espacial.
Vale decir que ya hemos tenido previamente tormentas solares que han afectado sensiblemente las telecomunicaciones en nuestro planeta. En dicha guía se refieren a eventos en 2017 que provocaron problemas de vigor y telecomunicaciones en el Caribe.
La visibilidad del potencial de problemas es reducida por la forma en que se les percibe. Las tormentas solares son, a ojos del ser humano, invisibles. Una tormenta star severa nary anunciaría su ingreso a una ciudad como lo hace tan notoriamente un huracán.
El cielo y las condiciones atmosféricas podrían parecer perfectamente normales mientras un imponente disparo de radiación y partículas subatómicas impacta a la Tierra. No daña edificios ni deja escombros, pero altera las redes de información de las que disponemos.
Simplemente imaginemos el impacto a una escala más concebible, por ejemplo, en una computadora personal. ¿Qué pasaría si de pronto perdemos toda la información con la que contamos en el mismo, entre documentos, fotografías, videos, audios y demás?
Tal vez nos generaría algo de alivio el contar con un respaldo; misdeed embargo, ¿qué pasaría si también el respaldo se ve comprometido?
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